Corría el año 2017, y Julio Melgar, uno de los más apreciados músicos cristianos de Latinoamérica es diagnosticado de cáncer en el estómago. Impasible, la enfermedad se va expandiendo y se aloja en el páncreas. La salud del salmista se deteriora. Ante el progreso de la enfermedad, el 11 de Marzo de 2019, músicos y líderes internacionales conmovidos por la salud de Melgar, celebran un evento titulado “Unidos con Julio Melgar” para clamar a Dios por la salud del cantante y recaudar fondos para los gastos médicos. Habiendo impactado la vida de importantes compositores, artistas, y predicadores cristianos internacionales como Christine D’Clario, Marcos Witt, Dante Gebel, Daniel Calvetti, Redimi2, Danilo Montero y otros, la enfermedad Melgar estremece a un sinnúmero de cristianos de todo el mundo.[i]
Aquel día, una multitud ferviente se unió a adoradores, pastores y líderes cristianos de renombre internacional para orar a Dios por Melgar. Bien pronto las palabras proféticas de reconocidos líderes comenzaron a anunciar una completa restauración en la vida del salmista. “El tiempo del invierno está pronto a terminar, dice el Señor, comenzarán a germinar nuevas semillas, nuevos árboles, con nuevos frutos sobre tu vida, dice el Señor […] te levanto, dice el Señor, como un portador de fruto abundante”, “No aceptamos un no por respuesta”, “declaramos ángeles de sanidad interviniendo en tu vida en esta hora […] viene una operación celestial sobre tu vida”, “profetizamos sanidad, vida, unción, en el nombre de Jesús”, “en el nombre de Jesús de Nazaret hablamos vida, hablamos salud […] dice verás mi bien, verás mi gracia, los hijos de tus hijos cantarán […] verás a tus nietos celebrando mi nombre”. [ii]
Pero, poco más de un mes después de este concierto bienintencionado, el 19 de Abril, a las 2:00 de la tarde, fallece Julio Melgar. El salmista, arriba a las moradas celestiales, donde, finalmente, descansa de los afanes de esta vida y espera junto a tantos más el sonido de la final trompeta donde los muertos en Cristo resucitarán primero, antecediendo a los que quedemos para reunirnos todos en las nubes con Él (1ra a los Corintios 15: 52).
Sin embargo, un pregunta queda en el corazón de tantos creyentes fieles que oraron y declararon bendición sobre el cantor ¿Qué falló en las profecías? ¿Qué falló en las proclamaciones positivas? ¿Faltó la fe en los que oraban o en los de la multitud presente aquel día? ¿Qué hicimos mal?
Esta sensación de ineficacia, y confusión ante las declaraciones proféticas y confesiones positivas no son exclusivas de este evento, diariamente millones de cristianos en todo el mundo experimentan frustraciones semejantes. Muchos cristianos hemos proclamado, anunciado, decretado, confesado positivamente y declarado proféticamente para luego ver que nada de lo que hicimos funcionó.
¿Son antibíblicas las declaraciones proféticas y la confesión positiva?
Para determinar si estas tendencias en la oración son correctas o no, es importante hacer una aclaración: las doctrinas de declaración profética y confesión positiva son prácticamente indistinguibles en el argot cristiano actual, pero son, diferentes en su esencia y fundamento.
La confesión positiva
Para aclarar, el término “confesión positiva” tiene sus raíces en la psicología moderna y el pensamiento positivo, y no por ello debiera desecharse en nuestra práctica diaria. Es una conducta recomendada para lidiar, en nuestro interior, con situaciones difíciles.
No es malo expresarse positivamente en medio de circunstancias adversas. De hecho, la expresión positiva ayuda a despertar y motivar el alma en medio de la crisis y es un buen aliciente psicológico en medio de la depresión. Muchas veces, cuando las personas están tocando fondo por la depresión, los pensamientos negativos inundan sus mentes, y expresar audiblemente buenas ideas les ayudan a sacudirse la ceguera temporal ocasionada por el estrés.
El salmista lo sabía, por eso se decía a sí mismo:
Bendice, alma mía, a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su santo nombre.
2 Bendice, alma mía, a Jehová,
Y no olvides ninguno de sus beneficios.
Salmo 103:1-2
A continuación, el salmista inspirado, hablando a su alma, enumera las obras positivas de Dios sobre su vida y su nación. Confesar las bendiciones de Dios en alta voz anima y motiva el alma abatida.
El vaso medio lleno o medio vacío
Es común que muchas personas en medio de la crisis sean invadidas por el pesimismo. En esos casos, es recomendable resaltar los aspectos positivos de la situación.
Siempre, incluso en los momentos más difíciles, hay aspectos positivos que pueden animarnos a seguir adelante. Como en la ilustración del vaso con líquido hasta la mitad, el pensamiento pesimista lo ve medio vacío y se deprime, mientras que el positivo lo ve medio lleno y se anima. Aunque objetivamente ambos tienen razón, un modo de pensar es más saludable que el otro.
Como cristianos podemos usar la sabiduría para ver lo mejor de las circunstancias adversas, podemos echar mano también de una sabiduría superior, las promesas y la Palabra de Dios (Salmo 103).
Dos extremos dañinos
Un extremo al que se ha llevado la confesión positiva es el de creer que Dios respaldará nuestras palabras, pues las palabras en sí tienen poder, olvidando que no son las palabras quienes tienen el poder, sino Dios. Los que así piensan, creen que, como Dios, tenemos poder creativo en nuestras palabras. Y allí hay un error. La confesión positiva tiene poder psicológico sobre nuestras almas, para animarlas y exhortarlas a la fe. Pero no tienen poder sobre Dios para obligarle a hacer lo que digamos.
