Yerson es un muchacho singular. Viste a la moda y le gusta divertirse mucho. Es hijo de pastores y su vida ha estado influenciada por el cristianismo desde pequeño. Sabe cantar infinidad de canciones cristianas, conoce cada libro de la Biblia, y sabe de memoria innumerables promesas de Dios. La influencia cristiana en él ha potenciado sus capacidades artísticas, intelectuales, sociales y de desarrollo personal. Dios ha sido bueno con Él. Pero nadie lo sabe.
En la escuela, es divertido, inteligente, y se rodea de amigos que siempre le tienen en cuenta. Comparten juntos y disfrutan mucho conversando. Sus temas de conversaciones son desde los más superficiales hasta los más profundos, desde los más prosaicos hasta los más populares. Él conoce la vida y obra de cada uno de sus amigos, pero ellos no saben que él es cristiano.
En su secreto, y también su vergüenza. Yerson tiene temor a reconocer que sus padres son cristianos y que él mismo ha estado yendo a la iglesia desde pequeño. De hecho, últimamente va cada vez menos. Se siente menos y menos identificado con los creyentes y descubre que el mundo exterior es mucho más brillante… y libre.
¿Cómo es posible?
Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6
Tristemente la historia de Yerson no es ficción, tampoco es única. Es la experiencia de muchos hijos de cristianos devotos a medida que van creciendo.
Es como si la promesa bíblica al principio de esta sección no se estuviera cumpliendo. Es es un pasaje interesante. En el idioma original dice literalmente:
Instruye al niño a la boca de su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6; Traducción del autor
Hay un énfasis en guiar a nuestros hijos hasta el inicio de la senda que deben transitar. Nuestra instrucción llega hasta allí, no debe ir más allá. Por eso la traducción de la Biblia de las Américas dice:
Enseña al niño el camino en que debe andar, y aún cuando sea viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6 (Biblia de las Américas)
El Síndrome del Nido Vacío
El temor al síndrome del nido vacío, que ocurre cuando nuestros hijos se van de casa a formar sus propias vidas, hace que muchos padres sean sobreprotectores y extremadamente controladores con sus hijos. Así muchos continúan influyendo pasiva o activamente en sus vidas, impidiéndoles tomar sus propias decisiones y cometer sus propios errores.
La Biblia reconoce la responsabilidad de los padres y la responsabilidad de los hijos. Los padres deben instruir mientras sean niños, entonces, el nuevo joven, que ya no es niño, “debe andar”.
La versión Nueva Biblia de Jerusalén lo dice de esta manera:
Prov 22:6 Educa al muchacho al comienzo de su camino, que luego, de viejo, no se apartará de él.
Proverbios 22:6 (Nueva Biblia de Jerusalén)
Todo padre debe saber que tiene un tiempo limitado para entrenar a sus hijos. Por tanto, debe aprovecharlo al máximo. A medida que crece el bebé, comienza a tomar sus propias decisiones. Y mientras más pequeño es más dócil será a nuestras enseñanzas, más moldeable a nuestra sabiduría, a medida que va creciendo, su carácter se va solidificando, endureciendo, y ya es más difícil moldearlo.
Dos extremos a evitar en nuestro tiempo limitado

Contrario a lo que dicen popularmente, la niñez no es sinónimo de inocencia. La Biblia dice claramente que somos malos, y en ninguna parte se sugiere que la maldad aparece después que crecemos. De hecho, en nuestros niños, aun antes de que sepan hablar, vemos egoísmo, orgullo, vanidad, venganza, celos, contiendas, mentiras.
Esto implica que los niños, sin corrección, se inclinarán indefectiblemente hacia lo malo, desarrollando conductas destructivas para los demás y para sí mismos. El facilismo de muchos padres de dejar que los hijos se críen solos solo fomenta el fracaso de su propia descendencia. Todo lo valioso tiene un precio, y el futuro de nuestros hijos cuesta nuestro tiempo intencionalmente dedicado a su educación.
El mismo principio debe enseñarse a nuestros hijos, el facilismo, el camino amplio, la senda fácil, casi siempre llevan hacia el deleite pasajero y el fracaso a largo plazo. Enseñar a nuestros hijos el valor de la honestidad, la responsabilidad, la empatía, la sinceridad, la fidelidad, la perseverancia, y tantos otros principios eternos y costosos, garantizará su futuro como hombres y mujeres en una sociedad vana y superficial.
