Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
Efesios 4:1-5
La cuarentena en Cuba se ha prolongado y los casos siguen aumentando. Si la primera cuarentena nos agotó y secó nuestras economías y estados de ánimo. En esta segunda, aunque estamos ya mejor preparados psicológicamente para enfrentarla, también estamos más desgastados, y extenuados.
¿Qué hace un cristiano en cuarentena? ¿Qué hacer cuando el encierro se extiende y extiende y extiende? ¿Cómo servir a Dios en esta situación? ¿Acabó mi servicio cristiano? ¿Acabó mi adoración a Dios cuando no puedo ir a la iglesia?
Pablo, preso en Roma a causa de su testimonio de la salvación en Cristo escribe esta carta a los efesios.
En los primeros 3 capítulos Pablo habla de la revelación del misterio de Cristo y de lo que está ocurriendo en el mundo espiritual en los lugares celestiales. Ahora Pablo, en el capítulo 4, pasa a una parte un poco más práctica y enfática.
Los primeros 3 capítulos son la teoría de lo que va a enseñar ahora: Nosotros “estamos sentados en Cristo en los lugares celestiales”.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
Efesios 2:4-5
Ahora nos dice qué hacemos con este conocimiento:
¿Qué hacemos?: “andamos”, dice Pablo. “Os ruego que andéis”. Ser cristiano no significa ser solo un receptor pasivo de las bendiciones de Dios. No es como un pararrayos que recibe y absorbe alegre toda la potencia de la gloria de Dios. En la Biblia, ser cristiano significa “andar” llevar esa misma energía que absorbemos, esa misma bendición que nos impacta, a todas partes a todo lugar, en todo momento.
Dos aclaraciones importantes
Ahora, hay una aclaración importante en este pasaje, fuimos “llamados” con una “vocación”. Pablo no está escribiendo a unos pocos en la iglesia. Cuando escribe a la iglesia de Éfeso, no escribe solo a los pastores, a los líderes, o a los hermanos del grupo de alabanza. Escribe a todos: “a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”.
Si estuviera escribiendo a la iglesia donde usted se congrega, no hubiera escrito ‘a los pastores, líderes, y misioneros, y cantores, y maestros” de la iglesia en su ciudad, sino ‘a los santos y fieles de la iglesia que están en’ su ciudad, incluyéndole a usted.
Y esto es lo que dice a todos los hermanos de esa iglesia: “Os ruego que andéis, como es digno de la vocación a que fuisteis llamados”. El ruego del Espíritu Santo que inspiró a Pablo es que andemos. Que no nos quedemos quietos. Andar es lo opuesto a quedarse quietos, es un verbo que implica la acción, el desplazamiento, el movimiento. Contrario a lo que piensan muchos, ser cristianos no significa esperar pacientemente a que Dios provea todas nuestras necesidades, o a que un milagro baje del cielo a ayudarnos en nuestros problemas.
La Biblia está llena de exhortaciones, ruegos, y mandamientos a actuar. El cristiano no es un receptor pasivo del poder celestial, sino un conductor activo de las fuerzas de Dios. Como el pararrayos sin cable a tierras no sirve, así el cristiano que no transfiere la grandeza de la manifestación de la gracia de Dios a otros es inútil y no sirve. Dios espera que tomemos toda la plenitud de su revelación y de su poder y la transmitamos a otros. Del mismo modo en que recibimos su gracia, así debemos entregarla, y entonces nuestra utilidad es manifiesta, nuestro propósito es revelado, y nuestra existencia cobra sentido.
Aquí hay un detalle importante: hay un llamado para ti. Un llamado que es una vocación en tu corazón.
que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados
Efesios 4:1
Este llamado, como vocación al fin, es específica, es personal. Cada uno tenemos cualidades y pasiones únicas, y extraordinarias. Dios las ha puesto en nuestro interior como herramientas útiles para satisfacer esa pasión que nos impulsa a soñar un sueño específico, y esa pasión es nuestra vocación, esas herramientas son los dones o capacidades naturales o sobrenaturales que Dios nos ha dado. Hay vocaciones naturales, como la del maestro, el músico, el ingeniero, el médico. Cualquiera con las habilidades naturales necesarias puede estudiar y graduarse y desarrollarse en cualquiera de esas profesiones naturales. Pero cuando una persona alinea su vocación con su carrera, entonces esa vocación la hace explotar sus límites y los límites de su profesión, entonces ocurren maravillas. Una persona que alinea sus esfuerzos profesionales con su vocación va a rendir más, va a disfrutar más su trabajo, va a bendecir más a los que están a su alrededor, va a sentirse más útil y realizada.
Ahora, Pablo hace una aclaración: la vocación es resultado de un llamado, “la vocación con que fuisteis llamados”. La palabra “llamado” está en voz pasiva, lo que significa que la acción es realizada sobre nosotros. Es decir, nosotros no nos llamamos a una vocación, alguien nos ha llamado. La implicación y el contexto es que Dios nos ha llamado. Y esto es importante cuando usted conoce a Dios. En la Biblia la voz de Dios es una expresión activa de su poder. Cuando Dios dijo: “sea la luz”, “fue la luz” (Génesis 1:3). ¡Al llamado de Dios despertaron las supernovas! ¡En obediencia al llamado de Dios las galaxias emitieron luz y comenzaron a girar ordenadamente! Dijo Dios, y fue suficiente.
Conociendo esto Pablo dice, la voz de Dios ha puesto una vocación en tu corazón. Y con esa vocación ha puesto todo lo necesario para que brilles, resplandezcas, e ilumines a todos a tu alrededor.
Es por esa razón que añade que debemos andar “como es digno de esa vocación”. En el idioma original, andar con dignidad, se refiere a “recorrer todo el camino”, en buen cubano: “metiéndole el pecho”, aceptando completamente la comisión, disfrutando a plenitud la encomienda que hemos recibido.

A veces nos ponemos a escoger qué obedecer y qué no obedecer de Dios. Como un niño frente a un plato de comida que separa los vegetales de las chicharritas. No entendemos que todo lo que Dios nos da es para nuestro provecho. Andar con dignidad es honrar esa vocación, sin desestimarla, sin menospreciarla, sin abandonarla, sin desacreditarla con malas actitudes.
Y para que quede claro qué es andar como es digno de la vocación con que fuimos llamados, Pablo nos dice tres modos en los se expresa esa dignidad.
La santidad del alma y de nuestras relaciones interpersonales:
“con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”
La unidad en el Espíritu
“solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”
La sana enseñanza doctrinal
- «un cuerpo», (la iglesia de Cristo)
- «y un Espíritu», (la relación espiritual del cristiano con Dios mediante el Espíritu Santo solamente)
- «como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación»; (la esperanza bienaventurada de la vida eterna con Dios)
- «un Señor», (Jesús no solo como hermano, sino como Señor)
- «una fe» (creer en Dios es más que creer que Él existe, creer en Dios es creer a Dios, creer a sus promesas y vivir por ellas),
- «un bautismo», (se refiere a la representación simbólica externa de la regeneración que ocurre internamente)
- «un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos» (la soberanía absoluta de Dios, Dios está en control)
Conclusión
La respuesta de Pablo a la pregunta ¿Qué hace un cristiano en tiempos de cuarentena? Un cristiano “anda”, sea en libertad o preso, en la calle o en la casa, en salud o enfermedad, con dinero o sin él. El poderoso y maravilloso llamado de Dios nos impulsa a andar como es digno de ese llamado.
Mientras escribía esta carta Pablo estaba preso, cautivo a causa de su predicación del evangelio de Cristo. Por eso dice, “preso en el Señor” (v.4:1) y “prisionero de Cristo por vosotros los gentiles” (v.3:1).
Preso, “en cadenas” (v.6:20). Pablo no se detenía, andaba, avanzaba, meditaba en las Escrituras, se presentaba con humildad y mansedumbre, en amor, vivía en comunión con Dios atento a Su Espíritu Santo, y cumplía su vocación. Pablo tenía cadenas en las manos, pero eso no le impidió escribir o dictar la carta. El cristiano puede estar limitado en su andar con Cristo, pero ello no limita su ingeniosidad para servir a Dios, Pablo usó cartas, ahora nosotros lo hacemos por WhatsApp o página web, otros usan teléfono, no falta quien comparte el evangelio de balcón a balcón o de ventana en ventana, algunos utilizan las colas. Pero lo cierto es que el cristiano en cuarentena no se detiene, estudia la Palabra y doctrina de Dios, tiene comunión con el Espíritu Santo, vive en santidad en su interior y con sus hermanos, respondiendo positivamente al llamado y a la vocación de Dios para su vida.
Es hora de que la iglesia se levante, esta pandemia no se sale de la mano de Dios. Ni el que nosotros estemos en ella es una tragedia. Dios nos preparó para este momento, para esta hora. Es momento de que la iglesia se levante y ande. Que deje de enfocarse en sus limitaciones por la pandemia y empiece a buscar sus potencialidades en Cristo. Es increíble como un hombre encadenado escribió una carta que hoy, 2000 años después todavía estremece y motiva nuestros corazones como instrumento de Dios para la iglesia.
No sabemos lo que Dios puede hacer contigo en medio de esta situación. No sabemos cuántas vidas puede transformar, cuántos milagros puede hacer. Y probablemente nunca lo sabremos si no nos levantamos y andamos.
Hoy, ahora, levántate y busca modos seguros, sabios, en renovar tu comunión con Dios y tu servicio a Él.
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