y [Elizabet] exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
Lucas 1:42
¿Cuál es el mayor mérito que puede tener una mujer como madre? Indiscutiblemente, una madre sigue amando a su hijo aunque no tenga éxito en la vida, sea violento, ladrón, asesino, borracho, o vago, ella sigue siendo su madre, él sigue siendo su hijo.
Pero ese no es el punto. La pregunta que a menudo se hace una madre en esas situaciones es: ¿qué hice mal? ¿qué pude haber hecho diferente? Aunque seguimos amando a nuestros hijos, indiscutiblemente querríamos un final mejor para ellos «bendito el fruto de tu vientre». En realidad, nuestros hijos son el resultado de nuestro entorno, de nuestros padres, de nuestras desventuras, de nuestros traumas. Todo esto nos afecta y termina afectándolos a ellos. Muchas veces, la economía, la “mala suerte”, la enfermedad, el trabajo, nuestros sueños, o nuestros gustazos, interfieren en el cuidado y educación de nuestros hijos.
Qué hermosa la profecía de Elizabet a su pariente María: «Bendita tú, y bendito el fruto de tu vientre». ¡Que mayor bendición quisiera una madre para su vida!
Jesús no solo fue fruto del vientre de María, el linaje del Mesías fue preparado por Dios con siglos de antelación escogiendo hombres de fe, hombres valientes que fueran capaces de seguir a Dios y transmitir esa enseñanza a sus hijos. La genealogía de Lucas menciona a muchos de esos hombres y también la de Mateo.
Aunque, tradicionalmente, las genealogías no incluían nombres de mujeres, hubo cinco mujeres en el pasado de Jesús que resaltaron tanto como para ser incluidas en la lista de ancestros de Jesús que hace Mateo. ¿Por qué Mateo traiciona la tradición judía para recordarnos a estas mujeres increíbles? ¿Qué características tenían ellas? ¿Cuáles fueron sus virtudes? ¿Cuáles sus defectos? ¿Qué hizo de ellas madres excepcionales de un hombre excepcional? ¿Qué vio Dios en ellas para elegirlas como receptoras de la semilla del Hijo de Dios?
Seguramente fueron las más santas, devotas, obedientes, sabias, consagradas y perfectas mujeres de toda la Biblia. Sin embargo, nuestra espectativa religiosa queda impactada por el carácter e historial de las madres de Jesús.
Veamos un breve resumen.
Tamar la maldita

Casada dos veces, su primer esposo un hombre perverso, y el segundo un embustero. Doblemente viuda y por esa razón desheredada como si fuera culpable de su angustia, condenada a la viudez eterna sin tener jamás la posibilidad de ser madre por temor a que otro su próximo esposo falleciera.
Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también como sus hermanos. Y se fue Tamar, y estuvo en casa de su padre.
Génesis 38:11
Demasiada madre dentro de una mujer, luego de años de espera, decidió violar todas las reglas establecidas para finalmente poder llevar fruto en su vientre para su familia. Llamada fornicaria y a riesgo de morir por su atrevimiento vino a ser madre de Fares, uno de los ascendientes de Jesús.
Rahab la ramera

No solo no era descendiente de Abraham e Israel, lo que la excluía de la herencia de Israel. Era, además, prostituta, y habitante de un pueblo que sería despojado de su tierra por la maldad de su gente.
Rahab tuvo a bien desafiar la ira de su rey, escondiendo, por la fe a Dios, a dos espías enviados a estudiar la ciudad. Estudiosa de las obras de Jehová, la prostituta llegó a una conclusión:
Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. 10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido.
Josué 2:9-10
Escogió arriesgar su vida con tal de tener la posibilidad de heredar dentro del pueblo de Dios, desafió al rey de Jericó, y Dios honró su fe y su parte de la muralla fue la única que permaneció en pie cuando, al final de 7 días, el pueblo gritó y la muralla de Jericó cayó.
Su fe no solo la salvó a ella, sino a su familia, a su madre, a su padre, y a sus hermanos, y todos sus bienes fueron salvaguardados. Pero su fe no solo le garantizó la vida sobre esta tierra, además le permitió un lugar en la eternidad.
Pidiendo misericordia y verdad, Rahab terminó casándose con Salmón, uno de los ascendientes de Jesús.
Rut la mendiga extranjera

