El Nuevo Casamiento es Adulterio a no ser que… (II)

Este artículo es continuación de El Nuevo Casamiento es Adulterio a ser que… (I)

En Juan capítulo 4, Jesús tiene un encuentro similar al que tienen muchos pastores hoy en día con personas recasadas. Solo que en esta consejería no mediaba la sabiduría o conocimiento en parte (1ra a los Corintios 13:12), sino el conocimiento infinito de un Dios infinito hecho carne.

La joven samaritana se acercó a Jesús y entablaron un debate que incluía temas étnicos, e históricos relativos a los habitantes de aquel lugar. En un momento determinado, Jesús le dice a la mujer: “Ve, llama a tu marido, y ven acá” (Juan 4:17).

La pregunta debió tomar por sorpresa a aquella mujer, ¿qué tiene que ver mi marido en todo esto? Solo quiero esa agua que dices que es para vida eterna (Juan 14:16).

Imagino a la mujer entristecida, mirando al sueño y susurrando: “no tengo marido”. Todos sus traumáticos fracasos e intentos de hacer una vida “normal” pasaron raudos por su mente. ¡Cuántas lágrimas, cuántas ilusiones perdidas, cuantos sueños truncados, cuantas veces se sintió incomprendida, cuántas discusiones, cuántas veces se vio desalojada de la vida, abandonada y comenzando desde cero!

Jesús entonces sentenció: “Bien has dicho: No tengo marido; 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad”.

Y esta frase dice tanto para nuestro estudio. “cinco maridos has tenido”. Dios en carne reconoció que ella había tenido cinco matrimonios, no un matrimonio y cuatro adulterios. Y para que no quedara dudas, Jesús añade “el que ahora tienes no es tu marido”, lo que implica que, el hombre con quien ella está es marido de otra mujer.

Así que Jesús reconoció cada uno de sus matrimonios anteriores, e identificó su relación actual como adulterio.

Y hay un tono amoroso que siento en esa frase de Jesús, parece que aquella mujer también lo percibió. Cinco veces había intentado formar una familia hasta desistir y terminar en adulterio. Cinco veces había hecho un pacto con un hombre, cinco veces había planificado un futuro junto a un hombre y cinco veces había fracasado.

¡Cuántos deseos debe tener alguien de tener una familia para intentarlo cinco veces! El Dios que aquella mujer encontró no fue un Dios legalista, insensible, que observaba más las formas que la esencia del corazón. Jesús vio a una mujer destruida por cinco fracasos matrimoniales e involucrada ahora mismo en un humillante y desgarrador adulterio. Jesús vio a una persona destrozada por el dios de este siglo, alguien que intentó hacerlo bien, pero la vida le fue golpeando de tal manera que terminó siendo una adúltera que se aislaba de todos para ir a buscar agua en el horario más solitario, el mediodía.

Es interesante las palabras con que Jesús termina esta plática con la mujer samaritana. Y lo es por la carga emocional que se percibe en ellas.

Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

(John 4:26 [RV60])

Durante su ministerio sobre la tierra muchos preguntaron a Jesús si era el Cristo, el Mesías (Mateo 26:63; Marcos 14:61; Lucas 22:67; Juan 1:25; Juan 10:24). En todos estos casos, Jesús hizo silencio o evadió responder directamente.

Pero a esta mujer divorciada cinco veces y en estado de adulterio, Jesús le dijo: “Yo soy”. ¿Por qué Dios se revelaría a una mujer así, fracasada, destruida? La medida de Jesús es el amor y la restauración. Jesús comprendió la necesidad que había en ella de un Mesías. Muchos creyentes hoy están a la caza de los pecadores, de los heridos, de los afligidos para señalarles, restregarles en la cara el pecado, añadir sobre ellos cargas insostenibles, y excomulgarles indolentes levantando en alto la Sublime Santidad de Dios ¿Por qué Jesús no hizo lo mismo?

Jesús dijo describiendo a los religiosos de su época:

En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. 3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. 4

Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. 5 Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, 7 y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.

[…] 13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

[…] 15  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un ; prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

(Matt 23:2-7;13;15 [RV60])

Y la situación tristemente se repite hoy en muchas iglesias. Ya no vivimos según la ley de Moisés, a veces tampoco bajo la ley de Cristo. Nos hemos inventado nuestras propias tradiciones y leyes. Ya no aplicamos ojo por ojo literalmente, pero avasallamos y aplastamos a los afligidos y heridos. Por el celo de Dios hemos olvidado la misericordia.