El marco de tiempo disponible es importante. Muchos padres no tienen en cuenta el tiempo límite en que pueden instruir a sus hijos y terminan queriendo enseñarles la vida cuando ya son adultos y es muy tarde para enderezar su carácter; mientras otros se apasionan demasiado por las vidas de sus hijos y no aceptan que su tiempo de instrucción ha terminado y ha llegado la etapa de consejería y supervisión.
No es poco común que, una vez que los niños dejan de ser niños, padres bienintencionados sigan interfiriendo en la vida de sus hijos. Afectando así sus relaciones de pareja, decisiones profesionales, económicas, sociales. Esta situación se da más comúnmente en las madres (de ahí la mala fama de las suegras), pero también ocurre en los padres, quienes llegan a ser muy celosos y sobreprotectores.
El consejo del escritor inspirado por Dios en este pasaje es: “Educa al muchacho al comienzo de su camino” (NBJ). El resto del tiempo es suyo, él “debe andar”.
¿Cuál camino?
Algo interesante que debemos tener en cuenta es que la instrucción que debemos dar a nuestros hijos es en “su camino”. Aunque algunos tienden a inferir que el camino aquí se refiere al camino del Señor, realmente el pronombre posesivo “su” hace alusión al camino del niño. Y esto es muy llamativo, pues no está hablando del camino de “los niños” en sentido genérico. Cada niño tiene “su” camino. La labor de los padres es descubrirlo.
Nuestros hijos no son resultado del azar, ni de accidentes genéticos aleatorios. Fueron creados por Dios, conocidos por Él desde antes de la fundación del mundo, y planificados por Él para esta hora, para este tiempo (Proverbios 22:9-10; Salmo 71:6; Salmo 139:13; Efesios 2:10; Romanos 8:29-39).
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 2:10
En este sentido, Dios ha moldeado la personalidad, intelecto, capacidades artísticas, también diseñó sus cuerpos, apariencias, y habilidades manuales para el propósito que preparó de antemano para ellos. La felicidad y realización personal de cada uno será directamente proporcional a la alineación de su vida, planes, y esfuerzos con el propósito de divino, es allí donde rendirán mejor, donde serán más exitosos, donde disfrutarán más esforzarse al máximo, donde con el menor esfuerzo lograrán más, donde se sentirán más útiles y eficientes.
Es por esa razón que los padres sabios estudiarán a cada uno de sus hijos, prestándoles atención diferenciada según sus características, ayudándoles a descubrir y potenciar sus habilidades para cuando llegue el momento en que deban andar “su camino”.
- “Su camino”, implica entonces que no van a seguir el «nuestro». Incluso cuando elijan la misma profesión que tomemos, tomarán sus propias decisiones que les llevarán por diferentes derroteros.
- “Su camino”, implica que debemos enseñarles a tomar buenas decisiones desde pequeños, y a asumir las consecuencias.
- “Su camino”, implica que van a tomar malas decisiones, y que debemos darles lugar a ellos para que cometan sus propios errores. Recuerda, un consejo es solo un consejo, no una orden. No podemos molestarnos si no lo siguen, no podemos forzarlos a seguirlo.
Prepararles para elegir “su camino” implica prepararles para ser equilibrados, y darles el lugar correcto a los estudios, al trabajo, a la familia, a los hijos, a Dios. Los hijos deben saber el orden de prioridad e importancia de las cosas:
Y ese equilibrio se les muestra en la medida que dedicamos tiempo para Dios, para la familia, para el trabajo, para la iglesia. Muchos hijos hoy huyen de las iglesias y de Dios, pues sienten que Dios les “robó” a sus padres, quienes estaban siempre presentes al servicio a Dios, pero ausentes al deleite de la comunión familiar.
Presentándoles el Planificador
Prepararles para elegir “su camino” implica también presentarles al Planificador de ese camino.
Recuerdo, cuando era pequeño, cuando teníamos que armar equipos electrodomésticos, nos reuníamos juntos para leer el manual, venía en diferentes idiomas y a veces se hacía difícil comprender las malas traducciones, pero nos esforzábamos mucho. El fracaso no era una opción. Corríamos el riesgo de que, cuando lo armáramos, no funcionara, o peor, que se rompiera. Cualquier pequeño desvío del propósito original del diseñador en un pequeño detalle podría tirar todo nuestros esfuerzos e inversión a la basura. Si no era una opción con un simple objeto electrodoméstico, menos lo es con la vida de nuestros hijos.