Otro problema es cuando la persona, con tal de animarse, comienza a inventarse falsos positivos. Incapaz y renuente con aceptar la realidad, la rechaza y comienza a anunciar y a proclamar una realidad inexistente. Hoy en día la confesión positiva es enseñada como una poderosa doctrina de la iglesia ligada a la oración cristiana y a la fe.
Esta enseñanza contemporánea asegura que lo desagradable se puede evitar al abstenerse de confesiones negativas. Es decir, el creyente que evite reconocer lo bueno y siga afirmando lo positivo, tendrá una victoria espiritual garantizada que afectará incluso lo natural. Así, podrá dominar la pobreza y la enfermedad.
Por tanto, según este criterio, el cristiano enferma porque no ha confesado la sanidad, o porque ha dicho estar enfermo. De este modo, lo que una persona diga, determinará lo que llegará a ser. Se espera que el creyente comience a confesar lo que quiere, aunque aún no lo tenga. Si una persona quiere dinero, debe confesar que tiene dinero, aunque no lo tenga. Si quiere ser sanada, debe decir que está sana, aunque realmente no lo esté.
Según esta posición teológica, el creyente puede tener cualquier cosa que diga. Para sus defensores, la palabra dicha tiene gran poder y, si se repite suficientemente, con el tiempo resultará en fe que obtendrá la bendición deseada.
Algunos versículos que se utilizan en este sentido:
La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.
Proverbios 18:21
He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. 4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. 5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Santiago 3:3-5
Sin embargo, ninguno de esos textos implica que en la palabra expresadatenga poder creativo, o para sanar.
Ciertamente, la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17), y ello implica escuchar una y otra vez la Palabra de Dios. Ciertamente la Biblia recomienda la lectura, meditación y proclamación en alta voz de la Palabra de Dios (Josué 1:8). Ciertamente es bueno proclamar la Palabra de Dios en tiempos difíciles. Pero ciertamente nunca vemos a Jesús diciendo que la cruz no estaba ocurriendo (Lucas 23:34), o a Pablo negando el aguijón que le atormentaba (2da a los Corintios 12:7) o su problema en el ojo (Gálatas 4:14-15), o diciendo a Timoteo que proclamara que su estómago estaba bien y saludable para así ser sano de sus “frecuentes enfermedades” (1ra a Timoteo 5:23).
La negación de la realidad no es una recomendación bíblica. La fe sí. La doctrina de la confesión positiva busca despertar la fe mediante la expresión audible de “la bendición que esperamos recibir” en la certeza de que una vez que confesemos suficientemente algo, entonces lo creeremos, y Dios lo hará. El gran problema es que esta enseñanza pasa por alto la sabiduría y propósito de Dios y la sujeción a su voluntad.
Contrario a la tendencia neo-pentecostal, el reino de Dios es ya, pero todavía no. Aunque hoy podemos disfrutar muchos de los deleites del reino de Dios, aun somos embajadores del reino de los cielos en un mundo rebelde. La tierra hoy está corrupta y espera ardientemente el establecimiento del reino de los cielos y la liberación consecuente de ese día.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Romanos 8:18-21
Ahora, como parte de la creación de Dios, todavía participamos de la “esclavitud de corrupción”. Todavía el león es un animal peligroso, y todavía las bacterias pueden matarnos, todavía la vida eterna no ha afectado totalmente a la naturaleza de nuestros cuerpos, y morimos lentamente. Hasta un día en que el reino ya esté completamente manifiesto y la paz se establezca sobre la creación (Isaías 11:6). El reino de los cielos ya está entre nosotros, pero todavía no está en su plenitud, vemos el poder sobrenatural de Dios sanando, y libertando, pero aun la corrupción en la naturaleza se resiste (Hebreos 2:8).
La confesión positiva es un principio de sabiduría que aparece en la Biblia. Pero cuando es llevado al extremo de negar la realidad, o de tratar de obligar la mano de Dios, contradice la sabiduría humana y la divina. Es bueno darnos palabras de ánimo, es bueno anunciar la grandeza de Dios para nuestras vidas, es bueno perpetuar con nuestros labios las misericordias pasadas de Dios, es bueno recordar audiblemente las promesas futuras de Dios, pero debemos hacerlo reconociendo la realidad que nos rodea y sometiéndonos a la sabiduría infinita de Dios.
Entonces, ¿qué debo hacer?
La conducta correcta no solo la vemos en versículos puntuales de la Biblia como los que ya mencionamos, también se ve en la historia de todos y cada uno de los héroes de la fe en la Biblia. Usted puede leer Isaías, Habacuc, Daniel, Oseas, las Epístolas del Nuevo Testamento, o cualquier otro libro de la Biblia, y siempre va a encontrar hombres y mujeres de Dios que aceptaron la realidad a su alrededor y a partir de ella oraron.
El ejemplo de Daniel es ilustrador. En el capítulo 9:2, Daniel nota que ya debería cumplirse una promesa de Dios para Israel. Pero todavía el pueblo era cautivo. Daniel no comienza haciendo proclamaciones positivas, ni declarando o decretando lo que quería que ocurriera.
- Daniel ora a Dios en ayuno, rogando (v.3).
- Exalta el nombre de Dios y sus promesas (v.4).
- Comienza a pedir perdón por el pecado del pueblo y el suyo propio, intercediendo poniéndose en lugar del pueblo (vv.5ss).
- Reconoció la sabiduría de Dios y no la desafió, ni justificó a los hombres diciendo que no merecían el castigo, simplemente se humilló (vv.17-18).
- Por último, buscó la presencia de Dios hasta recibir respuesta (v.9:21).
Continúe leyendo la segunda parte «El secreto Olvidado de la Declaración Profética II«
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