¿Te has preguntado por qué ocurren tantas cosas malas a tu alrededor?

Hay un refrán que dice: «cosas malas ocurren a gente buena», y esta es una manera de decir que el mundo no es justo, que es una pérdida de tiempo hallarle lógica al caos de dolor y frustración que nos rodea.

¿Dónde está Dios en medio de todo esto? Sí, ya sé, no quieres leer sobre religión, ni sobre iglesias cristianas ni nada de eso. Al final, hay tantas y el mundo sigue igual.

Por eso no quiero hablarte de nada de eso, sino directamente de Dios ¿Sabes algo? nuestra tendencia humana siempre es a representarnos a nosotros mismos como víctimas, y pocas veces reconocemos que también somos victimarios, o perpetradores.

¿Quiéres un mundo mejor? Fácil, comienza contigo mismo. Abandona los celos, las contiendas, las divisiones, iras, borracheras, adulterios, fornicaciones, mentiras, y cosas semejantes que aunque prometen un placer intenso, su placer es también temporal, y dañino a largo plazo para ti y para los que te rodean.

El gran problema es que, si eres sincero contigo mismo, cambiar es más difícil de lo que parece.

En nuestra comunidad de creyentes (entiéndase iglesia) cada mes conocemos nuevas personas que han llegado a comprender que con toda la fuerza de voluntad del mundo son incapaces de transformar sus malos comportamientos. Necesitan ayuda. Algunos vienen buscando consejo, otros apoyo, hay quien viene buscando economía, y no pasa mucho hasta que descubren que nosotros como ellos, necesitamos todo eso.

– ¡Jaj! ¿Entonces de qué me hablas predicador? ¡No tienes nada que pueda resolver mi problema!

– Tienes razón, nada tengo, pero conozco a alguien que tiene TODO. Dios.

¿Un mundo mejor? Sí, claro. Pero empieza por ti, pero empieza con Dios.

En Baluarte de Salvación, que así se llama nuestra iglesia, te ayudamos a conocer a Dios, a tener un encuentro directamente con Él, a conocer su naturaleza, sus condiciones y sus regalos a nosotros. Aquí, comos todos hermanos, no porque seamos una fraternidad de personas que dependen unas de otras, sino porque somos todos hijos del mismo Padre que nos cuida a TODOS como a hijos, alimentándonos, enseñándonos, guiándonos, aconsejándonos, apapachándonos, entrenándonos para que vivamos una vida plena y abundante como Él siempre quiso.


Descubre más desde Vida Cristiana en Acción

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio