Corría el año 2017, y Julio Melgar, uno de los más apreciados músicos cristianos de Latinoamérica es diagnosticado de cáncer en el estómago. Impasible, la enfermedad se va expandiendo y se aloja en el páncreas. La salud del salmista se deteriora. Ante el progreso de la enfermedad, el 11 de Marzo de 2019, músicos y líderes internacionales conmovidos por la salud de Melgar, celebran un evento titulado “Unidos con Julio Melgar” para clamar a Dios por la salud del cantante y recaudar fondos para los gastos médicos. Habiendo impactado la vida de importantes compositores, artistas, y predicadores cristianos internacionales como Christine D’Clario, Marcos Witt, Dante Gebel, Daniel Calvetti, Redimi2, Danilo Montero y otros, la enfermedad Melgar estremece a un sinnúmero de cristianos de todo el mundo.[i]
Aquel día, una multitud ferviente se unió a adoradores, pastores y líderes cristianos de renombre internacional para orar a Dios por Melgar. Bien pronto las palabras proféticas de reconocidos líderes comenzaron a anunciar una completa restauración en la vida del salmista. “El tiempo del invierno está pronto a terminar, dice el Señor, comenzarán a germinar nuevas semillas, nuevos árboles, con nuevos frutos sobre tu vida, dice el Señor […] te levanto, dice el Señor, como un portador de fruto abundante”, “No aceptamos un no por respuesta”, “declaramos ángeles de sanidad interviniendo en tu vida en esta hora […] viene una operación celestial sobre tu vida”, “profetizamos sanidad, vida, unción, en el nombre de Jesús”, “en el nombre de Jesús de Nazaret hablamos vida, hablamos salud […] dice verás mi bien, verás mi gracia, los hijos de tus hijos cantarán […] verás a tus nietos celebrando mi nombre”. [ii]
Pero, poco más de un mes después de este concierto bienintencionado, el 19 de Abril, a las 2:00 de la tarde, fallece Julio Melgar. El salmista, arriba a las moradas celestiales, donde, finalmente, descansa de los afanes de esta vida y espera junto a tantos más el sonido de la final trompeta donde los muertos en Cristo resucitarán primero, antecediendo a los que quedemos para reunirnos todos en las nubes con Él (1ra a los Corintios 15: 52).
Sin embargo, un pregunta queda en el corazón de tantos creyentes fieles que oraron y declararon bendición sobre el cantor ¿Qué falló en las profecías? ¿Qué falló en las proclamaciones positivas? ¿Faltó la fe en los que oraban o en los de la multitud presente aquel día? ¿Qué hicimos mal?
Esta sensación de ineficacia, y confusión ante las declaraciones proféticas y confesiones positivas no son exclusivas de este evento, diariamente millones de cristianos en todo el mundo experimentan frustraciones semejantes. Muchos cristianos hemos proclamado, anunciado, decretado, confesado positivamente y declarado proféticamente para luego ver que nada de lo que hicimos funcionó.
¿Son antibíblicas las declaraciones proféticas y la confesión positiva?
Para determinar si estas tendencias en la oración son correctas o no, es importante hacer una aclaración: las doctrinas de declaración profética y confesión positiva son prácticamente indistinguibles en el argot cristiano actual, pero son, diferentes en su esencia y fundamento.
La confesión positiva
Para aclarar, el término “confesión positiva” tiene sus raíces en la psicología moderna y el pensamiento positivo, y no por ello debiera desecharse en nuestra práctica diaria. Es una conducta recomendada para lidiar, en nuestro interior, con situaciones difíciles.
No es malo expresarse positivamente en medio de circunstancias adversas. De hecho, la expresión positiva ayuda a despertar y motivar el alma en medio de la crisis y es un buen aliciente psicológico en medio de la depresión. Muchas veces, cuando las personas están tocando fondo por la depresión, los pensamientos negativos inundan sus mentes, y expresar audiblemente buenas ideas les ayudan a sacudirse la ceguera temporal ocasionada por el estrés.
El salmista lo sabía, por eso se decía a sí mismo:
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
2 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
Salmo 103:1-2
A continuación, el salmista inspirado, hablando a su alma, enumera las obras positivas de Dios sobre su vida y su nación. Confesar las bendiciones de Dios en alta voz anima y motiva el alma abatida.
El vaso medio lleno o medio vacío
Es común que muchas personas en medio de la crisis sean invadidas por el pesimismo. En esos casos, es recomendable resaltar los aspectos positivos de la situación.