La tendencia cristiana moderna a considerar que cualquier matrimonio después del primero es adulterio de por vida no solo no tiene fundamento bíblico, tampoco tiene respaldo en el corazón de Dios. Dios reconoció cinco matrimonios en la mujer samaritana probablemente porque vio más allá que las causas de sus fracasos, vio el tremendo deseo que ella tenía de formar una familia a pesar de todo.

Muchas iglesias hoy miden toda la vida a su alrededor según la experiencia de unos pocos ejemplos de matrimonios perfectos e ideales, y exigiendo a todos sus feligreses a que vivan una vida perfecta según el modelo que ellos mismos han establecido, en estos parámetros modernos muchos héroes de la fe de la Biblia habrían sido excomulgados de la iglesia.

Cuando la iglesia pasa por alto las cláusulas de misericordia establecidas por Jesús, impone tradiciones humanas no enseñadas por el Maestro. El amor debe primar.

La iglesia debe comprender que somos enviados a restaurar corazones y no a condenarlos de por vida. La iglesia debe comprender de una vez que todavía estamos en el mundo y por tanto por muchos planes bienintencionados que hagamos no todo saldrá como queramos, y ello incluye el matrimonio.

Al establecer una regla general y absoluta para todos los matrimonios y divorcios la iglesia hace un análisis superficial, legalista, cruel, e insensible de cada situación y socava el juicio y la expresión de la justicia y misericordia de Dios. No todo divorciado es pecador, no todo divorciado es culpable de su fracaso, cada divorcio debe analizarse individualmente a fin de encontrar soluciones viables para la restauración matrimonial dejándose a un lado las acusaciones destructivas de culpabilidad a fin de enfocarse en soluciones sanadoras para la restauración. Y cuando ha mediado la fornicación, la iglesia debe aceptar la carta de divorcio como estipulan las Escrituras, y acompañar al nuevo creyente y ayudarle a tratar de restaurar el rumbo de su vida en el amor, la santidad, y la revelación de Dios, mediando consejería, arrepentimiento y perdón de ser necesario, y mostrando comprensión por la difícil situación que ha vivido el divorciado.

Es responsabilidad de la iglesia reinstaurar el modelo bíblico para el matrimonio, el divorcio, y el recasamiento, reafirmando la posibilidad bíblica de poder formar una familia a pesar del fracaso o los fracasos previos.

Es responsabilidad de la iglesia levantar la acusación condenatoria que plantea que los recasados están en adulterio. Ese argumento además de ser antibíblico, echa por tierra el sacrificio perdonador de Jesús en la cruz del Calvario por todos los que a él se acercan a Él en arrepentimiento y con la disposición de seguir y obedecer los mandamientos de Dios.

Resumen:

  1. Dios es quien valida el matrimonio, no un notario, o una institución secular o eclesiástica (Mateo 19:5-6) y su plan es que sea para toda la vida. El divorcio es una manera de corregir las consecuencias de la caída en el corazón de los hombres y dar una segunda oportunidad a los que han fracasado en un matrimonio (Mateo 19:8-9; Deuteronomio 24:1-2).
  2. Toda disputa matrimonial debe ser resuelta en el seno del matrimonio, el divorcio “por cualquier causa” entre dos personas no es reconocido ante Dios y el matrimonio es firme ante los ojos de Dios entre tanto dos personas vivan (Mateo 19:3-6).
  3. Si uno de los cónyuges se divorcia secularmente “por cualquier causa”, para Dios el matrimonio sigue vigente, e incurre en adulterio quien se case nuevamente, haciendo a su vez adúltero a quien se casa con esa persona (Mateo 19:9)
  4. La solicitud de divorcio solo es reconocida en caso de inmoralidad sexual (fornicación) de uno de los cónyuges. En tal caso, el cónyuge afrentado puede presentar carta de divorcio y tanto el uno como el otro son libres de casarse nuevamente (Deuteronomio 24:1-4; Mateo 19:8-9).
  5. La solicitud de divorcio es un proceso establecido por Moisés e inspirado por el Espíritu Santo. Como proceso divinamente inspirado, garantiza el reconocimiento ante los ojos de Dios de la separación o destrucción del pacto matrimonial anterior. Dando libertad, por tanto, para un nuevo casamiento (Deuteronomio 24:1-4). Jesús no rechaza o modifica el argumento de Moisés, solo lo acota correctamente explicando que cuando Moisés habló de “alguna cosa indecente”, no se refería a “cualquier causa”, sino a “fornicación”, y por tanto, solo en ese caso es válida la carta de divorcio. Como el matrimonio es una institución divina vitalicia (Romanos 7:1-3; 1 Corintios 7:39), la destrucción del pacto matrimonial mediante la carta de divorcio “por causa de fornicación” es equivalente a una declaración de defunción (Deuteronomio 24:3) donde las partes quedan libres para casarse nuevamente.
  6. La carta de divorcio es la destrucción de un pacto previo, y es abominación para Dios que, después haber destruido el matrimonio y haber tenido relaciones sexuales con otra persona, los cónyuges desdigan sus palabras y decisiones para volver al matrimonio anterior.

