Aprovechando verdaderamente la Cena del Señor

Semana Santa, Jueves

Habiendo dicho Jesús esto, se angustió en espíritu, y testificó y dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. 22 Los discípulos se miraban unos a otros, y estaban perplejos sin saber de quién hablaba. 23 Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa reclinado en el pecho de Jesús. 24 Por eso Simón Pedro le hizo señas, y le dijo: Dinos de quién habla. 25 El, recostándose de nuevo sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es? (LBLA)

Juan 13:21-25 (LBLA)

Tradicionalmente se considera que Jesús fue crucificado el Viernes, aunque algunos estudios plantean que ocurrió realmente un Jueves. Evitando entrar en el debate de qué día de la semana corresponde realmente a cuál en la cronología bíblica, mantendremos nuestro estudio de Semana Santa prestando atención a las últimas actividades que realizó Jesús sobre la tierra en esos 7 días.

El Jueves, según la tradición, Jesús instituye la Cena del Señor. Conociendo los acontecimientos que se avecinan, celebra lo que algunos consideran una pre-pascua, pues en el día de la pascua Él sería crucificado, sus discípulos dispersados (Marcos 14:27-28), y sería imposible tener este tiempo íntimo y de calidad que quería con sus amigos.

La cena de la pascua era una celebración instituida por Dios desde los tiempos de Moisés. Curiosamente, similar a lo que estamos experimentando, se le dijo al pueblo de Israel que cerrara sus puertas pues una plaga eliminaría a parte de la población de Egipto (Éxodo 12:11-12). En la Pascua se sacrificaba un cordero quien moriría en sustitución de cada miembro de la familia. Siglos después, Jesús era el Cordero de Dios listo para ser sacrificado, por la plaga más grande que ha azotado siempre a la humanidad, el pecado (1ra a los Corintios 5:7).

Fue entonces que envió a sus discípulos a preparar una cena íntima que luego DaVinci inmortalizó en una pintura mural conocida como la Última Cena.

La Última Cena, por Leonardo DaVinci

Hubo varios detalles interesantes que ocurrieron en ese último momento de calidad previo a la traición de Judas y a la dispersión de los discípulos, pero el que más me llama la atención es uno a menudo pasado por alto en ese momento de intimidad.

En medio de la cena, Jesús triste, anuncia la traición de uno de los Doce. Perplejos ante la revelación, los discípulos quedan estupecfactos, quieren saber más. Uno de ellos, Pedro, decide buscar la manera de enterarse, pero necesitaba privacidad para ello, y allí no había. Observa la situación, y nota que Juan estaba “reclinado en el pecho de Jesús”.

No puedo dejar de notar la analogía tremenda de esta escena. Es una situación muy común que he vivido en la vida cristiana.

En el momento decisivo, la información, el cuarto poder, determinará el curso de las acciones futuras. No está en nuestras manos, necesitamos el conocimiento de Dios. Los que conocemos a Dios sabemos que Dios habla, Dios guía, Dios revela, Dios muestra, Dios señala, y los más sabios sabemos que lo mejor es ir con la guía de Dios.

La Biblia lo dice claramente:

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Romanos 8:14

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Juan 3:8

La interacción con Dios es lo que diferencia el cristianismo espiritual del cristianismo natural. Definitivamente no define quién sea salvo y quién no. Pero sí define la calidad de nuestra relación con Dios y limita por mucho nuestros tropiezos en la vida cristiana.

Cuatro tipos de personas descritas en este pasaje

En el pasaje encontramos 4 tipos de personas que encontramos en la iglesia:

Los falsos creyentes

En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.

Juan 13:21

Los Judas Iscariote, aparentan ser cristianos, pero en realidad son lobos vestidos de ovejas, con prioridades que nada tienen que ver con la comunión con Dios. Creen estar por encima de todos y viven con secretos ocultos y maquinaciones que les hacen sentirse superiores. Sin embargo, aunque engañen a algunos, no engañan a Dios, aunque sus planes aparentemente prosperan, su fin será un final terrible (vea en esta misma serie el Sermón sobre el Miércoles de Silencio).

Los discípulos observadores

Los discípulos se miraban unos a otros, y estaban perplejos sin saber de quién hablaba.