Siempre, incluso en los momentos más difíciles, hay aspectos positivos que pueden animarnos a seguir adelante. Como en la ilustración del vaso con líquido hasta la mitad, el pensamiento pesimista lo ve medio vacío y se deprime, mientras que el positivo lo ve medio lleno y se anima. Aunque objetivamente ambos tienen razón, un modo de pensar es más saludable que el otro.
Como cristianos podemos usar la sabiduría para ver lo mejor de las circunstancias adversas, podemos echar mano también de una sabiduría superior, las promesas y la Palabra de Dios (Salmo 103).
Dos extremos dañinos
Un extremo al que se ha llevado la confesión positiva es el de creer que Dios respaldará nuestras palabras, pues las palabras en sí tienen poder, olvidando que no son las palabras quienes tienen el poder, sino Dios. Los que así piensan, creen que, como Dios, tenemos poder creativo en nuestras palabras. Y allí hay un error. La confesión positiva tiene poder psicológico sobre nuestras almas, para animarlas y exhortarlas a la fe. Pero no tienen poder sobre Dios para obligarle a hacer lo que digamos.
Otro problema es cuando la persona, con tal de animarse, comienza a inventarse falsos positivos. Incapaz y renuente con aceptar la realidad, la rechaza y comienza a anunciar y a proclamar una realidad inexistente. Hoy en día la confesión positiva es enseñada como una poderosa doctrina de la iglesia ligada a la oración cristiana y a la fe.
Esta enseñanza contemporánea asegura que lo desagradable se puede evitar al abstenerse de confesiones negativas. Es decir, el creyente que evite reconocer lo bueno y siga afirmando lo positivo, tendrá una victoria espiritual garantizada que afectará incluso lo natural. Así, podrá dominar la pobreza y la enfermedad.
Por tanto, según este criterio, el cristiano enferma porque no ha confesado la sanidad, o porque ha dicho estar enfermo. De este modo, lo que una persona diga, determinará lo que llegará a ser. Se espera que el creyente comience a confesar lo que quiere, aunque aún no lo tenga. Si una persona quiere dinero, debe confesar que tiene dinero, aunque no lo tenga. Si quiere ser sanada, debe decir que está sana, aunque realmente no lo esté.
Según esta posición teológica, el creyente puede tener cualquier cosa que diga. Para sus defensores, la palabra dicha tiene gran poder y, si se repite suficientemente, con el tiempo resultará en fe que obtendrá la bendición deseada.
Algunos versículos que se utilizan en este sentido:
La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.
Proverbios 18:21
Santiago 3:3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. 4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Santiago 3:3-5
Sin embargo, ninguno de esos textos implica que en la palabra expresadatenga poder creativo, o para sanar.
Ciertamente, la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17), y ello implica escuchar una y otra vez la Palabra de Dios. Ciertamente la Biblia recomienda la lectura, meditación y proclamación en alta voz de la Palabra de Dios (Josué 1:8). Ciertamente es bueno proclamar la Palabra de Dios en tiempos difíciles. Pero ciertamente nunca vemos a Jesús diciendo que la cruz no estaba ocurriendo (Lucas 23:34), o a Pablo negando el aguijón que le atormentaba (2da a los Corintios 12:7) o su problema en el ojo (Gálatas 4:14-15), o diciendo a Timoteo que proclamara que su estómago estaba bien y saludable para así ser sano de sus “frecuentes enfermedades” (1ra a Timoteo 5:23).
La negación de la realidad no es una recomendación bíblica. La fe sí. La doctrina de la confesión positiva busca despertar la fe mediante la expresión audible de “la bendición que esperamos recibir” en la certeza de que una vez que confesemos suficientemente algo, entonces lo creeremos, y Dios lo hará. El gran problema es que esta enseñanza pasa por alto la sabiduría y propósito de Dios y la sujeción a su voluntad.
Contrario a la tendencia neo-pentecostal, el reino de Dios es ya, pero todavía no. Aunque hoy podemos disfrutar muchos de los deleites del reino de Dios, aun somos embajadores del reino de los cielos en un mundo rebelde. La tierra hoy está corrupta y espera ardientemente el establecimiento del reino de los cielos y la liberación consecuente de ese día.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Romanos 8:18-21
Ahora, como parte de la creación de Dios, todavía participamos de la “esclavitud de corrupción”. Todavía el león es un animal peligroso, y todavía las bacterias pueden matarnos, todavía la vida eterna no ha afectado totalmente a la naturaleza de nuestros cuerpos, y morimos lentamente. Hasta un día en que el reino ya esté completamente manifiesto y la paz se establezca sobre la creación (Isaías 11:6). El reino de los cielos ya está entre nosotros, pero todavía no está en su plenitud, vemos el poder sobrenatural de Dios sanando, y libertando, pero aun la corrupción en la naturaleza se resiste (Hebreos 2:8).
