Viernes Santo
Es el último día de Jesús sobre la tierra, luego de la última cena, el contigente de discípulos se dirige hacia Getsemaní. Allí ora el Mesías mientras los discípulos caen extenuados bajo la terrible presión espiritual que sostenían.
Un poco después de la medianoche, Judas se acerca a Jesús y le da el famoso beso traicionero que viene a ser una señal para que sea apresado por sus perseguidores. Pedro trata de pelear, pero Jesús le reprende, Él irá voluntariamente. Se cumple la profecía del Maestro y los discípulos huyen despavoridos (Marcos 14:27).
Jesús pasa por una sucesión de lugares mientras Herodes, el sanedrín, y Poncio Pilato hacen burla de Él. En un juicio improvisado Pilato trata de evitar su condena y les ofrece cambiarlo por un preso, en una analogía de la naturaleza humana, el pueblo abraza a aquel hombre y rechaza a Dios encarnado. Alguien le pone una corona de espinas, le escupen, y golpean. Jesús calla. Hacia las 6 de la mañana Jesús llega al Calvario, ya no puede ni cargar su propia cruz de tantos latigazos y golpes que ha recibido el que un día sanara enfermos entre las multitudes de Israel.
Allí entre insultos y burlas, el Dios encarnado camina cargando el peso de la humanidad.
¡Tanto ha ocurrido en esas pocas horas!,
La via dolorosa de Jesús hacia el Calvario, y su crucifixión son un modelo para todos los cristianos (1ra de Juan 2:6). Los cristianos de hoy en día, acostumbrados a las bondades de la época post moderna, pasan por alto que Jesús nos mandó a tomar su cruz.
Para muchos cristianos el sufrimiento es momento de lamentarse y llorar, de quejarse, y sentir lástima por sí mismos. Jesús fue diferente, y espera que nosotros seamos como Él.
Veamos una de las últimas palabras de Jesús sobre la cruz.
“Perdónalos”
Al llegar al Gólgota, fue crucificado entre dos ladrones. Y mientras esto sucedía Jesús decía:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Lucas 23:24.
¿Qué había en la mente de Jesús cuando dijo esas palabras, qué movía Su corazón? El versículo más famoso de la Biblia nos ayuda a comprender cuál era la pasión que motivaba al Maestro.
Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16
El amor de Jesús lo consumía, increíblemente, a pesar de todo lo que había vivido solo en aquella mañana no era el odio o el resentimiento lo que abrumaba su corazón, sino el amor. Jesús expresa su deseo no en un momento de descanso que le dieran sus torturadores, sino mientras era crucificado. Note el tiempo verbal de la palabra “decía”, expresando una acción continua en el pasado.
Jesús sabe que habría un castigo terrible sobre todo Israel por no haber reconocido el tiempo de la visitación del Hijo de Dios (vea el artículo ¿Quién es este?, de la serie de sermones de esta semana santa y su anhelo es el arrepentimiento y perdón de los pecados del pueblo).
A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!
Lucas 22:22
Aunque realmente el Hijo de Dios debía morir por los pecados de los hombres, el ensañamiento de la humanidad sobre el Salvador era extremo. Él, les había traído sanidad, salvación, luz, sabiduría, amor, paz, reconciliación, y ellos le devolvían burlas y torturas. Desde su dolor Jesús podía ver asomarse la justa ira de Dios sobre estos hombres, quizás por esa razón el planeta sombrío se cubrió de tinieblas ¡Así de terrible sería el juicio de Dios sobre estos hombres!
Aunque muchos creyentes asumen que en esta frase Jesús, y por tanto Dios, perdonó a quienes le crucificaron, esa interpretación es contraria a la enseñanza de toda la Escritura sobre el perdón de Dios.
Las Escrituras enseñan que el perdón se otorga solo cuando hay arrepentimiento:
- En 2da a los Corintios 2:10-11, Pablo perdonó solo cuando el ofensor mostró la tristeza del arrepentimiento (v.7; 2da a los Corintios 7:9).
- En la Biblia, el perdón siempre es condicionado por el arrepentimiento del ofensor (Lucas 17:3-4)
- Note en Mateo 18:15-17 la condición: “Si te oyere, has ganado a tu hermano” (v.15), y la condenación “si no oyere […] tenle por gentil y publicano”.
- Incluso Dios, quien es amor, exige nuestro arrepentimiento para perdonarnos (Marcos 1:4). No debemos aspirar ser mejores que Dios
Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.
