La oración de Ana
(Estudiando la historia de Ana en el Primer libro de Samuel capítulo 1 en el Antiguo Testamento)
La oración de Ana es una de las historias más impactantes de la Biblia. Ana, una mujer rechazada por no poder tener hijos decide ir desesperada a orar delante de la presencia de Dios. Allí, en el altar su oración, llegó a ser tan intensa que las palabras no se le entendían e incluso el sacerdote la tiene por borracha y trata de expulsarla del templo.
Dios escucha la oración de Ana y queda embarazada de su esposo. Ana tuvo cinco hijos más, pero el hijo que nació de aquella oración vino a ser juez de Israel (una especie de rey-profeta en una época en que no existían los reyes). Fue Samuel, su hijo quien guiaría a toda la nación durante décadas en victorias y liberación de los enemigos que les oprimían, sería Samuel, quien luego ungiría a David, famoso rey de Israel, antecesor de Jesús el Salvador de la humanidad.
Y todo comenzó con una oración.
Le invito a leer este fragmento de la Biblia:
1 Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. 2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.
1ro de Samuel 1:1-28
3 Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. 4 Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. 5 Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. 6 Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos.
7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.
8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.
12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.
15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.
21 Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto.
22 Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.
23 Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó.
24 Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño.
25 Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí. 26 Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová.
27 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.
De la historia de Ana podemos sacar algunas enseñanzas para nuestras propias oraciones. Si funcionó a Ana, creo que también puede funcionarnos a nosotros.
He aquí algunos principios que descubrimos en la conducta de Ana.
I. Ocurre en el templo de Dios, tan cerca del Lugar Santísimo como es posible
Porque la meta es que sea escuchada en entre los querubines, donde Dios nos es propicio (Hebreos 4:13; 10:19-24). Esto no quiere decir que debamos estar cerca de una iglesia o lugar de culto para ser escuchados, aunque ello ayuda porque es un ambiente comúnmente íntimo y adecuado para concentrarnos en la oración.
Lo que significa es que nuestra meta debe ser llegar al trono de Dios en nuestra oración.
Cuando una mujer preguntó a Jesús cuál sería el lugar adecuado para orar, si el templo en Jerusalén o un monte sagrado, Jesús respondió diciendo:
Juan 4:21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. […] 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Evangelio de Juan 4:21-24
En otras palabras, la oración que Dios busca no tiene tanto que ver con el espacio geográfico donde uno ore, sino con la profundidad de nuestra oración, si involucra o no todo nuestro ser hasta llegar a lo profundo de nuestro espíritu.
Y tiene toda la lógica del mundo, primero porque Dios es Espíritu y, segundo, porque Dios es más grande que cualquier lugar de adoración y no está restringido por ellos.
Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.
Hebreos 10:19-24
24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
II. Es específica
Ana no oró por una lista de peticiones abstractas, vagas, fue objetiva y directa: Señor, esto es lo que quiero, no quiero más, no quiero menos.
III. Es expresada.
Aunque Ana oraba en su corazón, todavía expresaba su oración murmurando con sus labios.
Este es un buen ejemplo de que Dios lee lo que está en nuestros corazones, aun cuando nuestras palabras no se entienden, sin embargo, Ana estaba hablando con Dios, no pensando con Dios, aunque en su congoja sus palabras fueran incomprensibles, eran palabras audibles. Orar es hablar con Dios, esto significa que no solo participa nuestra mente, también nuestros labios. No es necesario que la oración sea hecha en alta voz para que los hombres la oigan (Mateo 6:5-6), ni tampoco porque Dios no la oye sino levantamos nuestra voz. Ocurre algo tremendo cuando expresamos a Dios lo profundo de nuestra alma, cuando nos rompemos la cabeza para poner en palabras y oraciones lo que queremos decir a Dios, nuestra mente se involucra, nuestro cuerpo también, nuestras emociones se estremecen, cuando solo pensamos en Dios, la interrelación con Dios es de un nivel inmensamente inferior. La oración involucra todo nuestro ser (espíritu, alma, y cuerpo) en esta disciplina espiritual.
