Se dice que hubo un rey muy bueno, quien siendo víctima de la ira de una malvada hechicera se refugió en su castillo a fin de protegerse de sus embrujos. La hechicera, al verse frustrada de su satisfacción, decidió envenenar entonces el agua del único pozo del pueblo.
Poco a poco los de la ciudad fueron bebiendo de aquella agua, y en breve todos fueron perdiendo la razón. El desorden y desenfreno llenó cada hogar y barriada de la ciudad mientras los vecinos desquiciados se agredían unos a otros cometiendo atrocidades entre sí, reinaba la violencia en todas partes y la ley del más fuerte, muchos comían heces de animales, y otros utilizaban las manos o los codos para caminar en lugar de los pies.
No pasó mucho tiempo y pronto que se dieron cuenta de que el único que no participaba de aquellas “actividades” era el rey, y comprendieron que el rey era diferente: “está loco” dijeron al ver su actitud pacífica, cómo vestía, lo que comía y cómo caminaba sobre sus pies.
Llenos de desprecio, asaltaron iracundos al palacio, dispuestos a derrocar a un rey tan demente. No resistieron las puertas el enojo de la turba enfurecida y el rey que había perdido la razón fue capturado y conducido a las afueras del pueblo para ser expulsado de la ciudad.
Sin embargo, al pasar cerca del pozo el depuesto gobernante tuvo una idea que le permitiría recuperar el trono. Conocía los métodos de la hechicera y sospechó que la raíz de toda aquella enajenación era probablemente el agua envenenada. Así que pidió beber del pozo antes de ser expulsado.
¡Grande fue la alegría del pueblo que bailaba alegre en sus harapos celebrando como el rey había vuelto a sus cabales! Y delante de todos iba el rey contento desnudo, caminando con sus manos como si fueran pies, mientras se detenía de vez en cuando para decapitar a algún campesino junto al camino.
Mirando con los ojos de Dios
Uno de los pasajes de Jesús más conflictivos y estudiados es el Sermón del Monte y es considerado, por muchos, como el texto que contiene las enseñanzas fundamentales del cristianismo.
El gran problema que enfrentan los estudiosos de este sermón de Jesús es el modo de aplicar estas enseñanzas a la vida diaria. El texto que estamos viendo hoy pertenece una sección de este sermón: las bienaventuranzas de Jesús.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
Mateo 5:10-112
Bienaventurado significa: básicamente “muy grande”, implicando satisfacción propia, felicidad, seguridad, sentido de realización personal, ser grandemente bendecido por Dios. Las bienaventuranzas son, en esencia, una mirada a la perspectiva que tiene Dios de la felicidad, de la bendición, de la prosperidad, de la satisfacción y realización personal. Al leer este pasaje, teniendo en cuenta solo esta palabra inspirada por el Espíritu Santo, es como si viéramos a través de los ojos de Dios hacia quiénes son realmente los bendecidos sobre la tierra.
Y ahí es donde aparece el primer conflicto. Porque las bienaventuranzas de Dios no coinciden con las nuestras. Contrario a lo que creemos actualmente, los bendecidos de Dios no son los que viajan, o los que tienen mucho dinero, o los que son aplaudidos por todos alrededor. Para Jesús los bendecidos son los que “padecen”, son “vituperados” (insultados), dicen “toda clase de mal” contra ellos, los que son “perseguidos”.
El principio de Jesús es contraproducente con nuestros estándares de felicidad basados en el éxito económico y la popularidad. Es imposible ser económicamente prósperos cuando estamos siendo perseguidos, o buscan cada una de nuestras puertas y nos las cierran con tal de que caigamos en la situación que otros desean. Es imposible ser populares cuando a nuestro alrededor todos nos condenan. Pero Jesús dice que estas personas son las felices, dichosas, grandemente bendecidas.
No todos los oprimidos son bienaventurados
Ahora, solo para aclarar, Jesús no está hablando de todos los perseguidos, ni de todos los que son víctimas de insultos, o de todos aquellos de quienes se habla mal. Aunque la tendencia humanista es considerar santos y más cerca de Dios a los oprimidos, eso no es lo que dice este pasaje. Para Jesús no todos los oprimidos son bendecidos por Dios.
Solo los perseguidos “por causa de la justicia”, y que son falsamente acusados toda clase de maldades.