Lucas 17:3, énfasis del autor
Entonces, ¿qué hizo Jesús al decir “perdónales”? No hay evidencia en las Escrituras de que quienes le crucificaron y golpearon y ridiculizaron y se ensañaron en el proceso de la muerte de Jesús fueran perdonados incondicionalmente por Dios.
Aunque el pasaje no lo dice claramente, en varias ocasiones en las Escrituras Jesús habla del perdón asumiendo el arrepentimiento de los que deben ser perdonados. En Mateo 18:21-35 Jesús dice que debemos perdonar todas las veces que sea necesario al ofensor. En ese pasaje no menciona el arrepentimiento como requerimiento para el perdón, pero en la parábola que narra a continuación el arrepentimiento, los ruegos, y la petición de misericordia forman parte de la condición para el perdón que otorgó el rey, y exigió el rey de su siervo.
Jesús no menciona el arrepentimiento, no porque fuera algo innecesario, sino porque su gran preocupación es que un pecado tan grande como aquel no fuera perdonado. El anhelo de Jesús a su Padre Celestial es: a pesar de todo esto, Dios, llévalos a arrepentimiento, perdónales sus pecados, transforma sus corazones, llévales a vida eterna.
Asumir que Jesús les perdonó sin arrepentimiento es suponer que estos hombres fueron premiados por su intensa y putrefacta maldad, sin que hubieran lamentado lo que hicieron contra el Hijo de Dios, la bendición de Dios descendería sobre ellos concediéndoles libertad para seguir haciendo maldad a diestra y siniestra y que finalmente serían llevados al paraíso de Dios para alabar a Dios con corazones corruptos por la maldad, el odio, y la abominación del pecado.
Jesús no quería que fueran perdonados externamente mientras sus corazones seguían perseverando en maldad, su anhelo es que fueran convencidos de pecado, y perdonados.
El deseo de Jesús se cumple el día de Pentecostés, durante el primer sermón cristiano de Pedro ante toda Jerusalén, poco después de la muerte y resurrección de Jesús:
Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; 23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; […] 36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. 37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
Hechos 2:22-38
38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Preste atención: Pedro no les dice, “tranquilos, ya ustedes están perdonados por lo que dijo Jesús en la cruz”, por el contrario, les dice: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados…”.
El perdón es una decisión, no una emoción, aunque puede estar motivado por las emociones como el amor y la misericordia. Contrario a lo que dicen muchos, nosotros podemos amar a alguien quien no hemos perdonado, pues así mismo nos amaba nuestro Padre celestial antes de nuestra conversión (Romanos 5:8a). La mejor forma de amar a un pecador no es ignorar su pecado, sino mostrarle las consecuencias del pecado y buscar siempre la reconciliación condicionada por el arrepentimiento (Gálatas 6:1)
Principios bíblicos del perdón
- Perdonar es una forma de mostrar misericordia ante el arrepentimiento sincero.
- Ninguna parte de la Biblia nos manda a perdonar si el ofensor no se arrepiente con sinceridad.
- Perdonar significa borrar el delito del ofensor, como si nunca hubiera ocurrido.
- Siempre debemos perdonar a quienes nos ofenden y se arrepienten, así Dios lo hizo con nosotros, así espera que nosotros hagamos por los demás.
- El no perdonar a alguien no significa que le odiemos, sino que retenemos su culpabilidad sobre él, hasta tanto se arrepienta, y anhelamos, con un amor genuino, su sincero arrepentimiento e iluminación.
- Las emociones que tenemos no deben ser la medida para perdonar o no, sino la misericordia. En lugar de la ira y la amargura debe primar el perdón y la reconciliación entre todos.
Entonces, ¿qué había detrás de la frase “perdónalos porque no saben lo que hacen”? Esa frase está saturada de amor, de tristeza, de dolor por el prójimo. Jesús, en el clímax de sus torturas sentía más dolor por el pecado y el castigo que acarrearía ese pecado sobre sus torturadores, que por los clavos que atravesaban su carne.
El Espíritu Santo había dicho a través de Ezequiel:
“¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?”
Ezequiel 18:23
La respuesta es un resonante no, Dios no quiere la muerte del impío, Dios anhela su vida, su perdón.
Dios espera que, como cristianos seamos movidos a misericordia en lugar de a ira. Demasiado a menudo escucho cristianos usando el poder de Dios como arma de maldición: “La sangre de Cristo me protege de los impíos como tú”, he escuchado decir. “Mía es la venganza” declaran otros ante un agravio. “Dura cosa es caer en manos de un Dios vivo”, añaden algunos amenazantes ante la injusticia. Nada de eso hizo Jesús. Jesús amó, susurró, deseó que fueran librados de la ira de Dios.
