Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. 18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
(Rom 1:16-20 [RV60])
Todavía hoy, unos dos mil años después de escrita esta frase se siente la fuerza de esas palabras: “¡Porque no me avergüenzo del evangelio!” Se siente como una respuesta desafiante, autoritaria, firme contra presiones externas. Para los cristianos del SXXI esta es una frase inspiradora, bonita, valiente. Nosotros entendemos de presiones externas. En esta sociedad atea, alejada de Dios, hedonista, y culturalmente impositiva sabemos cuán difícil no solo es ser cristiano, sino serlo abiertamente. Vivimos en una época donde los medios de entretenimiento se han convertido en arma en contra de la iglesia. Desde los dibujos animados hasta las noticias, pasando por los espectáculos televisivos, y las novelas, todo contribuye a crear una sociedad que excluye abierta o encubiertamente a quienes creen en Jesús como único Rey y Salvador.
- Se promueve abiertamente como algo elevado cualquier religión por oscura que sea y sin importar si sus principios teológicos son moralmente buenos o no, pero el cristianismo es clasificado como una religión conservadora, inmoral, inculta, atrasada, estereotipada.
- Se promueve abiertamente toda conducta que valore el deleite del momento sin tener en cuenta las consecuencias hacia el futuro. La mentira, el adulterio, la homosexualidad, el alcoholismo, la estafa, la violencia, el asesinato de niños que no han nacido, la discriminación hacia personas con pensamientos diferentes; pero el cristianismo con sus principios morales universales de amor, paz, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio, amor al prójimo, y amor a Dios es relegado a una religión absurda de personas fanáticas.
- Se promueve abiertamente la creencia en abducciones alienígenas, en terraplanismo, en el culto a diferentes religiones muertas, en la superioridad del hombre para controlarlo todo a nuestro alrededor, pero el cristianismo es señalado como arcaico por creer en un solo Dios en lugar de abrirse al ecumenismo mundial donde todos los dioses son venerados sean o no buenos en sus enseñanzas y conductas.
Esta situación, que ya se ha extendido durante años, como una campaña orquestada a fin de desacreditar a la iglesia de Jesucristo está dando resultado. Hoy el cristianismo no solo es criticado a nivel de las universidades, o en la televisión, hay una cultura nacional que cancela al cristianismo convirtiéndolo en la religión de los fanáticos, los atrasados, los parias.
A nuestro alrededor, nuestros compañeros de trabajo, de estudio, vecinos, o amistades miran a los cristianos condescendientemente, hasta con lástima. Aceptan los panes y los peces que el reino de Dios les ofrece, pero rechazan abiertamente la bendición abundante de conocer al Dios de los cielos. La cultura de cancelación ha cumplido su propósito, ahora ellos están a la ofensiva.
Hay un momento en la vida en que nos enseñan pedazo de madera cualquiera y nos los quieren vender como si fuera oro, o el trabajo meticuloso de un artesano sacrificado. Pero quienes saben bien observan y quedamos estupefactos ante la euforia de todos alrededor alabando y magnificando ese sencillo trozo de madera.
La cultura de cancelación del mundo de hoy quiere convencernos de que:
- Tener muchas parejas es tener éxito en el amor, pero nosotros sabemos que tener muchas parejas es fracaso en encontrar o demostrar la estabilidad psicológica necesaria para formar una familia (Tito 1:6)
- La mejor actividad es donde hay consumo libre de alcohol, pero nosotros sabemos que la mejor actividad es donde reina la alegría y la diversión sana, y que eso no depende del alcohol, sino de la calidad de las personas que en ella se reúnen (Juan 2).
- El mejor trabajo es el que da mucho dinero, pero nosotros sabemos que el mejor trabajo es donde estamos más cerca de nuestra realización personal y profesional, que Dios trazó un camino de buenas obras para nosotros, para que anduviéramos en ellas, y ese camino debemos seguir (Efesios 2:10).
- La mejor pareja es la que cumple los estándares externos del mundo, la buena apariencia física, y el buen estatus económico/social, pero nosotros sabemos que el amor es el camino más excelente (1ra a los Corintios 13).