¿Cuál justicia?
La primera parte es un poco difícil de entender, el problema radica en determinar qué es “justicia”. Cuando Jesús dice:
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia”.
Mateo 5:10
En este texto Jesús no se está refiriendo a los que son perseguidos por algún organismo de justicia legal. Sino a los que son perseguidos por vivir según la justicia.
Ahora el problema es definir qué es justicia, sobre todo teniendo en cuenta las definiciones contemporáneas de justicias que son diferentes a la de la Biblia.
Por ejemplo, para la ECURED[i] la justicia es: “Es un valor determinado por la sociedad”. Y “se basa en un consenso amplio en los individuos de una sociedad sobre lo bueno y lo malo, y otros aspectos prácticos de cómo deben organizarse las relaciones entre personas”. De modo que la justicia, en este concepto depende de la nación o cultura donde nos desenvolvamos. En unas comunidades es correcto hacer algo y en otras no lo es. Justicia, según esta definición es sinónimo de adaptarse a la sociedad y a su criterio.
El concepto es correcto hasta que descubrimos que las comunidades de personas, aunque muchas veces dan prioridad a valores buenos, y virtuosos, en ocasiones fomentan el odio, el egoísmo, y la maldad.
Para nadie es un secreto las comunidades nativas de Suramérica donde en su cultura el canibalismo era correcto, tampoco es un secreto las tradiciones orientales donde el matrimonio con niñas de 11 y 12 años es bueno y hasta recomendado, no podemos olvidar la historia de una nación como la alemana que dedicó todas sus fuerzas al exterminio sistemático de millones de civiles judíos en campos de concentración. Aunque el ser humano puede ser expresar bondad en modos maravillosos, también es capaz de generar niveles de maldad insospechados. La medida de lo bueno y lo malo, no puede ser la misma sociedad.
Sin ir a niveles tan críticos, nuestra sociedad cubana, aunque tiene un sistema judicial que prohíbe prácticas delictivas, la realidad es que a nivel de calle hoy se fomenta el adulterio, la mentira, la estafa, el resentimiento, el alcoholismo, la homosexualidad, el racismo, el feminismo y el machismo, la violencia, el aborto, el abandono a los hijos, el rechazo a la familia, el robo, el abandono de los adultos mayores, la irresponsabilidad social. Y todo está bien mientras se está en el lado del que estafa, del que miente, del que abandona, del que segrega, del que roba, del que violenta. En las iglesias, tristemente, también enfrentamos situaciones similares, hay chismes, lucha de poderes, mentirosos, adúlteros, ladrones, hipócritas que aparentan piedad y palabras dulces y con esas mismas palabras se abren paso creciendo en los círculos eclesiásticos rodeándose de seguidores que conquistaron con “favores” y quienes tienen mucho que perder si se alejan de estos “bendecidos” y “triunfadores”.
Alrededor nuestra la sociedad constantemente redefine el término justicia. Pero los hijos de Dios tenemos un punto de referencia y es la Palabra de Dios. Sobre ella edificamos nuestra casa (Mateo 7:24).
La Biblia define claramente quien hace justicia, y de dónde viene esa justicia.
Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. 7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
1ra de Juan 3:6-7
En la revelación de Dios, toda vez que se habla de justicia se hace en referencia a Dios. Dios es Santo, es Justo, no hay pecado en Él. La mayor referencia de justicia del universo es la condena de Dios al pecado en todas sus formas. Contrario a lo que piensan algunos, el pecado no tiene que ver con el modo de vestir, o la música que se escucha, o las palabras que se usan, sino con una condición interna de nuestra alma: el que hace justicia es porque es justo y no al revés. Y el que es justo lo es porque conoce a Dios.
Dios es invariable, su justicia no te condena hoy para progresar con los años y cambiar de criterio. Su justicia es eterna, sólida, verdadera, y basada en el conocimiento supremo y omnisciente de Dios. En Dios no hay mudanza ni sombra de variación. Su perfección es su mejor argumento. Él es la vara por la cual todos nos medimos. Su santidad es nuestro punto de referencia. No hay maldad en Él. Dios es el equilibrio perfecto entre el amor y su justa ira. Él no tendrá por justo al impío (Nahúm 1:3; Éxodo 34:7), no se dejará sobornar ni engañar por la hipocresía oculta bajo miradas piadosas. Dios es Santo, Santo, Santo. Y en comparación a Él todos somos hemos fracasado en alcanzar la justicia (Romanos 3:10-20).
