Llevó Cautiva La Cautividad

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. 8 Por lo cual dice:

 Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.

9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? 10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.

Efesios 4:7-10

La semana pasada, estudiando los versículos anteriores (¿Qué hace un Cristiano en Cuarentena? Efesios 4:1-6), hablábamos de la vocación que Dios nos ha encomendado mediante su llamado. Hablábamos de cómo Dios espera que andemos dignamente nuestro caminar cristiano atendiendo a elementos importantes como doctrina, comunión con el Espíritu Santo, lectura de la Biblia, nuevo nacimiento, sometimiento a Jesús, reconocimiento de la soberanía de Dios.

A partir del versículo 7 de Efesios 4, Pablo comienza a dar forma a la enseñanza sobre la vocación y el llamado y para ello cita el Salmo 68:18 diciendo:

Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.

Efesios 4:8

¿Qué está diciendo Pablo? ¿Qué significan estas palabras?

El Salmo 68 es un cántico de guerra y liberación, de victoria sobre los enemigos.

El salmista comienza diciendo:

Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, Y huyan de su presencia los que le aborrecen.

Salmo 68:1

En los versículos siguientes el salmista detalla cómo los enemigos de Dios serán esparcidos (v.2) mientras los justos se regocijan y cantan de alegría (vv.3-4). En el Salmo, Dios pelea por las viudas, los huérfanos, los desamparados, y los cautivos (vv.5-6).

El Salmo progresa describiendo la liberación que Dios daría a su pueblo y, al llegar al versículo 17, en una referencia profética a la visitación de Jesús al templo, al Santuario en Jerusalén, el salmista inspirado dice: “El Señor viene del Sinaí a su santuario” (v.17). Sabemos que en Sinaí fue que Dios dio la ley al pueblo mediante Moisés. De modo que esta frase es revolucionaria, y representa un claro contraste entre el Dios de la revelación del Sinaí, poderoso, terrible, distanciado (Éxodo 19:16-25) y el Dios encarnado acercándose al templo mientras los niños cantaban ¡Hosanna! ¡Hosanna! (Mateo 21:15).

Imagine al profeta en oración, atento al Espíritu Santo, indagando diligentemente, preguntando (1ra de Pedro 1:10) los detalles de esa maravillosa visitación. Pero entonces, sin lograr tener más detalles sobre la venida del Señor, el Espíritu Santo le muestra otra escena aún más sorprendente, y el escritor escribe:

Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios.

19 Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios El Dios de nuestra salvación. Selah

Salmo 68:18-19

Aunque quizás no entienda los detalles de lo ocurrido, el profeta en su interior comprende de qué trata todo, Dios ha venido a salvarnos, a rescatarnos (v.19)

En otro momento histórico, a otro profeta, Dios le detallaría lo ocurrido entre la visitación de Jesús y su elevación. Isaías en su capítulo 53, entiende que el Dios de los cielos que vino a visitar el templo, después ascendería.

Si anteriormente en el Salmo se describe como Dios sale a defender a su pueblo, es en este versículo que se habla de su victoria: “subiste a lo alto”. Solo el contendiente victorioso se levanta mientras que el otro queda abatido en el suelo o batiéndose en retirada. Solo el contendiente victorioso recoge los despojos de la batalla.

Hoy sabemos qué significa la frase “subiste a lo alto”, y sabemos también cuánto fue necesario sacrificar. Contemplamos en la historia la batalla que Jesús libra por amor de su pueblo, sabemos de los millares de ángeles observando impotentes mientras el Hijo de Dios peleaba mano a mano contra todas las fuerzas, tentaciones, y artimañas del enemigo número uno de la humanidad. Las tentaciones para abandonar el combate, el abandono de sus amigos, la traición del pueblo, el juicio amañado, las torturas previas a la ejecución de la sentencia; el camino hacia Calvario, abandonado por sus amigos, arrastrando solo su propia cruz hasta que sus fuerzas desfallecieron; la crucifixión mientras el pueblo a quien tanto amó se burlaba de Él y de sus milagros, su muerte y la aparente victoria de Satanás con el consecuente abandono a los suyos.

Tres días de duelo

Tres días y tres noches de silencio. El infierno celebrando, los discípulos llorando. El universo confundido.

Aquel día la esperanza decayó. Ellos creyeron que su rey finalmente había llegado y allí estaba, muerto. Su cuerpo flácido fue bajado de una cruz y puesto entre lágrimas sinceras en una tumba, mientras muchos de los discípulos ni siquiera se atrevían a estar presentes horrorizados por la imagen de su Maestro muerto.

Tres días de duelo y congoja, hasta que una mañana, sofocadas, dos mujeres irrumpen casi sin aliento en el lugar donde los discípulos se escondían derrotados ¡Ha resucitado, la muerte no pudo retenerle!