- La mejor vida es la desenfrenada, libre de responsabilidades, y de “ataduras”, persiguiendo nuestros propios sueños, cuando sabemos que la felicidad está precisamente en el compromiso, en morir a nuestros anhelos, y vivir para los de Dios en nosotros y en los demás (Romanos 12:2)
- Que las religiones del mundo y sus falsos dioses son mucho mejores que el Dios creador de los cielos, cuando nosotros sabemos que nadie es poderoso como Dios, amoroso como Dios, misericordioso como Dios, y que Dios es Luz y no hay tinieblas en Él, mientras los otros dioses son falsos y engañadores y habitan en tinieblas y maldad para destruirnos (Juan 10:10).
- Que hay esperanza para la humanidad en las fuerzas de la humanidad, pero nosotros sabemos que hacer el mal está en el hombre, y que solo Dios puede salvarnos de nosotros mismos (Romanos 3:23; 7:23-25).
De modo que, al levantarnos, ir al trabajo, a visitar a nuestros vecinos, a la escuela, a todas partes sentimos esa presión externa que nos oprime, sabemos que todos piensan lo mismo y que nosotros pensamos diferente. Sabemos que todo estará bien mientras no mencionemos a Dios, a la iglesia, al cristianismo, al evangelio. Y cedemos, y nos rendimos ante la presión de esta sociedad porque no queremos perder lo que ella nos ofrece, porque no queremos arriesgar lo que tenemos, porque no queremos aislarnos socialmente, y porque no queremos perder a nuestros vecinos, compañeros de trabajo, de estudio, amigos.
La cancelación cultural nos obliga a escoger entre vivir abiertamente el evangelio, o nuestra vida social según sus estándares sociales. Para ser aceptados debemos vivir como ellos, o al menos aparentarlo. Y así muchos cristianos viven, cancelados, para no perder a sus amigos, relaciones, oportunidades de trabajo, o de estudio.

Pablo dijo: “porque no me avergüenzo del evangelio”. Y lo dijo porque vivió algo similar. En su época el cristianismo era nuevo y debía dar a conocer su enseñanza en medio de una sociedad que ya tenía un modo de vida establecido. Ser cristiano en aquella época significaba arriesgarlo todo por Cristo. Hubo hermanos que perdieron sus bienes y fueron desalojados por ser cristianos (Hebreos 10:34). Otros fueron apresados (Hechos 4:3), arrojados a fieras para ser espectáculo del mundo en su sufrimiento (1ra a los Corintios 15:32), apedreados hasta morir (Hechos 14:19), azotados (Hechos 16:23), puestos en el cepo (Hechos 16:24).
La pregunta que me hago, cuando comparo mi cancelación con la de Pablo, y me doy cuenta de que si yo creía que lo que yo arriesgaba era mucho, lo que Pablo y a iglesia cristiana en la Biblia arriesgó fue mucho más, es: ¿qué tiene el evangelio que vale la pena arriesgar no solo nuestros bienes, sino nuestra libertad, salud, e incluso la vida por él? ¿Qué veía Pablo en el evangelio que le hacía afirmar con tanta fuerza: “No me avergüenzo del evangelio”?
Este pasaje es la defensa de Pablo del evangelio, es como si estuviera diciendo: no importa las presiones, no importa el sacrificio, no importa que me cancelen, el evangelio es más precioso.
Hay 3 razones por las que Pablo no se avergüenza el evangelio, y quiero compartirlas con contigo.
Poder de Dios para salvación
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”
(Romanos 1:16)
El primer argumento de Pablo, sobre el que edifica los restantes es que el evangelio es poder de Dios. Y la palabra utilizada en el idioma original es “dunamis”, que es la misma utilizada siglos después para describir el poder explosivo de la dinamita. Así que Pablo está diciendo que el evangelio es poder “explosivo” de Dios. El evangelio es “poder” abundante, fuerte, poderoso.
Y si lo dejamos solo allí obviamente hemos visto muchos poderes sorprendentes hoy en día. Conocemos del poder explosivo de la pólvora y la dinamita, del poder propulsor de los aviones, o el poder destructivo de una bomba atómica. Entendemos la palabra poder y sabemos que todo poder es directamente proporcional al combustible que lo origina.