Juan enseña que el que hace justicia lo hace al tener a Dios como punto de referencia:
el que hace justicia es justo, como él [Dios] es justo.
1ra de Juan 3:7
Y ese punto de referencia solo se alcanza al caminar juntos. El discípulo que está junto a su maestro termina trabajando y actuando y hasta hablando y sintiendo como su maestro. El cristiano que hace justicia es justo, como su Maestro es justo.
Muchas personas a nuestro alrededor imitan, sin embargo, todo tipo de acciones “de justicia”, “de piedad”, “de misericordia”, “espirituales”, “cristianas”. Pero en realidad están lejos de la comunión con el Justo. Su actuar es vano y tratan de alcanzar el favor de Dios mediante buenas acciones. La creciente popularidad de las iglesias evangélicas en Cuba y en el mundo han atraído a muchos quienes en realidad no han nacido de nuevo. Simplemente han aprendido las costumbres y apariencias cristianas. Saben “orar correctamente”, saben “alabar correctamente”, saben vestirse como cristianos, caminar como cristianos, hablar como cristianos, participan en los puestos de liderazgo de la iglesia y pasan años creciendo en su vida comunitaria con los creyentes, pero no en su comunión real y sincera con Dios.
La verdadera justicia viene de caminar con Dios. Y esto implica que hay una falsa justicia alrededor nuestro. Una justicia que proviene de las apariencias, de los esfuerzos humanos, del intento de comprar la bendición y felicidad de Dios mediante obras de aspecto piadoso
¿Cómo diferenciar a los verdaderamente justos de los aparentemente justos?
El verdaderamente justo ama la justicia de Dios más que todas las cosas terrenales. Y no es que no ame las cosas terrenales, sino que cuando se presenta la disyuntiva es incapaz de escoger lo terrenal antes que lo celestial. Los aparentemente justos ceden fácilmente a la tentación, a la duda, a la fama, al dinero, a la mentira, al ego, a la vanagloria, al orgullo, a la autoprotección, a su propia sabiduría.
El justo prefiere mil veces ser perseguido, rechazado, injuriado que alejarse de su Salvador. El justo persigue a la justicia, y la injusticia busca desacreditarlo, desanimarlo, encadenarlo, pero el anhelo por la justicia en el justo es mayor que todo el dolor que la injusticia pueda provocar.
¿Qué es entonces la justicia?
¿Qué es justicia? Justicia es Dios. Justicia es la buena noticia de Dios: el evangelio. Lo que Jesús está diciendo en este pasaje es que los que hacen justicia pagan un precio por hacerlo.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:10
La Biblia es la narración de cómo la justicia de Dios se ha estado manifestando en la tierra, y hombres y mujeres en todas partes la han rechazado una y otra vez. La Biblia es la historia de otros hombres y mujeres sedientos, tan sedientos como para atravesar fuegos impetuosos, enfrentar ejércitos enteros, gigantes, montañas, zarzas ardiendo, leones y osos furiosos, mares impetuosos, amigos traicioneros y mucho más por causa de esa sed.
Jesús promete:
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Mateo 5:6
La contrapartida a la justica de Dios es la manipulación
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
Juan 3:19-20
Levantando ronchas
Cuando usted hace lo correcto, las personas comienzan a sentirse amenazadas. Usted no está haciendo lo que ellos esperan, de hecho, su actitud denuncia y socava los fundamentos mismos de lo que ellos representan. Les está agrediendo. Empiezan las frases: “aquí no se hace así” y “debes hacer esto de esta manera”.
El que verdaderamente es justo escuchará las recomendaciones, verificará en la Palabra de Dios lo correcto (Mateo 7:24), tendrá en cuenta la guía del Espíritu Santo (Romanos 8:14), alineará su rumbo con el propósito específico de Dios en su vida (Efesios 2:10) y tomará una decisión basado en estos criterios.