Como somos nosotros quienes les guiamos en la primera etapa, debemos antes aprender a leer el manual del Diseñador (la Biblia), aprender a tener comunión con Él, para así mostrarles a ellos cómo se hace. Si hacemos bien nuestro trabajo, cuando llegue el momento en que tomen sus propias decisiones, sabrán leer el manual, tener comuión con Dios, y escuchar la voz del Espíritu Santo guiándoles en sus vidas.
Al enseñar cristianismo a nuestros hijos, hay dos errores comunes en los padres cristianos:
El liberalismo pragmático
Este extremo enseña a un Dios amoroso. Que nos ama a pesar de nuestros pecados, y comprende profundamente nuestras deficiencias, y a pesar de ellas nos ayuda siempre. Su amor es tan gratuito que pierde valor, y no es necesario orarle, alabarle, o leer tanto la Biblia. De hecho, con tener una conducta medianamente buena es suficiente.
Esta enseñanza, sin embargo, pasa por alto que Dios ama al pecador, pero aborrece su pecado, pasa por alto que al tolerar nuestros propios pecados fracasamos en otras áreas de la vida y seguiremos fracasando mientras no renunciemos al pecado que nos destruye (Romanos 7:24). Este criterio pasa por alto que Dios quiere lo mejor para nosotros y por eso desea ayudarnos a vencer a nuestras debilidades y traumas (Hechos 2:38) .
El liberalismo pragmático olvida que Dios es santo, y solo los santos disfrutarán a plenitud la tierra ahora y en el futuro prometido (Juan 10:10).
El legalismo dogmático.
Este extremo proclama a un Dios intransigente con el pecado, listo para juzgar. El legalismo dogmático es el extremo opuesto al liberalismo pragmático. Buscando resaltar el celo de Dios contra el pecado, y su santidad. Los voceros de este criterio enseñan a un Dios intransigente que exige los más altos estándares de santidad, devoción, consagración, y pureza en sus hijos.
Estos estándares se manifiestan en actividades piadosas que pueden incluir la asistencia a la iglesia o la participación den algún ministerio cristiano, a esto se añade: la obediencia a los pastores, líderes, padres, maestros, y actividades espirituales como la asistencia constante a los ayunos, vigilias, tiempos de oración, etc.
El legalismo se manifiesta en prohibiciones tipo aislamiento monástico católico romano. Los cristianos legalistas no salen de su cápsula de cristal evangélico. Sus amigos son cristianos, sus fiestas son cristianas, sus trabajos (de ser posible) son cristianos. Evitan por todos los medios relacionarse con personas no-cristianas con tal de no contaminarse. Los cristianos legalistas consideran que la santidad es aislarse del mundo, pero Jesús dijo:
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
Juan 17:15
Y el mismo Jesús tenía fama por ser amigo de estafadores y pecadores.
Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
Mateo 9:10-13
El legalismo incluso se manifiesta de un modo más subrepticio, al enseñar que para “lograr” la bendición de Dios debemos ayunar, orar, vigilar, ofrendar, diezmar, leer la Biblia etc. Así, un cristiano enfermo, o en necesidad, sentirá que no ora lo suficiente, o ayuna lo suficiente para recibir la bendición de Dios, y que todo se resolverá asistiendo más a la iglesia y consagrándose más a Dios. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que no podemos lograr la bendición de Dios en ninguna manera mediante obras, pues son recibidas por “gracia” (Efesios 2:8-9). En ese sentido, es recomendable orar, leer la Biblia, ayunar, vigilar, pero todo eso para fomentar nuestra relación con Dios, no para darle algo a Dios y que Él nos retribuya con sus bendiciones.
Cuando un padre cristiano enseña el legalismo dogmático a su hijo, este se acostumbrará a negociar con Dios a partir de las apariencias: “yo voy a la iglesia, yo te canto, yo oro a ti, y entonces recibo lo que te pido”. Pero un padre cristiano piadoso enseñará a su hijo a tener una relación con Dios basada en el amor por Él y no por las cosas que Él puede dar (Juan 6:26).