Un automóvil irá tan rápido como el pode de su motor de combustión interna, que a su vez está limitado por el poder de la gasolina que consume, igualmente una bomba será tan destructiva por la cantidad de combustible explosivo que lleve dentro de sí. Un hombre será tan poderoso como la autoridad que le haya sido entregada en sus manos… entendemos que el poder está limitado por su origen, el poder es solo la expresión de lo que lo origina.
De Dios
Por es tan sorprendente cuando Pablo dice que el evangelio “es poder… de Dios”. De ese mismo Dios que hizo los cielos y la tierra con el sonido de su voz, que juntó los montes con sus manos y que dijo calla, enmudece y la tormenta y el mar se detuvieron, del mismo Dios que caminó entre nosotros y sanó a los enfermos, y resucitó a los muertos, y rescató a los abatidos, es poder abundante, explosivo, fuerte, de Dios.
Para salvación a todo aquel que cree
Ahora, aunque hay muchos que no entienden que el evangelio es poder de Dios, entre los que sí lo entienden, hay muchos que no entienden que es “poder de Dios… para salvación”.
Y este es un detalle importante porque muchos creen que el evangelio es poder de Dios para enriquecernos, o para sanarnos, o para bendecirnos, o para hacernos felices, o para responder a nuestras oraciones (Romanos 14:17).
«… porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo»
(Rom 14:17 [RV60])
No me malinterprete, no quiero decir que el evangelio no haga esas cosas. Pero el evangelio no consiste en esas cosas, tiene esas cosas, pero esa no es la razón de existir del evangelio. El evangelio es para salvación.
Y cuando la Biblia habla de salvación no está hablando de una salvación momentánea de la pobreza, o la muerte, o la enfermedad, o la tristeza, o la desesperación, sino de salvación eterna. Dios (Juan 3:16). Todo el poder de Dios derramado sobre la iglesia en este siglo, ahora, es para salvación eterna. Y esto es algo que la iglesia debe entender.
La iglesia cristiana debe entender que el poder de Dios que experimentamos hoy, la manifestación poderosa del Espíritu de Dios en nuestras vidas no es la herencia de la iglesia, sino el adelanto de la herencia (Efesios 1:14).
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
(Efesios 1:13 [RV60])
Todavía no viviremos a plenitud toda la bendición de la salvación eterna de Dios, pero si viviremos parte de esa manifestación (Mateo 11:12).
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
(Mateo 11:12 [RV60])
Así que el evangelio es poder explosivo, abundante, inmenso, de Dios, para salvación eterna, manifestándose en quienes creemos, trayendo un adelanto del reino de los cielos sobre la tierra donde quiera que vamos.
La revelación de la justicia de Dios
Pablo continúa diciendo:
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela …
(Rom 1:17 [RV60])
Entonces, ¿cuál es la característica visible de este evangelio que hace que sea tan precioso como para arriesgarlo todo por él? En el evangelio vemos la justicia de Dios manifestándose.
Es aquí donde nos deja sin aliento este pasaje, Pablo está llegando al meollo de problema de la humanidad: la crisis de la justicia.
Vivimos en un mundo destruido por las injusticias. Y no solo en la sala de un jurado, donde vemos tanta justicia insatisfecha, sino en nuestras propias vidas donde vemos tantos dolor y sufrimiento. Hay una frase que todos hemos usado en algún momento de frustración y es esa que dice: “no es justo”.
Vivimos con ese anhelo por la justicia, pero no por cualquier justicia, sino por una justicia superior. Sabemos que la justicia humana está limitada enormemente, hay crímenes que, por el dolor que provocaron, no se pagan simplemente con una cadena perpetua o con la muerte. Y hay injusticias que por más que los hombres queramos enmendar nuestros recursos son insuficientes para sanar corazones destruidos. Anhelamos algo más.