Juan 13:22

Son quienes ven la situación, entienden que hay un problema, quedan perplejos nada hacen. Son los cristianos de escuela, saben todo lo que tienen que saber teóricamente, pero carecen de comunión con Dios. Lo tienen todo arreglado, planificado, conocen su lugar en el Reino de Dios, y nada más hacen. Se miran confusos mientras la situación empeora, comprenden que algo terrible se avecina, pero son incapaces de abandonar sus lugares para entrar en la comunión con Dios. Son un número importante en la iglesia, tienen cargos, responsabilidades, pero sus planes ya están escritos. No son sensibles a la comunión con Dios y ni siquiera se dan cuenta de ello.

Los Pedros impetuosos

Simón Pedro le hizo señas, y le dijo: Dinos de quién habla

Juan 13:24

Son los cristianos estilo “llanero solitario”, fervientes y apasionados con la obra de Dios son más de actuar que de orar. Prefieren salir a evangelizar antes que pasar tiempo orando, prefieren impartir una conferencia que ayunar. Son líderes natos que ven el problema en la distancia y se empeñan en resolverlo. Están acostumbrados a no buscar de Dios, a depender de los instintos y dones que Dios les ha dado. Pero llega un momento en que chocan con la realidad: nada sustituye la comunión con Dios. En el momento decisivo comprenden que necesitan la revelación de Dios y se descubren lejos, no “apartados”, pero no lo suficientemente cerca. Por alguna razón Pedro no estaba cerca de Jesús, siendo uno de los tres principales discípulos de Jesús probablemente podría haber escogido su asiento, pero Pedro estaba lejos. Como Marta (Lucas 10:40-42), quizás pensó en garantizar la organización, o estar cerca de la puerta en caso de que aparecieran los fariseos a arrestar a Jesús. Lo cierto es que en su pasión por el Reino ha dejado en un segundo plano su pasión y confianza por el Rey.

Este grupo de creyentes ha caído en el error de la barca en medio de la tormenta (Mateo 8:25), olvidando que mientras el Maestro esté en la barca, esta barca no se hunde. En su afán por el reino de Dios, ha olvidado la soberanía y el poder de Dios, ha olvidado el deleite de descansar confiados en su presencia.

Los Juanes apasionados por Dios

Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa reclinado en el pecho de Jesús. 24 Por eso Simón Pedro le hizo señas, y le dijo: Dinos de quién habla. 25 El, recostándose de nuevo sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?

Juan 13:23-25

Son quienes viven cerca del corazón de Dios. Como el salmista estos son adoradores:

Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”

Salmo 84:2

Y la Biblia dice que Dios siempre está en busca de esos adoradores (Juan 4:24).

Juan no era un pusilánime, no era indiferente a los peligros que les acechaban, no era un vago que se pasaba todo el día reclinado cerca del pecho de Jesús haciendo nada realmente práctico. Cuando leemos los evangelios vemos a Juan activo en todas partes junto a Jesús, lo vemos preocupado junto a los Doce por el futuro del Mesías (Juan 13:3), Juan no solo se preocupaba por el Reino de Dios, también se ocupaba.

Pero Juan, de alguna manera, entendió lo que luego antes había aprendido Marta (Lucas 10:40-42 cf. Juan 11:20): Hay un momento para trabajar, y hay un momento para adorar.

De alguna manera Juan comprendió que, en ese momento crítico, tenía que aferrarse al corazón de Jesús.

¿Qué buscaba Juan en el corazón de Jesús?

Es difícil saber lo que Juan buscaba en el corazón de Jesús aquella emotiva noche. Pero puedo suponer, basado en mi propia experiencia, y en la Biblia, que buscaba, al menos tres beneficios.

El beneficio del deleite en la presencia de Dios

En los evangelios Jesús se refiere constantemente a Dios como Padre, y nos exhorta a llamarle nosotros mismo “Padre nuestro”. El énfasis de Jesús en la paternidad de Dios con sus hijos parece sugerir una profunda relación similar a la relación de un padre con su hijo terrenal. Y es cierto, existe un deleite emotivo tremendo en la relación entre un buen padre y su hijo.

Un verdadero cristiano se acerca a Dios como un niño a su padre, abrazándolo y disfrutando tremendamente ese momento. Y Dios anhela momentos así:

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Juan 4:23-24

Juan se aferró a Jesús aquella noche para disfrutar plenamente cada instante con Él, tanto como fuera posible.

El beneficio del consuelo en la aflicción

Como los otros discípulos, Juan estaba perplejo (Juan 13:23), tenía miedo (Marcos 10:32), Jesús se había encargado de decirles que iba a ser entregado a los romanos, y le matarían. Juan le creyó y temía. Así que probablemente se acercó buscando el consuelo egoísta que solo se encuentra en la presencia de Dios.

