El matrimonio no es un empleo que tomamos donde podemos aparentar ser buenas personas, aunque en casa seamos recalcitrantes. El matrimonio es donde dejamos de fingir, donde realmente mostramos quienes somos, o donde nuestra hipocresía es finalmente descubierta. Podemos aparentar una cosa en el trabajo, pero nunca podremos ocultar nuestro verdadero carácter en casa.
Por tanto, la preparación hacia el matrimonio no consiste en aprender externamente algunas maneras, sino en formar nuestro carácter hacia la vida matrimonial a fin de ser capaces de hacer felices a nuestra familia, y de poder enfrentar, lo mejor posible, los problemas que se enfrentan en la vida conyugal. Y esa formación de carácter será más eficaz entre antes se comience.
Pondré un ejemplo, un hombre que se casa, pero toda su vida fue mimado por sus padres, quienes le hacían todo en casa y jamás tuvo que “tirar un chícharo”, como decimos en buen cubano. Probablemente ha adquirido hábitos dañinos para el matrimonio, para su esposa, y para sus hijos. Es posible que piense que se merece todas las comodidades y se moleste cuando estas no son satisfechas. Su falta de preparación para satisfacer las demandas de un hogar probablemente traiga problemas a la provisión y sostén y mantenimiento del hogar. Por otro lado, aunque en su corazón se esfuerce por mejorar y ser un hombre proveedor y luchar contra los hábitos que ha tenido por décadas, la ignorancia para hacer negocios, mantener el hogar, y buscar salidas en medio de situaciones difíciles le pasará factura trayendo frustración e irritación a la vida matrimonial.
En el matrimonio mostramos quienes somos. Y somos quienes hemos sido. Sé que puede sonar un trabalenguas. Pero es cierto. Muchas personas pasan años en su zona de comodidad egoísta, diciéndose que cuando sea necesario en verdad ellos trabajarán, se sacrificarán, ayudarán, se preocuparán, y pondrán a otros en primer lugar. La realidad es que, durante esos años, formaron su carácter y su personalidad hacia el egoísmo, la vanidad, y el orgullo. Los buenos hábitos se adquieren con la formación de un buen carácter, con el sacrificio de hacer lo correcto, aunque sea difícil, con la determinación de matar el orgullo y la vanidad en nosotros, aunque nos duela.
Todos tenemos tendencias egoístas, todos somos orgullosos, todos queremos disfrutar la vida en un entorno paradisíaco donde todo ocurra sin demasiado esfuerzo. Pero la vida no es así. Así que para lograr establecer nuestro paraíso en la tierra arrancamos de raíz los sueños de otros, sacrificamos sus recursos y los usamos a nuestra conveniencia. A veces, ese sistema funciona muy bien con nuestros padres porque ellos son responsables de nuestro bienestar, o con nuestros amigotes que están más enfocados en pasarla bien y no tienen que lidiar con nuestro egoísmo demasiado tiempo. Pero no funciona en el matrimonio.
Los buenos hábitos se forman con esfuerzo y toman años en desarrollarse hasta dejar de ser cosas que debemos hacer a hábitos que tenemos en nuestras vidas. Un carácter afable no nace de la noche a la mañana, la ira no muere el día de nuestra boda, tampoco el resentimiento, o la inseguridad, o la tendencia a contender, o la habilidad de conversar respetuosamente incluso sobre asuntos controversiales.
La preparación hacia el matrimonio consiste en enseñarnos a vivir de antemano en una zona de comodidad ideal para la vida matrimonial. Consiste en forjar en nosotros un carácter ideal para la vida conyugal con todo lo que ello implica, un carácter que implique ceder, aprender, crecerse, adaptarse, reír, llorar, innovar, sufrir, esperar, comprender, escuchar activamente, explicarse coherentemente, prevenir, suponer, en definitiva: amar en verdad.
Por eso dirigimos este material primeramente a los padres, maestros de escuela dominical, tutores, pastores, y en segundo lugar a todos los que anhelan un matrimonio para toda la vida.
Vamos a dividir este estudio en etapas, no se sienta excluido, le exhortamos a que lea cada etapa pues en ella puede aprender para sí mismo, reorientar sus conceptos, y tratar de enmendar lo mejor posible sus criterios erróneos. Además, leer cada etapa, aunque no le afecte directamente, puede prepararle para ayudar a otros en su propio peregrinaje hacia el matrimonio y, eventualmente, a sus propios hijos.
Antes de comenzar con el tema de la preparación quiero mencionar un segundo obstáculo hacia el matrimonio para toda la vida. El primero, como ya dije, es nuestro pasado, el peso que traemos con nosotros al matrimonio, con todos nuestros traumas, conceptos, criterios, costumbres, predisposiciones. El segundo es el pecado o nuestra maldad interior.
¿Qué es el pecado?