¿Cuál es el concepto bíblico del perdón?
En la Biblia, el perdón es un término de liberación de las consecuencias por el pecado cometido. El pecado, a su vez incluye toda una serie de acciones que surgen de corazones corrompidos por los deseos de la carne.
Por ejemplo:
Gal 5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Gálatas 5:19-20
En otras palabras, cuando una persona se deja llevar por los deseos de la carne termina pecando, y al pecar se daña a sí mismo y a otros. Ese daño produce heridas, dolor, y desconfianza en las víctimas de nuestro pecado y en nosotros mismos, pero, sobre todo, provoca el justo juicio de Dios.
El problema está en que todos hemos pecado, de una forma u otra y estamos bajo la justa ira de Dios. Sin embargo, la mayoría somos más dados a olvidar nuestros pecados y a demandar la retribución por el daño que nos hayan hecho. Nos encanta la justicia de Dios cuando se aplica a nosotros, y su juicio cuando se aplica a otros.
Pedimos misericordia sobre nosotros y venganza sobre otros, olvidando que somos también deudores y merecedores del juicio de Dios.
Generalmente, a todos nos encanta la frase de Jesús sobre la cruz: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Pero pocos somos incapaces de amar del mismo modo.
Sobre la cruz Jesús está preparando el camino para que ese perdón se pueda realizar. Sobre la cruz, Jesús está preparando la oportunidad para que, al arrepentirse, su deseo se haga realidad.
En la cruz estaba en conflicto el dolor y la agonía, con el amor y el propósito. Por un lado estaba la ira de Dios, por otro lado quedaba el amor de Dios, todo dependía de Jesús ¿Se dejaría llevar por el resentimiento, el dolor, el sentido de justicia, derecho, el amor propio, por la venganza contra todos los que le injuriaban? ¿O vencería el amor que sobrepasa todo entendimiento para seguir adelante? Las palabras de Jesús en el Calvario expresaban el deseo más profundo de su corazón: que el perdón de estos pecadores pudiera hacerse realidad.
Sigue la senda de la cruz
Nosotros tenemos también nuestros calvarios, claro que ninguno se compara al de Jesús, pero Él nos dejó un ejemplo:
“y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.
Mateo 18:38
Dicen que es en las crisis en que emerge nuestro verdadero yo , ¿quién emerge en tu crisis? ¿qué emerge en tu crisis? La crisis permite que descubramos cuál es la pasión que mueve nuestras vidas, cuál es el combustible que enciende nuestro corazón, cuál es el deseo más profundo que con nadie compartimos.
Somos seres complejos. Tendemos a la hipocresía, a la banalidad, a cubrir las apariencias, a la ira, a las mentiras, y a veces lo hacemos tan bien que nos engañamos a nosotros mismos. Quizás sea por eso que Dios pavimenta el camino del cristiano de aflicciones (Juan 16:33), para que en la aflicción se descubran nuestras verdaderas pasiones, salgan nuestras verdaderas prioridades.
La cruz de Jesús era parte del plan de Dios para Él, de hecho, era el propósito de Su existencia sobre la tierra, Jesús anhelaba el perdón de los hombres, la cruz era el modo de lograrlo.
Aceptar nuestras cruces como parte del plan soberano de Dios para nuestras vidas es un paso más hacia el crecimiento y la madurez a medida que crecemos hacia aceptación del plan de Dios en nuestras vidas.
Demasiados cristianos buscan cortar camino y evitar la senda angosta, demasiados cristianos tienen otras pasiones antes que el reino de Dios en sus vidas. Demasiados cristianos, ante el dolor, reclaman sus derechos sus sueños, sus pasiones, antes que los derechos de Dios, las pasiones de Dios, los sueños de Dios.
El sufrimiento forma parte del sendero de Dios hacia tu victoria:
Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
Hechos 14:22b
La realidad, es que mientras sigamos evitando la senda angosta, evitaremos también la victoria que nos espera al otro lado. Cada herida nos hace más fuerte, nos enseña a depender más de Dios, destruye nuestras pasiones egocéntricas, mata nuestro orgullo, incrementa nuestra dependencia de Dios.
Termino con las palabras de Pedro:
En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. 8 a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; 9 obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.
1ra de Pedro 1:7-9
Vea también Razones por las que los cristianos no deben perdonar incondicionalmente
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