La humanidad nunca sería la misma, aquella frase, aquella noticia, sería el combustible que transformaría para siempre la historia y futuro de la humanidad.

La resurrección de Jesús marcó la victoria para siempre sobre el arma más terrible de Satanás. El arma que nos retenía cautivos por temor a la muerte (Hebreos 2:15).

Cautivos

El pasaje que estudiamos suscita muchas dudas ¿Quiénes son los cautivos liberados por Jesús? ¿cuáles son las partes más bajas de la tierra que visitó Jesús según este texto?

Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (Efesios 4:9)

Efesios 4:9

Aunque muchos han querido dar a entender que el texto habla de Jesús visitando el inframundo y predicando a los espíritus encarcelados como dice Pedro (1ra de Pedro 3:19). El salmo original da a entender que los cautivos a que se refiere el cantor son personas, prisioneros esclavizados por los enemigos del pueblo de Dios (Salmo 68:6), no son espíritus encarcelados en el Hades.

El contexto en las Escrituras lo confirma, usted puede recordar a Jesús leyendo el libro de Isaías y usando practicamente las mismas palabras del Salmo 68: 5-6:

Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos,  Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor.

Lucas 4:18-19

¿Quiénes son los cautivos? Nosotros. Jesús vino a liberarnos de un enemigo más terrible que los que aprisionan el cuerpo. Vino a liberarnos de nosotros mismos. Nosotros somos los pobres, los ciegos, los quebrantados de corazón, los cautivos, los desamparados.

La cautividad cautiva

Así que el salmista proféticamente, y Pablo históricamente, ven a Jesús ascendiendo victorioso y sentándose a la diestra de Dios en los lugares celestiales (cf. Efesios 1:20).

[la supereminente grandeza de su poder…] la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales […]

Efesios 1:20

Pero hizo mucho más que sentarse a la diestra de Dios en los lugares celestiales. Jesús llevó consigo a la cautividad.

Eph 2:4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

Efesios 2:4-8

Jesús no solo subió a lo alto victorioso, nos arrebató de las manos del infierno, de nuestros pecados, de nuestro destino incierto llevándonos consigo. Es interesante en Efesios 2:6 como dice: “nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. No dice que estaremos sentados en un futuro. Note el tiempo verbal, la acción ya ocurrió, y ocurrió justo en el momento de la resurrección de Cristo. Gran misterio, pero ahora mismo, espiritualmente, nosotros estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales ¡Cuánta autoridad dada a la iglesia! ¡Qué gran privilegio! ¡Cuánto poder otorgado!

Es interesante prestar atención a la palabra elegida por el escritor inspirado: “llevó cautiva la cautividad”. Jesús no solo nos llevó a los lugares celestiales liberados para siempre del yugo opresor del pecado, él nos llevó cautivos.

Somos la cautividad cautiva, libertados de la esclavitud por temor a la muerte (Hebreos 2:15) para venir a ser siervos de justicia (Romanos 6:18).

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

Hebreos 2:15

Ahora, sin embargo, al cautivarnos no lo hizo como el esclavista cruel que nos aprisiona indolente con grilletes, sino como el esposo amoroso que conquista para siempre corazones el corazón de la mujer desauciada a quien ahora toma por esposa.

Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

2da a los Coritnios 5:14-15

La palabra también implica algo más. Antes servíamos al mundo, a sus promesas vanas, a nuestros jefes, a nuestros sueños egoístas, y nos iba mal. Ahora, rescatados, no solo tenemos un Salvador maravilloso, tenemos un Líder a quién seguir, un Señor amoroso a quién encomendarnos y obedecer.

Ser cristianos no significa solo recibir a Jesús como Salvador que nos inunda de bendiciones, significa además recibirle como Señor, quien nos guía hacia un rumbo y propósitos mejores. Significa escuchar a Dios estar pendientes de su guía mediante el Espíritu Santo, y estar dispuestos a seguirle a donde sea que Él nos lleve. Él nos ha cautivado, y alegremente somos libres para seguirle siempre.

Los despojos de la batalla

Un versículo, una batalla, una victoria, una liberación, ahora, el salmista añade, al escribir su revelación, una consecuencia importante de esta victoria de Cristo, los despojos:

“Tomaste dones para los hombres” (Salmo 68:18), Pablo lo traduce diciendo “Y dio dones a los hombres” (Efesios 4:8). En cualquiera de los dos casos el conexto se refiere a los despojos de una batalla. La imagen que transmite es la de un general que invade la ciudad enemiga después de que ha sido derrotada en batalla y toma sus riquezas.