Contrario a lo que creen algunos, el pecado no es una lista de cosas placenteras que Dios ha prohibido a fin de que demostremos mediante el sacrificio de nuestro deleite cuánto le amamos. Pecado, en realidad, significa “errar al blanco”. En ese sentido, el pecado es todo lo que nos aleja del blanco o propósito de Dios en nuestras vidas, es la tendencia a fracasar en nuestro intento por ser plenamente felices usando métodos incorrectos y malvados.
Esa maldad ofende profundamente a Dios, porque es una rebelión contra su voluntad y diseño. Y ofende profundamente a nuestros amigos y compañeros y familiares, porque daña y hiere profundamente. Esa maldad, por último, nos daña terriblemente porque es un atajo engañoso. En cierto sentido, acorta el camino hacia lo que anhelamos. Usamos la mentira, la estafa, el robo, el odio, la ira, la venganza, las peleas, las orgias, los celos, el orgullo, todo como un modo de sentirnos mejores y realizados en nuestro interior. Pero como todo es falso, el sentimiento de realización es imperfecto y aparente, creando una satisfacción temporal y eventual que nos empuja a volver a pecar.
Como una fruta podrida en su interior, su sabor es dulce al principio, pero agrio en el interior dejándonos, a la larga, con el amargo sabor de la insatisfacción y el desengaño. Sin embargo, cada día volvemos a la fruta creyendo que su insatisfactorio dulzor es el único que existe en el universo.
El mayor problema del pecado
El mayor problema de esa tendencia hacia lo malo no está solo en sus consecuencias, que son terribles con Dios, con nuestros vecinos, y con nosotros mismos. Sino nuestra incapacidad para ser libres de ella. Como esclavos, a veces tratamos de hacer lo bueno y no podemos, lo intentamos, pero finalmente volvemos a caer. Incluso, cuando nuestras acciones son externamente buenas, en nuestro interior, nuestras motivaciones más profundas no lo son.
La maldad en nuestro interior es como un pulpo que nos tiene abrazados. Incapaces de escapar de ella para siempre, necesitamos un Salvador. Mientras esa maldad se enseñoree de nuestras vidas, nunca podremos ser verdaderamente felices.
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 6:23
La Verdadera Vida
El carácter y los hábitos que mencionábamos al principio, tienen un fundamento que los sostiene y es nuestra maldad. Y ese mismo fundamento nos impide salir adelante hacia mejores personas.
Somos nuestros propios esclavos. Si usted quiere un matrimonio para toda la vida, es porque anhela una vida llena de felicidad. Jesús no le promete una vida sin problemas, pero sí una vida con propósito, una vida de satisfacción, una vida de victoria en todos esos problemas.
Venir a los pies de Cristo y rendir el corazón significa renunciar a ser nuestros propios dioses y confiar en el Dios Creador de los cielos y la tierra. Significa permitir que la luz de Dios ilumine los rincones más recónditos de nuestra alma, que su Espíritu Santo modifique nuestros patrones de conducta mediante la santificación, y que Su Palabra viva modifique nuestros pensamientos hacia la sabiduría de Dios.
Entregarle su vida a Cristo no es solo una oración que hace un día confesando que cree en Cristo, es también un proceso de crecimiento hacia la estatura del hombre o mujer perfecto que Dios diseñó para usted. Significa morir a sí mismo, significa vivir para Dios.
Jesús le puede garantizar que será vencedor en cada aflicción que enfrente (Juan 16:33), y su vida estará llena de propósito. Cómo el matrimonio es un contrato entre un hombre y una mujer, lo mejor sería que usted se aliara con alguien acreedor de la misma promesa de Dios sobre su vida. Entonces serán realmente imparables, entonces el propósito de Dios no solo se cumplirá en usted individualmente, sino en los dos multiplicándose la simbiosis de cada uno de los dones que Dios les ha dado.
Crea a Dios en Jesucristo, entréguele su vida, sueños, desarrolle una comunión real con Dios mediante el Espíritu Santo a través del nombre de Jesús. Busque una iglesia evangélica donde enseñen la buena palabra de Dios. Aprenda, crezca en el conocimiento de Dios, descubra todo lo que Dios quiere para usted y camine con Él.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 2:10
Este es el primer artículo de una serie que estaremos escribiendo para compatir con ustedes temas prácticos de nuestra preparación hacia el matrimonio.
Algunos temas que compartiremos serán:
- Problemas actuales en la línea de selección de pareja para toda la vida
- ¿Cómo prepararnos para el matrimonio?
- Preparación desde la niñez: Dirigido a Padres
- Preparación en la adolescencia:
- Jóvenes solteros, continúa la preparación hacia el matrimonio
- Solteros Especiales Jóvenes adultos >30 años , solteros/as con hijos.
- Problemas actuales que presentan los nuevos matrimonios
- Los procesos de selección de la pareja
Espero tus comentarios y sugerencias serán muy útiles. Ten paciencia, este es un proyecto en desarrollo así que vamos publicando a medida que escribimos.
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