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Romanos 10:9-10
IV. Es emocionalmente intensa. De corazón. Como dolores de parto
[Ana] con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
Fragmento de la historia de Ana en el 1er libro de Samuel 1:10
V. Es una rendición total a la voluntad de Dios.
Con el propósito de que El sea glorificado y su voluntad realizada.
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Fragmento de la Oración Modelo de Jesús, Mateo 6:10
Rom 12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Carta del Apóstol Pablo a los Romanos 12:1-2
VI. Es en fe
Una vez que Ana hubo derramado su alma en la presencia de Dios, ya sabía que Dios la había escuchado, eso le fue confirmado por el sacerdote, con una bendición superficial que ella creyó de todo corazón (1ro de Samuel 1:17-18; Marcos 11:24).
Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
Fragmento de la historia de Ana en el 1er Libro de Samuel 1:17-18
VII. La fe está fundamentada en la Palabra de Dios.
Obviamente, Ana conocía el carácter de Dios, por haberlo aprendido mediante los libros sagrados. Fue escuchando la Palabra de Dios que encontró los detalles sobre el voto de nazareo que hizo para su hijo desde antes de nacer (Números 6)
Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
Palabras de Jesús en el Evangelio de Marcos 11:24
Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
La oración debe ser siempre en el nombre o mediante el nombre de Jesús, quien es nuestro mediador, garantizando que seremos escuchados Juan 14:13
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Cuando usted analiza toda la oración de Ana, puede ver la firma innegable del Espíritu Santo en cada una de sus palabras, usando su oración para consagrar a Samuel, quien vendría a ser uno de los jueces mas famosos de la historia de Israel.
La oración en el Espíritu es la oración que debemos buscar cada cristiano.
En conclusión
Hay una característica sutil escrita entre lineas en todo este texto: la consagración plena (Romanos 12). Ana nos solo estaba sometiéndose a Dios durante la oración sino mediante la oración. Muchas personas cuando oran entregan todo a Dios y prometen y se comprometen, pero al levantarse de su oración continúan su vida como si nada hubieran dicho.
Anta estaba derramando su alma ante Dios, depositando sus sueños sobre el altar del holocausto, dispuesta a sacrificarlo todo por amor a Dios, quería el bebé, pero quería más a Dios, y lo demostró cuando al parir el hijo tan soñado, lo entregó fiel a la promesa que había hecho. Ella no solo moría por dentro cuando entregó a su único hijo. También moría por dentro cuando oraba en el altar de Dios.
Sigamos el ejemplo de Ana, de Daniel 9, de Jesús en Getsemaní, de Moisés en el monte Hermón, de Pablo con sus dolores de parto. Iremos a Dios, pero hagámoslo en el Espíritu y en total rendición a Su voluntad.
Resumiendo
Recomiendo que uses tu Biblia para buscar estos pasajes bíblicos por ti mismo, y cimentes tu fe por tu propia búsqueda de la Palabra de Dios.
La oración
- Debe ser con fe (Marcos 11:24,
Hebreos 10:22; Santiago 1:6). - Debe hacerse en el nombre de Jesús
(Juan 14:13-14). - Debe hacerse según la voluntad de
Dios (Mateo 6:10). - Debe hacerse estando en santidad y
teniendo una vida que busca primeramente el reino de Dios y su justicia (Mateo
6:33). - Debe ser perseverante (Lucas
18:1-7; Mateo 7:7-8).
¿Cómo orar?
Partes de la oración
- Alabanza (Salmo 150).
- Acción de gracias (Salmo 100:4).
- Confesión de pecados (Salmo 51).
- Pedir por las necesidades reales
(Santiago 4:2-3). - Orar o interceder por otras
personas (Lucas 22:31).
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