Si no entiendes por las buenas…
Ahora, si la decisión que ha tomado el justo no es la que quieren que tome, puede incrementarse el nivel de presión. La incomodidad ha alcanzado niveles críticos. Ahora comienzan a verificar cada uno de sus movimientos, y a ver qué hace mal para denunciarle y demostrar que no es tan bueno como dice o para sacarle del medio porque ahora es un estorbo para sus planes.
Comienzan a aparecer situaciones embarazosas. Si no haces lo que “debes hacer”, esto se va a poner feo. Hay malas caras, silencios incómodos, expresiones de rechazo. Ahora es definitivamente un “rebelde”, un “conflictivo”, un “subversivo”. Su modo de actuar condena explícitamente lo que ellos llaman bueno y estorba sus malas obras.

Sin embargo, persevera haciendo lo bueno, saluda, muestra amor a pesar de los malos gestos (Mateo 5:44). Camina la otra milla (Mateo 5:41)
O entras por el aro, o entras por el aro
«padecen persecución por causa de la justicia»
Mateo 5:10b
En la tercera etapa comienza la caza. Ya no puedes, ya no tienes. Se cierran algunas puertas cruciales. Si antes las consecuencias de la santidad era solo el distanciamiento social, ahora incluyen la remoción de algunos privilegios e incluso derechos importantes para la vida. Somos seres sociales. Pero somos minoría y ellos mayoría, les es más fácil a ellos prescindir de nosotros que nosotros de ellos. Los daños colaterales comienzan a aparecer en formas materiales, desgastes del cuerpo, esfuerzos extras.
Si a veces la persecución ciertamente toma formas de violencia física, otras tantas es solamente una cacería silenciosa. Como hábiles acechadores rodean al justo de trampas, muros, venenos, y situaciones que le fuerzan a romper las tradiciones a cometer un error, a demostrar su incapacidad.
El justo ya entiende el mensaje, todo cambiará si renuncio a este modo de vida y me adapto al de ellos ¡Es tan fácil! Pero el Espíritu de Dios es poderoso en nosotros (Romanos 8:27-39). La luz resplandece más fuerte mientras más oscuras son las tinieblas (Juan 1:5). La presión sigue, y el creyente comienza a sentir agotamiento, vienen las dudas, Dios está obrando.
La telaraña de Carlota
«vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo»
Mateo 5:11a
Una de las facetas de la persecución es la murmuración. Como en la novela de literatura infantil de E. B. White, comienzan a usarse las palabras como telas de araña, aunque no para hacer el bien.
Algunas personas, de la abundancia de su corazón comienzan a tejer una red de mentiras para destruir la reputación y movilidad del creyente. Inventan a diestra y siniestra con tal de arrasar y devastar.
Aunque a veces las difamaciones son intencionales y falsas, en muchas otras son, simplemente el reflejo de sus propios corazones. El ladrón piensa que todos son como él, dice un adagio popular. Y el no-cristiano es incapaz de creer en la cobra del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes. Así que, cuando una persona toma un camino social o familiarmente inesperado, en lugar de asumir que están tomando el buen camino por una buena razón, suponen razones tan superficiales o perversas como las que les moverían a ellos.
Es entonces que aparece todo un conjunto de teorías sobre las razones que le mueven a actuar así. El adulterio, la mentira, la fornicación, el robo, la estafa, la avaricia, las ansias de poder, la venganza, el odio, y otros argumentos similares son esgrimidos como razones supremas para la conducta del creyente.

Intencionalmente o no, se crea una red de insultos y toda clase de historias que hacen ver mal al justo. Los chismes creados de este modo viajan lejos y ocasionan mucho daño y angustia al justo. La murmuración cobra vida por sí misma y daña relaciones interpersonales de todo tipo, creando una barrera invisible contra la que es difícil luchar, porque a veces el justo desconoce que existe o hasta dónde ha llegado. Más allá del daño inmediato, y del daño a la autoestima y valor propio del afectado, está el daño en el tiempo. Un chisme es como una mala yerba, después que creció, se va arrastrando y cubre todo alrededor extendiéndose a lugares insospechados. Se pierden amigos, se cierran más puertas, se perciben miradas extrañas de desconocidos y viejos conocidos, aparecen las palabras que se “escapan” en una conversación con personas que nada tienen que ver con nuestra historia y nos hacen sospechar algo, temer algo, pero no estamos seguros.