El divorcio no es la primera opción, no es un método educativo “para que aprenda”. El divorcio bíblico también es para toda la vida. Por tanto, quien solicite divorcio debe pensarlo bien y hacerlo solo como último y final recurso imposible de deshacer.

  • El término fornicación no significa adulterio, sino inmoralidad sexual. La fornicación es una definición que abarca todo tipo de actividades sexuales incorrectas ante los ojos de Dios,[vii] e incluye el adulterio (1ra a los Corintios 5:1). El adulterio se refiere a las relaciones sexuales fuera del vínculo matrimonial.
  • Para Moisés, una persona es envilecida o mancillada cuando tiene relaciones sexuales con otra, fuera del matrimonio, o comete inmoralidad sexual. En Deuteronomio 24:4, la mujer es envilecida pues, al tratar de reactivar el primer matrimonio, se considera nulo su segundo matrimonio y por tanto fue fornicación y adulterio con relación al primero.
  • La sentencia de divorcio en Deuteronomio 24 es una forma de liberación del pecado de indecencia o fornicación, equivale a la muerte (v.3), de modo que el cónyuge liberado ya no continúa teniendo “alguna cosa indecente” o “fornicación” (Mateo 19:9), y por eso es libre para casarse de nuevo (Deuteronomio 24:2).

Esto implica que, el adulterio solo ocurre

  1. cuando dos personas están casadas y una tiene relaciones sexuales con una tercera.
    1. Cuando dos personas están separadas y una tiene relaciones sexuales con una tercera,
    2. Cuando dos personas están divorciadas secularmente, pero no ha mediado la fornicación de modo que el matrimonio sigue vigente ante los ojos de Dios, y una de las dos tiene relaciones sexuales con una tercera.

Al mediar fornicación y una petición de divorcio, el matrimonio es disuelto y ya no se incurre en adulterio si uno de los cónyuges se casa con otra persona. Aunque obviamente, para que esto ocurra, uno de los dos debió haber cometido alguna inmoralidad sexual, y lleva el pecado de lo que ocurrió y Dios se encargará de juzgar ese pecado (Hebreos 6:27-28; 1ra a los Corintios 6:9).

Ningún segundo matrimonio después del divorcio por causa de fornicación es un adulterio perenne. La carta de divorcio es la manera de Dios de solventar el problema de corazones corrompidos y endurecidos en el matrimonio (Mateo 19:8).

  1. El matrimonio no está irremisiblemente roto cuando ocurre el adulterio. Aunque la mayoría de las referencias bíblicas al adulterio implican una sentencia terminal de parte de Dios para las personas involucradas determinando así el final del matrimonio (Levítico 20:10), libros como Oseas y la misma conducta de Dios hacia su novia Israel (Ezequiel 16) implican que aun cuando hay adulterio, el “amor cubre multitud de pecados” (1ra de Pedro 4.8) y existe una esperanza. La afirmación de que el retorno al matrimonio anterior es “abominación delante de Jehová” (Deuteronomio 24:4), es contrastada por la sangre de Jesús quien nos justifica y purifica y limpia delante de Dios (Hechos 10:14-15, cf. Hechos 10:28).