Viuda, extranjera, y desamparada, pudo regresar a su pueblo, pero prefirió seguir en la familia del pueblo de Dios. En la quiebra y sin dinero, viene a Israel para mendigar en los campos de cebada. Mujer trabajadora, cuida de su amargada suegra y escucha sus consejos (Rut 2:20) y confía siempre creyendo a Dios. Así termina Rut siendo redimida por Booz (Rut 4:6-13), y recibiendo la bendición de los ancianos de Israel.
Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén. 12 Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová.
Rut 4:11-12
Preludio sería Rut de la redención luego de todos los creyentes de la tierra, por eso, al casarse con su benefactor, Booz, es bendecida con un hijo, y termina esculpiendo su nombre para siempre en la lista de las madres peculiares de Jesús.
Betsabé a adultera

Casada con Urías, Betsabé fue seducida por el rey David, una mujer suficientemente hermosa para seducir a un rey fue el equivalente de una maldición no solo para David, sino para todo Israel (2do de Samuel 12:7-12). Hija de uno de los nobles de David, mujer mentirosa (2do de Samuel 11:3) que ocultó su pecado a su marido, y mantuvo una comunicación secreta con el rey (v.5).
El embarazo después de aquella aventura amorosa amenazó con descubrir el pecado del David, así que el rey hizo matar al marido y luego se unió a ella. Su participación en el pecado del rey provocó la muerte del fruto de ese adulterio y su primer hijo murió de una grave enfermedad.
Aquel golpe de justicia de Dios trajo gran desconsuelo a Betsabé (2do de Samuel 12:24) y temor de Dios. Es impensable imaginar el desprecio que muchos tuvieron hacia ella en la corte y en la nación. Arrepentida, Betsabé llegaría a ser una mujer virtuosa y apreciaría su comunión con Dios. Dios le hablaba mediante el profeta Natán (1ro de Reyes 1) a fin de salvar el reino de Judá y el futuro de la nación misma que ella había dañado en sus inicios.
En el lecho de muerte de David, Betsabé reclamó la promesa del rey esperando que su hijo fuera heredero del trono (1ro de Reyes 1:13) y de la línea del Mesías (1ro de Reyes 2:45). En medio de la crisis política en Israel supo usar la sabiduría para salvar su vida y al reino. La influencia sabia de Betsabé sobre Salomón es tal que el sabio rey termina mencionando el amor y la sabiduría de las madres más de 10 veces en el libro de Proverbios.
Oye a tu padre, a aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
Proverbios 23:22
María, embarazada fuera del matrimonio