La confesión positiva es un principio de sabiduría que aparece en la Biblia. Pero cuando es llevado al extremo de negar la realidad, o de tratar de obligar la mano de Dios, contradice la sabiduría humana y la divina. Es bueno darnos palabras de ánimo, es bueno anunciar la grandeza de Dios para nuestras vidas, es bueno perpetuar con nuestros labios las misericordias pasadas de Dios, es bueno recordar audiblemente las promesas futuras de Dios, pero debemos hacerlo reconociendo la realidad que nos rodea y sometiéndonos a la sabiduría infinita de Dios.
Entonces, ¿qué debo hacer?
La conducta correcta no solo la vemos en versículos puntuales de la Biblia como los que ya mencionamos, también se ve en la historia de todos y cada uno de los héroes de la fe en la Biblia. Usted puede leer Isaías, Habacuc, Daniel, Oseas, las Epístolas del Nuevo Testamento, o cualquier otro libro de la Biblia, y siempre va a encontrar hombres y mujeres de Dios que aceptaron la realidad a su alrededor y a partir de ella oraron.
El ejemplo de Daniel es ilustrador. En el capítulo 9:2, Daniel nota que ya debería cumplirse una promesa de Dios para Israel. Pero todavía el pueblo era cautivo. Daniel no comienza haciendo proclamaciones positivas, ni declarando o decretando lo que quería que ocurriera.
- Daniel ora a Dios en ayuno, rogando (v.3).
- Exalta el nombre de Dios y sus promesas (v.4).
- Comienza a pedir perdón por el pecado del pueblo y el suyo propio, intercediendo poniéndose en lugar del pueblo (vv.5ss).
- Reconoció la sabiduría de Dios y no la desafió, ni justificó a los hombres diciendo que no merecían el castigo, simplemente se humilló (vv.17-18).
- Por último, buscó la presencia de Dios hasta recibir respuesta (v.9:21).
Pero, ¿y la declaración profética?
Bueno, la declaración profética sí es bíblica, de hecho, es total y abrumadoramente bíblica. La Biblia no solo está llena de libros proféticos que contienen declaraciones proféticas, la Biblia es una declaración profética que nos anima y espera que hablemos proféticamente.
Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Joel 2:28
La declaración profética es uno de los anhelos del Espíritu Santo para su pueblo:
Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.
Números 11:29
Entonces, ¿por qué a veces la declaración profética no funciona? ¿Ha fallado Dios? ¿Ha faltado nuestra fe? ¿Hay que ayunar más?
Hacen bien los cristianos que pronuncian declaraciones proféticas en medio de las circunstancias adversas… Siempre y cuando sean declaraciones verdaderamente proféticas, es decir, declaraciones provenientes de la revelación del Espíritu de Dios y no nacidas de sus propios anhelos.
La Biblia habla del riesgo que corren los profetas de terminar declarando lo que hay en sus corazones antes que lo que dice Dios.
Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé. 26 ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?
Jeremías 23:25-26
Volvamos al evento que compartimos con usted al comienzo. No me malinterprete. No juzgo a ninguno de los líderes que estuvieron orando por Julio Melgar. Creo que obraron sinceramente, y motivados por enseñanzas erróneas que hoy inundan a las iglesias cristianas y a los cristianos de todos los niveles. Mi intención es enmendar un error, no solo de ellos, sino de muchos cristianos, incluyéndome a mí.
Confieso mi error. He visto como Dios me ha usado maravillosamente dando palabra profética a muchas personas. Y me he maravillado al ser guiado muchas veces por su Espíritu Santo. Pero también, a veces, he anhelado tanto algo que el deseo termina imponiéndose en mi corazón por encima de la voz del Espíritu Santo y entonces he hablado lo que hay en mi corazón creyendo que era lo que había en el corazón de Dios.
Salomón decía:
Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.
Eclesiastés 5:7
Y esta es una declaración tremenda de un hombre muy sabio ¿Qué tienen de malo los sueños? Nada, cuando están alineados con los sueños de Dios para tu vida. Pero cuando están alineados con tu ego, con tus fantasías, con tu orgullo, con tus planes, tus criterios, entonces los sueños nos llevan a esforzarnos en cosas vanas, y en ese afán, pueden convertirse en una terrible arma para destrucción. Son los sueños egocéntricos los que han motivado las estafas, las malversaciones, los robos, las envidias, los celos, las contiendas, las enemistades, la murmuración, el adulterio y tantas otras obras de la carne.
