Carta solicitando cambio de ángel guardián

Yo solía decir que mi ángel guardián se equivocaba constantemente en medio del papeleo celestial ¡era comprensible! ¿Ustedes se imaginan el ajetreo que deben tener los ángeles en el reino celestial tratando de lidiar con tantas oraciones simultáneas? Dios no debe tener problemas en ese sentido, en definitivas ¡él es omnipotente y omnisciente! Pero los pobres ángeles debían estar sobrecargados de trabajo, y más ahora que el número de cristianos ha aumentado increíblemente. A veces me imaginaba que mi ángel tenía que atenderme a mí y a otros tres cristianos más, todo por la escasez de personal angelical y el incremento de la demanda de los hijos de Dios (ahora estamos orando más).

Pero el mi problema personal con la burocracia celestial llegó a su límite cuando ya hubo pasado un año de oraciones desviadas ¡Imagínense yo oraba por una novia y todos mis amigos conseguían una! Menos yo, por supuesto. Recuerdo una vez que pedí un reloj Orient, era cuando se estilaba explicarle a Dios cuáles eran las características específicas de la respuesta correcta que él debía dar a nuestra oración a fin de que nuestras necesidades fueran eficazmente satisfechas…, ustedes saben, como si Dios fuera un despachador de una carpintería particular. Bueno, aquella vez pedí el reloj de marca. Yo sé, y lo sé porque sé que Dios cumple lo que promete. Bueno, también lo sé porque al día siguiente se me acercó Jóse y me enseñó su nuevo reloj Orient que se había encontrado entre la yerba de un parque, ¡no tenía ni un rayoncito! Bueno, mi primera reacción fue de autoanálisis… “seguramente si ayer yo hubiera escuchado más y hablado menos, hubiera recibido la orientación celestial de ir a aquel parque y revisar en la yerba”. Pero cuando supe de qué parque se trataba comprendí que el problema no estaba en mí, ni tampoco en Dios… ¡por supuesto! Tenía que estar en mi angelito lindo, a quien ya ‘cariñosamente’ (que conste) yo había apodado “Yeyo compadre”.

Luego de otros afortunados eventos, para mis amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajos, y hasta desconocidos, decidí elevar una queja ante la oficina central de ángeles del Tercer Cielo. Como buen cubano opté, por la palanca, ustedes saben “dame una palanca y moveré el cielo” dijo alguien, creo. Bueno, me senté y busqué en la Biblia entre los ángeles conocidos y luego de meditar un poco decidí escribirle directamente a Gabriel quien parecía ser un “individuo” de alto rango en las cuestiones celestiales, al menos sabemos que tenía un buen corazón, porque había ayudado a María, aunque también dejó mudo al pobre Zacarías. Pero bueno, mejor alguien que nadie:

Estimado compañero Gabriel:

Por medio de la presente quiero presentarle mis quejas por el servicio de mensajería y respuestas a las oraciones del compañero Yeyo, quien presumo trabaja bajo su jurisdicción. Desde hace más de 6 años que elevo mis oraciones al Padre celestial y he notado que las respuestas llegan, aunque algunas un poco tarde para mi gusto, pero llegan… ¡a otras personas! Ruego, por favor, con todo respeto que amoneste seriamente al compañero Yeyo, y de ser necesario tome medidas disciplinarias con él,  o me lo sustituya con otro mensajero más eficiente, vaya… alguien como Miguel, si usted me entiende. En caso de que ustedes, la comisión central de ángeles guardianes, no tomen medidas con el citado compañero Yeyo, me veré obligado a ir a instancias superiores, o apartarme buscando otras opciones…

Respuesta celestial:

Hijo mío, con relación a tu petición respecto a tu ángel guardián tengo algo que decirte, Yo soy tu ángel guardián, he estado contigo protegiéndote en cada momento. Durante cada momento de cada uno de estos seis años que llevamos andando juntos no ha faltado mi protección junto a ti. Incluso, desde antes, mi gracia ha estado contigo ¿Para qué quieres a Miguel junto a ti, si tienes al Hijo de Dios? Bien has dicho, soy Omnipotente, Todopoderoso, Omnisciente. Yo sé bien de qué tienes necesidad y te aseguro, que no hay error en mi papeleo celestial. Mi sabiduría ha decidido en cada momento cómo responder tus oraciones. Aun debes crecerte y comprender algo, la oración no es un buzón postal donde echas una carta y esperas recibir automáticamente un giro. Al contrario, tu oración no existe para pedir, existe para compartir. Mi mayor deleite es ser tu amigo, no tu genio mágico y azul. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, nada existe sin mi sostén. Todas las cosas en mí subsisten, nada se escapa a mi poder y a mi voluntad soberana. Yo Soy Dios. No hay instancias superiores, pero sí hay instancias inferiores. Te aseguro que en mi reino nadie satisfará tus deseos por el simple hecho de mantenerte con nosotros. Entre nosotros no hay interés, hay amor. Pero en las instancias inferiores seguramente encontrarás lo que buscas, y también algunas cosas que no buscas.

Recuerda que ser mi hijo no significa ser “hijo de Papá” quien hace todo lo que quiere, ser mi hijo significa ser hijo obediente que acepta y confía en las decisiones del Padre a quien quiere, respeta y reverencia.

Te amo, y quiero lo mejor para ti.

Presidente del Consejo Celestial para Asuntos de Urgencia


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