La madre de Jesús, fue una joven virgen a punto de ser desposada con su amado José. Entonces, un ángel apareció ante ella trayéndole un encargo de Dios: concebirás sin haber conocido varón. Ella sería la culminación de la preparación de Dios. El tiempo se había cumplido, el Mesías llegaría y ella tenía que hacer su parte. El terrible peso de esa carga implicaba la destrucción de sus sueños y reputación; y traería una mancha que le perseguiría no solo décadas después su misterioso embarazo (Juan 8:41), sino siglos después por todo aquel que quisiera negar el nacimiento sobrenatural del Hijo de Dios.
El nacimiento virginal de Jesús fue motivo de burlas e insinuaciones entre los detractores de Jesús
[…] Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
Juan 8:41
A pesar de los riesgos, María tomó tempranamente la cruz de la vergüenza y decidió obedecer a Dios a pesar del costo. Vino a ser así madre de Jesús y el instrumento de la encarnación del Dios creador del universo.
Más sobre María en nuestro artículo “4 Mitos y 3 Enseñanzas de la Virgen María”
Conclusión
Hay muchos conceptos de maternidad en el mundo de hoy. Los hijos tendemos a idealizar a las madres y las madres tratan de sobrevivir en un mundo que espera demasiada perfección de ellas.
Mateo hace mención de algunas de las madres de Jesús para mostrarnos qué es lo que Dios valora en una madre hasta el punto de incluirla como modeloa a seguir para todas las madres del mundo.
Sé que hay madres que nunca han tenido hijos, o que todavía no los tienen. Pero la maternidad es tan potente en ellas que la viven a diario en sus relaciones interpersonales. La maternidad es una expresión del amor de Dios, una expresión única, tierna, feroz, sabia, sufrida, sacrificada que Dios tuvo a bien colocar en vasos frágiles y sensibles como las mujeres para mostrar cuánto son capaces de cargar en esos gigantescos corazones. Conozco mujeres que no han tenido hijos pero han hecho hijos con sus sonrisas, abrazos, palabras de ánimo, desvelos, y preocupaciones, peleas por los demás.
Mamá que lees este artículo, mira a las madres de Jesús. Sus historias no empezaron bien, maldición, libertinaje, viudez, escasez económica, adulterio, asesinatos, muerte, desgracias, murmuración, y mala reputación. Sin embargo, fueron madres excelentes, ¡reyes reinas salieron de sus vientres y fueron educados por ellas!
Mamá, no te desanimes si tus hijos son diferentes a lo que esperabas, si tú eres diferente a lo que esperabas. Aprende de estas mujeres y ve en tus hijos el plan de Dios para ti, y el plan de Dios para ellos.
¿Cuáles secretos descubrimos aquí para una maternidad exitosa?
- El amor de Tamar por los hijos, hoy muchas mujeres aman más a sus cosas que a sus hijos, Tamar no le importó ser insultada con tal de ser madre, su amor influyó tremendamente en su hijo. Su ejemplo nos recuerda que, como el sen jutido supremo de un hombre es ser padre, el propósito supremo de una mujer es ser madre, y esa debiera ser su prioridad.
- La fe de Rahab para confiar en las señales de Dios y en sus promesas, hay momentos en que tenemos que escoger entre las amenazas de este mundo y las promesas de Dios, Rahab escogió confiar en Dios antes que en las amenazas del rey de Jericó, ella pudo transmitir esa fe a su descendencia. Su historia nos anima a confiar en Dios en las peores cirscunstancias a escudriñar las señales de Dios, y a seguirle a Él para bien de nuestros seres queridos.
- La fidelidad amorosa de Rut. Rut no solo creía a Dios, también lo amaba tremendamente, y ese amor se manifestaba en su laboriosidad y respeto hacia los demás. Ella es un fiel exponente de la vida que expresa la riqueza interior. Su conducta piadosa le abrió las puertas del corazón de Booz e hizo de ella una madre excepcional.
- Betsabé empezó mal, muy mal, y ello le costó la vida de su hijo. Cuánto dolor, pero se levantó aceptando la disciplina de Dios depositó su fe en Dios y su esperanza en el Mesías. La sabiduría aprendida la transmitió a su segundo hijo y su temor de Dios estuvo en el corazón del joven rey que engendró. Betssabé nos habla mucho de nuevas oportunidades, muchas veces nos desanimamos, creyendo que hemos fastidiado tanto nuestras vidas con nuestras malas decisiones que ya no hay esperanza para nosotros. La historia de Betsabé te habla de arrepentimiento, perdón de Dios, y reconciliación, y de cómo Dios puede tomar una vida tóxica y convertirla en un medio de bendición.
- María, la decisión entre mi sueño y el sueño de Dios le tomó solo un instante, y el sueño de Dios fue su pasión. Tener en sus brazos al hijo de Dios sabiendo que tendría que soltarlo algún día para que hiciera cosas que ella no quisiera ni esperaba, y que además le atravesarían el alma, fue un reto para ella. Pero María había aceptado el reto: mi hijo es de Dios, no es mío. El ejemplo de María nos enseña a confiar en Dios y a hacer lo que podemos en tanto podemos, y confiar en Dios cuando ya no podemos. La grandeza de María no termina en la concepción, es un legado de toda su vida en su lucha por someterse y entender la voluntad de Dios en su incoprensible Hijo. María nos enseña que no nacemos siendo madres, sino que lo aprendemos en el proceso. María nos recuerda el dolor de ser madres cuando siguió a su hijo hasta la cruz, sin entender completamente el plan de Dios. María nos recuerda que el camino es angosto y extenso. Pero el fin es glorioso: «Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre» (Lucas 1:42).
Descubre más desde Vida Cristiana en Acción
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