Son los sueños de nuestros corazones los que también tergiversan el propósito de Dios para nuestras vidas. Jesús entendía que el problema fundamental para hablar proféticamente Su Palabra estaba en lo profundo de nuestro corazón (compare con Lucas 12:11-12).
Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; 15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.
Lucas 21:14
De modo que el Maestro está describiendo en dos sencillos pasos lo que debemos hacer en los momentos de crisis, cuando anhelamos una “palabra profética” inspirada por el Espíritu Santo.
- Propón en tu corazón no pensar qué decir: acalla tu corazón. (Lucas 21:14)
- Espera la palabra de Dios que debes decir (Lucas 21:15)
Engañoso es el corazón
Y tiene razón el Maestro, el problema está en el corazón ¿Quién lo puede conocer? ¿Quién lo puede dominar?
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? 10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
Jeremías 17:9-10
El gran problema del ser humano no está afuera, en la maldad de las personas, o en las circunstancias adversas, o en la enfermedad que nos agobia, o en la pobreza que nos agota. Está bien documentado que la felicidad no depende de las situaciones externas a nosotros, depende de nuestro corazón.
Es el corazón el que nos anima a seguir el buen camino o el que nos desvía de la buena senda. Es el corazón el que nos permite ser moralmente mejores o peores, y es él mismo quien sede ante la tentación. La dualidad de la naturaleza divina y natural en nosotros batallan ardientemente en nuestros corazones para que no hagamos lo que queremos.
Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. 8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Romanos 7:22-8:1
Y así, al llegar a la raíz del problema y llegamos también a su solución.
¿Por qué no funcionan nuestras declaraciones proféticas? Porque no eran proféticas, eran el sueño y anhelo de nuestros corazones.
¿Cómo evitar que nuestros corazones dominen nuestras “profecías”? Sometiéndolos, subyugándolos al poder superior del Espíritu Santo (Lucas 21:24), llevando la cruz cada día (Mateo 10:38-39).
No existen los líderes infalibles
Hay una aclaración que es importante señalar sobre este tema tan delicado que estamos tratando. La Biblia enseña que se deben juzgar las profecías.
Igualmente, si hay profetas, que hablen dos o tres, y que los demás consideren lo que ellos hayan dicho
1ra a los Corintios 14:29 (Dios Habla Hoy)
Sin embargo, muchos en lugar de juzgar lo que dicen los líderes cristianos, juzgan a los líderes por sus palabras.
Hay dos suposiciones dañinas aquí que debemos desechar:
- Si un líder dice algo mal, entonces es un falso profeta. Este criterio, sin embargo, desestimaría hombres como David (2do de Samuel 24:10) y Natán (1ra de Crónicas 17:2-4) como hombres que Dios usó para hablar a su pueblo. Ahora, si el líder es presuntuoso y nos exhorta a abandonar el camino santo (Deuteronomio 13:5), sin arrepentirse, entonces sus frutos nos permiten rechazarlo (Mateo 7:16-20).
- Los líderes son infalibles, no cometen errores. Este criterio desestimaría a casi todos los héroes de la fe en la Biblia, desde Noé, hasta Pablo en su disputa con Bernabé, pasando por impetuoso Moisés y el adúltero David.
Entonces, ¿cuál es el secreto olvidado en la declaración profética?
El secreto es: Dios.
Tenemos tantos planes y nos esforzamos tanto por glorificar el nombre de Dios con nuestros talentos, que olvidamos que Dios es soberano, y los planes que tenemos no son nuestros, y el esfuerzo que hacemos no es porque seamos buenos, sino porque Él nos fortalece.
Estamos tan acostumbrados a que nuestros talentos y habilidades nos saquen adelante, que creemos que somos capaces de controlarlo todo simplemente con el uso de nuestra autoridad, y olvidamos que todo lo que tenemos y todo lo que hacemos es porque Dios así lo ha establecido.
Estamos tan centrados en el humanismo contemporáneo del amor a la vida, que creemos que amamos más a la vida que Dios mismo. Y no olvidamos entonces que vida es Cristo, morir en Cristo es vivir más.
Llevamos tanto tiempo en la batalla y somos testigos de tantos ataques contra la iglesia y el nombre de Dios que creemos que tenemos que “defender su gloria” para que él no sea avergonzado. Entonces olvidamos que Dios no tiene que ser defendido, por el contrario, Él pelea por nosotros y nos defiende. Y la vida y las palabras y los planes del hombre contra Dios son como la hierba del campo, hoy están, y mañana desaparecieron.