y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Colosenses 2:15

Jesús está allí, levantado victorioso y nos mira. Somos víctimas de un conflicto aterrador, el enemigo de nuestras almas nos oprime, desanima, confunde, desorienta, entretiene, destruye, mata. Y para ello utiliza todos los dones que Dios nos ha dado. Es por ello que Jesús ve nuestros maravillosos talentos usados para mentir, manipular, estafar, engañar, violentar, robar, maltratar, destruir. Estos dones innatos de liderazgo, administración, enseñanza, música, mecánica, manualidades, danza, cocina y tantos otros, sin Jesús son instrumentos de Satanás para nuestra autodestrucción mediante el egoísmo y el engaño, manteniéndonos siempre alejados de Dios y engreídos en nuestros éxitos. Ahora, después de la batalla, después de la esclavitud, enemos heridas, traumas, conflictos internos, problemas de autoestima, confusiones, no valemos mucho.

Entonces Jesús ejerce el poder del victorioso, y despoja a los enemigos de nuestras almas de su poder sobre nosotros. Toma los dones que ellos torcieron, toma las habilidades que corrompieron y las santifica, las purifica, las recupera. Entonces da dones/regalos a los hombres, da un nuevo propósito, nuevas herramientas, un nuevo sentido para la vida.

El Por Qué, El Para Qué, Y El Cuánto

Ahora, hay una palabra que Pablo ha mencionado una y otra vez en este libro y en este pasaje. La palabra gracia aparece 15 veces en el libro de Efesios y 11 antes del versículo 7 que introduce el pasaje que estamos analizando.

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.

Efesios 4:7

¡Cuánta maravilla hay solo en este versículo!

La historia narrada en el versículo 8, y explicada en los versículos 9 y 10 que ya hemos estudiado es el “por lo cual” (v.8) del versículo 7.

Todo lo que hemos hablado hasta ahora tiene su razón de ser en este versículo. Dios quería darnos “a cada uno de nosotros” una gracia.

Y esto es importante, porque la frase “a cada uno” no deja lugar a dudas de que Dios quiere bendecirnos a todos. Sin embargo, no dice “a todos”, como si fuera una gracia que todos recibiéramos en general, las palabras del apóstol dan a entender claramente que hay una gracia específica para “cada uno», hay un propósito específico de Dios para «cada uno», hay un don específico de Dios para «cada uno», y en la mente de Dios nadie queda sin ser bendecido por esta gracia.

¿Y qué es esta gracia?

La gracia, en la Biblia es un favor inmerecido. No es algo que recibimos como resultado de nuestros esfuerzos, habilidades, o buen comportamiento, porque entonces sería un premio o un pago. Es un regalo que Dios nos da, a pesar nuestro.

Muchos creyentes, al contemplar las bendiciones de Dios y contrastarlas con sus propias cualidades y dignidades se sienten inmerecedores, incapaces e indignos de recibir vocación, llamado, ministerio, dones de Dios.

La medida del don de Cristo

Y es aquí donde resalta la grandeza de la bondad de Dios sobre nosotros. Nuestras miserias han limitado nuestro potencial durante todas nuestras vidas, nuestras insuficiencias, temores, traumas, complejos, debilidades, han sido un lastre que, a pesar nuestro, nos han hundido una y otra vez en el abismo del fracaso y la desolación. Como dice el popular adagio: “lo que hacemos con las manos lo desbaratamos con los pies”. Nuestra habilidad no avanza más de lo que nuestros pecados nos lo permiten. Y lo sabemos, conocemos nuestro historial y llegamos a Cristo, y escuchamos sus promesas, y sonreímos como Sara y Abraham al escuchar la promesa de que la estéril sería madre con 80 años cuando ya no menstruaba (Génesis 17:17; 18:12). Incrédulos, conocemos los límites a que no podemos llegar y sonreímos escépticos ante la promesa de Dios.

Pero Dios es más grande que nuestras incapacidades y derrama “gracia” sobre “cada uno de nosotros”, no conforme a la medida de nuestras habilidades, sino “conforme a la medida del don” de un Cristo victorioso y sentado a la diestra de Dios en los lugares celestiales (v.7).

¿Cuál es la medida del don de un Dios infinito? ¿Cuál es la medida del don de un Dios Todopoderoso? ¿Quién podrá impedir la gracia de Dios sobre nosotros si ya Satanás ha sido derrotado, si ya el Hijo de Dios está sentado a la diestra de Dios en los lougares celestiales, si ya nosotros estamos sentados allí con Él?¿Habrá algo imposible para Dios (Lucas 18:27)?

Nada puede impedir para que Dios nos use y bendiga, no hay límites para lo que Dios puede hacer con el creyente que le cree a Él.

Al meditar en este pasaje podemos aprender algo acerca del sacrificio de Cristo en Calvario y de su bendición sobre nosotros: el por qué es por su gracia, el para qué es para su gloria, el cuánto, el cuánto no tiene límites.


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