Pensamos tanto en el buen testimonio de Cristo que debemos dar ahora echado por tierra. ¿Qué pensarán mis amigos, mis familiares, mis compañeros de trabajo o estudio? Es un momento de gran frustración, todas las buenas obras, el temor de Dios, el respeto a la Palabra de Dios y el amor hacia los demás ofrece un fruto agrio.
De más está hablar de la soledad, tantas personas comienzan a dar la espalda. A veces el chisme toma proporciones escalofriantes dignas de una novela latinoamericana o de un programa de “Caso Cerrado”. ¿De qué han servido tantas buenas obras? ¡Nadie me respeta! ¡Nadie me valora! ¡Quizás hubiera sido más fácil rendirme!
Pero no se rinde, aunque a veces quiera, no puede. Hay un poder en su interior que le da fuerzas más allá de toda esperanza, de toda la cordura de este mundo. La gracia de Dios y la fortaleza del Espíritu Santo por medio de Jesucristo son más fuertes que el mal que les rodea. Pablo decía:
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:37-39
Lo esencial es invisible a los ojos
«Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos»
Mateo 5:11
Hay algo tremendo en el último versículo del texto que estamos analizando. Si los versículos 10 y 11 presentaron situaciones que desanimarían a cualquier persona, el versículo 12 nos recuerda el comienzo de los dos anteriores: “¡Bienaventurados y bienaventurados!”.
El contraste de este texto no es único en la Biblia, los Salmos están llenos de contradicciones semejantes.
En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. 3 Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. 4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Salmo 23:2-4
En este Salmo tan conocido hay un marcado contraste entre los versículos 2 y 3 contra el 4. Toma nota, Dios te guiará a delicados pastos, a sendas de justicia (2 y 3) y andarás por el valle de sombra de muerte. En nuestra mentalidad humana los versículos 2 y 3 contradicen al 4. En la mentalidad divina no es así. Dios es los delicados pastos, Dios es la senda de Justicia incluso en el valle de sombra de muerte. Por esa razón el salmista inspirado dice: “no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.
Esta enseñanza de David no es ajena a la enseñanza de Jesús quien dijo:
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Juan 16:33
Para los hombres naturales, tener paz significa no tener aflicción. Para Jesús la verdadera paz es la que es fuerte en medio de la aflicción. He ahí la naturaleza única del cristianismo, la victoria tremenda del creyente.
Dios tiene un propósito en medio de la aflicción
¿Cómo es posible? Porque en medio de toda esta situación adversa, Dios está obrando, utilizando a los perversos para el crecimiento de sus hijos. Transformando lo que ellos piensan para mal en bendición (Génesis 50:20).
El creyente crece en medio de las dificultades. Tristemente tenemos la tendencia a depositar toda nuestra confianza en nuestras fuerzas, y el primer problema está en que esa es “toda nuestra confianza”. Sabemos lo que podemos y estamos confiados en ese poder que tenemos a mano. El segundo problema es que el verdadero potencial del cristiano no despierta cuando descubrimos nuestras capacidades y las usamos, sino cuando descubrimos las capacidades de Dios y dependemos de Él.
Pero en situaciones normales somos incapaces de descubrir el potencial de Dios, somos incapaces de depender del poder de Dios cuando tenemos el nuestro a mano. Una de las estrategias de Dios para liberar nuestra capacidad, es quitarnos lo que nos impide crecer.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
2da a los Corintios 12:9

Y a veces eso implica ser afligido, ser perseguido, ser injuriado. La gracia de Dios se manifiesta más grandemente cuando ponemos toda nuestra esperanza en ella. Y ello implica pagar un precio, el precio de dejarse llevar, de confiar en el Maestro, de perseverar haciendo lo bueno por amor a lo que es Perfecto.
La diferencia entre un hijo de Dios y un religioso que asiste a la iglesia está en el costo. A la hora de hacer justicia, el hijo de Dios obra en cierto modo porque así ha visto hacer a su Padre celestial, y no sabe hacer otra cosa que lo correcto ante los ojos de Dios. No es un negocio, es un anhelo, es la confianza en las promesas de Dios y el aprecio a la relación con Él. Es el ansia tremenda de disfrutar del deleite de la presencia de Dios.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
Romanos 8:18
El no-cristiano o el aparentemente-cristiano, sin embargo, no está dispuesto a pagar el precio de la justicia, de la presión social, de la difamación, de los insultos. Y se acomoda a la justicia de este mundo viviendo, tristemente una vida miserable de formas ante que de esencias, de religión antes que de relación. Acomoda la santidad a sus términos, pone paréntesis a la santidad de Dios, explica la teología cristiana de forma más práctica, “Dios tiene que entenderme”, dice.