Hemos tomado tantas decisiones apresuradas y la gracia de Dios nos ha ayudado tanto que nos sentimos superdotados por el poder profético de Dios, voceros infalibles de su Palabra (en el mejor de los casos) o niños malcriados que creen que doblegaran la voluntad del Padre al utilizar el argumento de “respalda la oración de tus hijos para que tu nombre no sea avergonzado”.
Nuestro orgullo ha crecido tanto que olvidamos la sabiduría eterna de Dios, su omnisciencia, su omnipresencia, su poder sin límites, su bondad inefable. Y creemos que tenemos que explicarle a Él, qué es lo bueno, qué es lo malo, qué es lo correcto, y qué lo incorrecto.
Dios, es el secreto. Hay un error tremendo en la fraseología cristiana de hoy, y es importante hacer algunas aclaraciones: no hay poder en la oración, hay poder en Dios, no hay poder en la fe, hay poder en Dios. No hay poder en la declaración profética, hay poder en Dios. La oración, la fe, y la declaración profética, en sí mismas nada son. Deposítalas en cualquier otra cosa y verás que nada son. Ora a una botella, ten fe en una caja de cartón, y declara proféticamente lo que está en tu corazón y nada ocurrirá.
Ahora ora a Dios, ten fe en Dios, y declara proféticamente lo que Dios dice y verás su poder.
Implicaciones
Dios es soberano, Él está en control de las situaciones adversas. El cristiano cuando ora no lo hace para torcer la mano de Dios (Isaías 40:13-14), sino para orientar su vida en el mismo sentido que señala el dedo de Dios.
Dios envía a los creyentes como embajadores del reino de los cielos (2da a los Corintios 5:20), ello implica que, como Jesús, encontraremos circunstancias donde el reino de las tinieblas ha ganado terreno y como embajadores tenemos que hacer valer el reino de Dios (Mateo 10:7). Hay abundantes promesas de Dios para estas situaciones y para muchas otras en las que Dios intervendrá poderosamente a favor de su pueblo (Marcos 16:17-18). Pero también hay promesas de Dios de aflicción, persecución, e incluso muerte (Mateo 10:17; 24:9-10).
Los creyentes deben, entonces, vivir en comunión con Dios, en el nombre de Jesús y pendientes de la guía del Espíritu Santo (Romanos 8:14).
Aún recuerdo las palabras de aquel predicador a quien le pregunté hace años: “¿Cómo haces para que el Espíritu Santo haga lo que dices?”. Y es que yo le veía señalar en la multitud a un desconocido y decir que sería lleno del Espíritu Santo y sanado y entonces Dios le sanaba maravillosamente delante de todos. Me miró fijamente y me dijo, “yo no le digo lo que tiene que hacer, yo solo veo lo que Él va a hacer, y lo anuncio antes que pase”.
En mi peregrinaje cristiano he visto personas permanecer enfermas e incluso fallecer despuésde la oración, pero también he visto ciegos ver, cojos caminar, sordos oír, cánceres ser sanados, y muchísimos otros milagros sorprendentes.
Recomendaciones
Algunas recomendaciones importantes de mi propia experiencia y la Palabra de Dios.
- Evita orar por cuestiones donde tu corazón esté demasiado involucrado, te será más difícil acallarlo para escuchar la voz de Dios.
- No te dejes llevar por la presión de grupo. A veces se espera que profetices, o que digas algo de parte de Dios. Si Dios no habla, no digas.
- Toma tu tiempo para reconocer la voz de Dios y síguele. Aprende a reconocer su voz, pasa tiempo hablando con Él. Mientras mejor le conozcas mejor le reconocerás en el momento difícil.
- Sométete siempre en confianza a la voluntad de Dios (Romanos 12:1-2), así descubrirás la voluntad de Dios que es buena, agradable, y perfecta.
- Somete tu sabiduría a la sabiduría de Dios es mucho mayor que la nuestra (Isaías 55:9). Él no se queda dormido (Salmo 12:14) ni ocurrirá algo que no hubiera mandado (Lamentaciones 3:37), pero también a los que aman a Dios TODAS las cosas ayudan para bien (Romanos 8:28), todo lo bueno proviene de Él (Santiago 1:17).
[i] https://www1.cbn.com/mundocristiano/entretenimiento/2019/april/muere-el-salmista-julio-melgar-tras-su-batalla-contra-el-cancer
[ii] https://www.facebook.com/marloneoseguera/videos/618992248616711/
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