Suena poco espiritual, ¿verdad? Pero es cierto, los cristianos somos seres humanos que nos desesperamos ante la perspectiva de una crisis en nuestras vidas. Buscar a Dios no siempre implica orar por los afligidos y glorificar Su nombre. A veces significa refugiarnos en Él como niños temerosos en los brazos de su Padre.

El beneficio de la revelación

Ahora, este es un beneficio secundario, aunque para muchos cristianos es la motivación principal al orar o ayunar o buscar el rostro de Dios. Pedro estaba lejos, probablemente preocupado y ocupado en otros asuntos, necesitaba preguntarle a Jesús, pero no podía. Cuando miró notó a Juan, ya Juan estaba reclinado en el pecho de Jesús, lo suficientemente cerca como para preguntarle en intimidad, le hizo señas de lejos, y Juan se separó de Jesús para atender a Pedro, al comprender que hacer, volvió a recostarse y le preguntó “Señor, ¿quién es?” Y Jesús le respondió igualmente en intimidad, de modo que solo Juan lo supo, y el resto de los discípulos quedó en ignorancia (Juan 13:28).

Hay una relación especial de revelación de Dios con sus hijos. Y hay una relación aún más especial de revelación de Dios con los que tienen intimidad con Él. Es como un compromiso de Dios con ellos.

Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, 18 habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?

Génesis 18:17

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,  Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Salmo 51:6

Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.

Amós 3:7

Ser cristianos depende de nuestra fe y confianza en Jesús como Salvador y redentor de nuestros pecados. Solo eso. Pero como el hermano del hijo pródigo, muchas veces pertenecemos a la familia de Dios, pero no disfrutamos sus privilegios:

Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

Lucas 15:29-31

El hermano del hijo pródigo no sabía que podía tomar todas las cosas del padre, eran suyas. Como decimos en Cuba, está en el pueblo y o ve las casas. Eres hijo de Dios, pero te pierdes sus riquezas.

En la actualidad vemos muchas personas como Judas, como los discípulos, o como Pedro en la iglesia, pero vemos a pocos como Juan.

De hecho, en la iglesia vemos a personas con temores, angustias, estrés, inseguridad, agotamiento por demasiado trabajo, insomnio, exceso de preocupaciones y muchas otras características que no se reflejan con el tipo de vida que Jesús prometió:

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Juan 10:10

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

¿Dónde está la vida cristiana abundante que deberían tener los cristianos? ¿Dónde están esos cristianos llenos del gozo del Señor como fortaleza (Filipenses 4:13)? Simple: ahogados por los problemas, aferrados a las tablas de sus fuerzas, estresados mirando los vientos y las tempestades habiendo olvidado la premisa cristiana de que “si el Maestro está en el bote, todo está bien”.

Juan lo había comprendido, y lo que hacía era disfrutar a Jesús. Todo lo que hacía lo hacía para estar con Jesús, todo lo que hacía tenía el propósito y el premio de la presencia de Jesús.

Ya no estamos en los tiempos de Jesús caminando sobre la tierra, ahora no podemos aferrarnos al pecho de Jesús como Juan en la Última Cena. Pero Jesús envió al Consolador, al Espíritu de Verdad. De hecho, este último versículo que leímos en el párrafo anterior, está precedido por estos otros:

No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros […] 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Juan 14:18,26

La relación de los cristianos con Dios, después de la muerte, resurrección, y ascensión de Jesús, es a través del Espíritu Santo. Ahora no estamos como Pedro, a quien la distancia física le impedía acercarse a Jesús y tuvo que hacerle señas a Juan. Ahora tenemos todos entrada al Lugar Santísimo.

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Hebreos 10:19-23

Carece de sentido vivir la vida cristiana sin entrar al Lugar Santísimo, sin tener comunión íntima con Jesús. ¿Dónde está usted ahora? ¿Está como Judas, con su cabeza enfocada en cómo satisfacer sus propias necesidades y asuntos, o con la mente puesta en las obras y la gloria de Dios? ¿Es como los otros discípulos, con responsabilidades y criterios sobre Dios que son más importantes que Dios mismo en su vida, limitando así la potencia de Su relación con usted? ¿Es como Pedro, apasionado con el reino pero demasiado ocupado como para dedicar tiempo a disfrutar la presencia de Rey? ¿O es como Juan, quien comprendió que la esencia de todo es Jesús, y todo lo que hace, todo lo que piensa, todo lo que planifica tiene que ser impactado, transformado, modificado, e influenciado por la presencia de Jesús?


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