De ellos es el reino de los cielos
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:10
El reino YA es el regalo de Jesús para sus hijos que están dispuestos a tomar la cruz cada día:
Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, 21 ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros.
Lucas 17:20
El reino YA es el regalo de Jesús (Lucas 11:20; 10:9-11; 6:20; 8:10). Yerran los que creen que la bendición del cristiano es solo en el futuro lejano, el reino de Jesús es YA.
- Ahora tenemos entrada al lugar santísimo por la sangre de Jesús, por la cual nos da acceso ante el trono mismísimo del Dios Todopoderoso para presentar nuestras peticiones con corazones confiados en plena certidumbre de fe sabiendo que Él está atento a nuestras oraciones y manifiesta su gloria constante en nuestras vidas (Hebreos 10:19-23).
- Ahora tenemos al Espíritu Santo de Dios, la promesa esperada por todos los profetas, capacitándonos, empoderándonos anhelándonos, llenándonos cuando le buscamos (Efesios 1:13-14).
- Ahora tenemos la santificación, que es el proceso donde Dios quita todo lo malo de nosotros y nos convierte en mejores personas para Él y para el mundo, y ese proceso sana nuestras vidas, matrimonios, relaciones interpersonales, proyectos futuros y más (Romanos 6:22)
- Ahora tenemos respuesta segura a todas nuestras oraciones (1ra de Pedro 3:12)
- Ahora tenemos la garantía de que nada ni nadie nos apartará del amor de Dios (Romanos 8:28ss)
- Ahora tenemos la seguridad de que Dios está siempre a nuestro lado, peleando por nosotros, defendiéndonos, y su ira es tal contra los que nos agreden que el amor mismo de Dios nos impulsa a predicarles el evangelio a devolverles amor por odio, a pedir misericordia y gracia sobre sus vidas (Mateo 5:44; Marcos 9:42; Mateo 28:20).
- Ahora somos instrumentos de poder en las manos de un Dios Misericordioso (Marcos 16:17-18).
El reino es ya, pero todavía no. Y Jesús lo aclara en este pasaje:
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos
Mateo 5:12
Hay una recompensa en los cielos para los seguidores de Cristo, para los que han tenido por valioso el galardón celestial, para los que tuvieron por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de este mundo (Hebreos 11:26). El galardón es grande dice Jesús.
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. 6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. 7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
Apocalipsis 21:3-7
La Contrapartida
Como en un espejo, que se ven las cosas invertidas, hay un texto donde Jesús dice cuál es la alternativa a esta difícil ruta, la alternativa a no pagar el precio.
¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas.
Lucas 6:26
En Lucas 6, Jesús habla de recompensas (vv. 1, 2, 4, 5, 6, 16, 18). Muchos son pragmáticos, quieren la recompensa ahora en la tierra, pero Jesús dice que al hacerlo “ya tienen su recompensa”, dando a entender que no tendrán más. El versículo 26 habla de personas que se proyectan como siervos de Dios, igual que los antiguos falsos profetas. Personas que aparentan piedad, bondad, fe, mansedumbre, temor de Dios, pero en realidad evitan pagar el precio, en realidad no anhelan tanto la patria celestial sino los aplausos y la aprobación de todos alrededor. Jesús dice, mírate a ti mismo. Analiza qué recompensa estás deseando, la terrenal o la celestial, a quienes aprecias más: a la gente a tu alrededor o al Padre de las luces, qué anhelas: más la presencia de Dios, o la aprobación de quienes te rodean.
El escrito se ha vuelto largo y debo terminar, pero mientras más estudio este tema más deseo añadir pasajes de la Biblia que hablan mucho más de lo que yo pueda decirte. Te animo a que leas Lucas 6, Mateo 5, Romanos 8, el Salmo 23, y cada uno de los contextos a los pasajes citados. ¡Dios tiene tanto que decirte con su Palabra!
[i] https://www.ecured.cu/Justicia
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