No por ser perdonable el adulterio deja de ser traumático y extremadamente dañino para el matrimonio y para los dos involucrados. El capítulo 16 de Ezequiel describe el juicio de Dios sobre el adulterio en Israel, y aunque termina el capítulo ofreciendo restauración, las consecuencias del adulterio traen gran dolor a todos los involucrados.

Algunos principios sobre el matrimonio:

  1. El matrimonio es una relación de “una sola carne” establecida divinamente y con un significado extraordinario a los ojos de Dios (Génesis 2:24: Mateo 19:5; Marcos 10:8.)
  2. El matrimonio es un pacto de por vida hasta que la muerte los separe (Romanos 7:1-3; 1ra a los Corintios 7:39; Mateo 19:4-6).
  3. Dios pone fin a esta relación de matrimonio de una sola carne solo por medio de la muerte de uno de los dos cónyuges (Romanos 7:1-3; 1 Corintios 7:39), o de la carta de divorcio a causa de fornicación (Mateo 19:9; Mateo 5:32).
  4. La gracia y el poder de Dios son promesas suficientes para capacitar a un cristiano divorciado para estar soltero toda esta vida terrenal si es necesario (Mateo 19:10-12,26; 1 Corintios 10:13). La soltería de por vida es una opción recomendada y preferible en las Escrituras a fin de consagrarnos al servicio de Dios.

Recomendaciones para las Iglesias

  1. Deberá implementarse algún tipo de atención y apoyo a los divorciados, con el propósito de
    1. sanar los traumas ocasionados por el fracaso o fracasos anteriores,
    2. identificar y enmendar los errores y conceptos que pudieron haber propiciado el fracaso matrimonial anterior
    3. identificar y corregir los malos hábitos, conceptos, y patrones de conducta que pudieron adquirirse debido a estas malas experiencias
    4. restaurar las esperanzas e ilusiones destrozadas por el fracaso o fracasos anteriores
    5. en el caso de que haya ocurrido un divorcio, o una separación, pero no haya mediado adulterio, recomendar y facilitar la restauración del matrimonio, pues a los ojos de Dios el matrimonio sigue siendo válido.
    6. Incluso en los casos de divorcios donde ha mediado el adulterio, buscar, siempre que sea posible en los corazones de los involucrados (Mateo 19:8), la restauración del hogar, sobre todo en los hogares donde median hijos en común.
  2. Deberá implementarse una comisión de revisión pre-matrimonial en el caso de que algún divorciado busque casarse nuevamente. Esta comisión identificará:
    1. La validez o no del divorcio anterior bajo la premisa de Mateo 5:32 y Deuteronomio 24:1.
    2. La responsabilidad del divorciado en el fracaso válido (por adulterio) del matrimonio anterior.
      1. Si su responsabilidad fue activa o pasiva.
      2. En caso de que haya incurrido en adulterio, la comisión identificará si realmente es un cristiano arrepentido
      3. Proveer consejería y sabiduría para este nuevo matrimonio.
  3. Una vez verificados los pasos anteriores, deberá honrarse a quienes, a pesar de fracasos previos aun intenten formar una familia dándoles los mismos derechos y honra que aquellos que lo hacen por primera vez. Si se piensa bien, es muy admirable levantarse después de una terrible caída y atreverse a intentarlo de nuevo.

Consejos breves a aquellos que están casados

  1. Cualesquiera que sean las crisis matrimoniales que estés enfrentando, el diseño y deseo de Dios es la restauración del matrimonio, y su mandamiento es: “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”. Utiliza todos los medios a tu alcance para sanar tu relación con tu cónyuge con toda sabiduría y temor de Dios. No hay justificación suficiente delante de Dios para renunciar a luchar por tu familia. Recuerda, tu pacto no solo es con tu cónyuge, es con Dios. Recuerda, la razón para seguir juntos no está fundamentada en emociones pasajeras como el gusto, la alegría, la felicidad, o la pasión; la razón fundamental es el pacto que hicieron el uno con el otro y delante de Dios. Perseverando, Dios les bendecirá y restaurará.
  2. Si te se has casado más de una vez. El plan de Dios no es que regreses al primer matrimonio (Deuteronomio 24:4), a pesar de los fracasos anteriores (Deuteronomio 24:2). Dios reconoce el nuevo matrimonio (Deuteronomio 24:2; Juan 4:18) y espera que guardes con santidad el lecho matrimonial (Hebreos 11:4). Yerran quienes le recomienden regresar.

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