El gran problema de la justicia humana es su relación con la misericordia. Todos anhelamos la misericordia y la justicia. La misericordia sobre nosotros cuando hacemos algo mal, la justicia sobre los demás cuando hacen algo mal. Esa mentalidad parcializada, juicio sobre ellos misericordia para mí, unido a los corazones corrompidos por el pecado, la avaricia, el egoísmo, y la mentira, hacen que los seres humanos vivamos insatisfechos anhelando el día en que realmente experimentemos la verdadera justicia que todos sentimos que un día se manifestará.
Contrario a nuestras expectativas, esa justicia ya se está manifestando. Y se está revelando en el evangelio. El evangelio es el equilibrio perfecto entre juicio y piedad, entre castigo y perdón.
El evangelio nos muestra
- hasta dónde llega la maldad humana al crucificar al único hombre inocente de mundo,
- hasta donde llega la misericordia al entregar a su Hijo a morir por nosotros, y ofrecernos perdón si confiamos en Él y nos arrepentimos de nuestros pecados, dándonos vida eterna, y
- hasta dónde llega el juicio de Dios al derramar toda su ira sobre quienes no se arrepientan de sus pecados alejándose así de la bondad y luz y misericordia de Dios para siempre.
El evangelio es un recordatorio de cuán grave es nuestra falta, y de cuán grande es Su bondad.
En el evangelio la justicia de Dios no solo se revela de un modo intelectual, cognitivo, sino poderoso, por eso la palabra poder al comienzo de esta frase:
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
(Rom 1:16 [RV60])
Y esta es la razón por la que Jesús hizo milagros, no solo para explicarnos la justicia de Dios, sino para revelárnosla en nuestras vidas. Y esa es la razón por la que el evangelio es tan poderosa, porque en Él ya somos salvos, manifestándose poderosamente un adelanto del reino justo de Dios sobre nuestras vidas.
Llegará el día en que:
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
(Apocalipsis21:3 [RV60])
Pero entre tanto llega ese día, Dios nos muestra con el poder del evangelio, lo que significa su justicia. Es por eso que Dios responde tan maravillosamente las oraciones de su iglesia, los enfermos son sanados, la economía es suplida, los corazones restaurados, los abatidos levantados, los espíritus inmundos expulsados, la iglesia es sostenida, y las tinieblas retroceden.
El evangelio es también el anuncio de cuán terrible es el pecado que merece un juicio tan radical, a la vez que nos muestra cuán maravilloso es Dios que se sacrifica a sí mismo aun siendo nosotros pecadores.
Por fe y para fe
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
(Rom 1:17 [RV60])
Y hay un secreto al final de cómo lograr que este poder explosivo y abundante de Dios se revele y manifieste en nuestras vidas: la fe.
Por fe, solo mediante la fe es que podremos ver la manifestación de este poder en nuestras vidas, en este mundo, ahora. Es como si la fue fuera la llave que nos permitiera abrir las puertas de los cielos y tomar posesión de todo lo que Dios ha puesto a nuestra disposición.
Esa batalla, la batalla de creer sin ver, es difícil, es arriesgada, pero es tiene retribución. La Biblia dice que Dios es galardonador de los que le buscan.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
(Heb 11:6 [RV60])
Dios, nuestro galardón, es la satisfacción de nuestra fe, y la experiencia del poder de Dios interrumpiendo el curso normal de las circunstancias de este mundo caótico es lo que despierta en nosotros más fe.
Para fe, hay tantos cristianos que no tienen experiencia real del poder del evangelio en sus vidas, sin embargo, es tan sencillo como simplemente confiar en las promesas de Dios.
Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
(Heb 6:11 [RV60])
El evangelio de Jesús es el mensaje de una esperanza gloriosa, y la demostración de esa esperanza gloriosa. Pablo decía: no me avergüenzo, por el contrario, me enorgullezco del evangelio, me regocijo en el evangelio, me deleito en el evangelio.
Toma un momento hermano para creerle a Dios por sus promesas, toma un momento para ir más allá de la realidad de este siglo, transforma tu modo de pensar, créele a Dios a pesar de todo, créele a Dios a pesar de ti, créele a Dios, porque Él es fiel; y entonces el evangelio se te revelará en todo su poder, un paso a la vez, por fe, y cada paso despertará más fe y revelará más de la bondad de Dios para tu vida.
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