Los padres que fomentan las obras para agradar a Dios y no como resultado de nuestro amor por Dios convertirán a la iglesia en una carga inaguantable para nuestros hijos (Mateo 23:4). Ellos, al lidiar con sus propias incapacidades de carácter, aprenderán a mantener las apariencias “cristianas” convirtiéndose en hipócritas y considerando a los demás cristianos como igualmente hipócritas. Eventualmente, el Dios de esa iglesia dejará de ser tan piadoso y se volverá gravoso, un Dios al que no podremos satisfacer por mucho que hagamos, que se esfuerce, y al que no ve en la vida de quienes le rodean. El camino de las obras es una senda hacia el fracaso. Jesús vino para traernos libertad de ellas (Gálatas capítulo 3).
Proverbios 22:6 es una promesa con una gran condición, instruye a tu hijo mientras tienes tiempo, conócelo y entrénalo para el camino que crees que pueda tomar en la vida, prepárale en el conocimiento y la relación con el Hacedor para que pueda encontrar mejor su propósito en la vida, y entonces libéralo, observa, y seguirá el camino trazado, la senda angosta, el carácter modesto, el éxito garantizado en medio de las dificultades que ciertamente vivirá, la vida abundante según el plan de Jesús (Juan 10:10). Si no lo haces. la condición no se cumple, y la promesa tampoco.
Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6
Hay un detalle importante, las tentaciones del mundo son demasiado fuertes para todos. El cnocimiento del Hacedor es extremadamente importante para nuestros hijos. Solo Dios puede darnos fuerzas en medio de nuestra maldad que nos lanza hacia el pecado, en medio de las corrupción que nos hala hacia la maldad (Romanos 8:1-2). Dios es el cemento que solidifica todo lo que hayamos enseñeado a nuestros hijos (Mateo 7:24-27; Juan 16:13-14)
En Conclusión
Volvamos a la historia de Yerson, como hijo de cristianos consagrados, tuvo que pagar un alto precio por la fe de sus padres. Aunque sus padres estaban comprometidos con Dios, Yerson creció viendo a la iglesia como un obstáculo. Dios siempre estaba en medio cuando tenían que ir a un parque, o a coppelia, o a divertirse con sus amigos no-cristianos.
No fueron pocas las veces que trató de seguir el camino que le recomendaron su padres, el camino de ese Dios que tanto amaban. Pero sus fracasos personales solo le hacían sentir que Dios estaba cada vez más lejos. Y por más que se esforzaba no lograba sentir lo que ellos. Además, ya ni quería. La vida cristiana se le antojaba una gran mentira, una falsedad hipócrita, conocía a muchos cristianos que vivían una doble vida llena de apariencias. Mientras que él malgastaba su vida sentado en el banco de una iglesia sus amigos se divertían sin las restricciones de la iglesia. Por más que se esforzaba haciendo, no lograba tener un encuentro con Dios. Hizo de todo, oró muchas horas, leyó la Biblia de tapa a tapa, vigiló, y ayunó. Pero todo se le hacía gravoso. Dios era cruel al pedirle estas cosas y los minutos se volvían siglos en aquellos momentos en la iglesia.
Por demás está decir que sus amigos se burlaban de los cristianos, y él, de ninguna manera quería ser el objeto de sus burlas. Así que callaba y reía como el que más. Sus capacidades musicales eran bienvenidas entre sus amigos, pero no para adorar a Dios, su honestidad le granjeó buenos amigos y el mundo se ve prometedor para él. Pero sus padres no lo entienden. Ya es hora de tomar su propio camino, y cometer sus propios errores. A la enseñanza que recibió añadirá la información que él mismo vaya recopilando a medida que cometa sus propios errores y tenga sus propios éxitos.
El camino que tomó, sin embargo, es una mezcla de lo que aprendió bueno y de lo que aprendió malo. Ahora tomó la ruta del mundo. Sus padres, esperarán que el hijo pródigo, quizás un día vuelva, con suerte, en una sola pieza. Caminar sin Dios pasará factura a su vida, eventualmente la senda de lo malo le pedirá más y él decidirá. Si regresa, probablemebte lo hará dañado, dolido, marcado por un mundo cruel que no perdona y busca destruir (Juan 10:10). Todo pudo evitarse orando juntos, riendo juntos, conociendo juntos a un Dios que trasciende las formas y los esquemas enseñando al niño la belleza de un Dios amoroso.
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