4 Preguntas sobre el Ministerio Cristiano

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Efesios 4:11-16

Corría el siglo XVIII John Wesley un predicador anglicano comenzó a cambiar el paradigma de la enseñanza cristiana desde los elaborados sistemas teológicos de la época, hacia el énfasis en la experiencia cristiana.

Para Wesley, quien devino fundador del metodismo, la entera santificación o perfección cristiana era la esencia y propósito de la iglesia sobre la tierra. Fue en ese contexto que predicó la perfección cristiana en las iglesias del movimiento de la Santidad. Estas iglesias, entre las que se encontraba nuestra denominación, la Alianza Cristiana y Misionera, enfatizaron en su peregrinaje con Dios la santificación como proceso sobrenatural esencial de Dios en nuestras vidas.

Varios siglos después, el movimiento de la santificación ya no se menciona, la perfección cristiana es una quimera, y el evangelio se ha convertido, en muchos lugares, en un estilo de vida que «ama» tanto que exije nada. Hoy vivimos una época de movimientos apostólicos y grandes ministerios proféticos centrados en lo sobrenatural, en el evangelismo, en la compasión, en la apologética, o en los espectáculos. Los servicios cristianos en muchos lugares, no solo en las mega-iglesias han devenido espectáculos que buscan engrandecer el nombre de Dios mediante presentaciones excelentes y mensajes carismáticos.

Y no es que esté mal glorificar a Dios mediante el uso de técnicas profesionales de excelencia de modo que la iglesia sea admirada como un organismo capaz y pueda alcanzar a más personas cada vez. Sin embargo, el enfoque en las actividades y el profesionalismo a veces desvirtúa el propósito de Dios en el diseño de los ministerios de la iglesia.

Por otro lado, los movimientos humanistas contemporáneos enfatizan el amor y la misericordia de Dios pasando por alto Su santidad, celo, y propósito para nuestras vidas. La perfección cristiana es hoy un concepto olvidado.

La clave para reenfocarnos como iglesia hacia el propósito general de Dios para cada uno de nosotros, es conocer el plan general original de Dios para los ministerios cristianos.

¿Cuál es el propósito general de Dios para los ministerios en la iglesia?

El texto es bien interesante, Pablo, inspirado por el Espíritu Santo escribe a la iglesia de Éfeso dándoles una lista de ministerios en la iglesia: “apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”. Más allá de las funciones de cada uno de estos ministerios, sobre las que hay numerosos artículos, libros, y manuales escritos, hoy quiero enfocarme más en la segunda parte en el versículo 12, Pablo dice para qué son estos ministerios.

A fin de perfeccionar (v.12)

a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo

Efesios 4:12

¿Qué es perfeccionar? ¡La palabra perfección es una palabra con un significado tremendo! ¿Quién puede ser perfecto?

En idioma original en que fue escrita esta carta, Pablo utiliza una palabra que nosotros traducimos como perfeccionar, y significa, literalmente: amueblar completamente, y proviene de una palabra que significa reparar exhaustivamente. De modo que el Espíritu Santo nos está diciendo que los ministerios en la iglesia son para, en sentido figurado, amueblar completamente, o reparar exhaustivamente.

Este solo versículo es atronador y polémico en el sentido de que socava las estructuras eclesiales de la actualidad. Muchas congregaciones existen para entretener a los creyentes, y garantizar que vengan domingo tras domingo manteniendo e incrementando el número de espectadores a los servicios cristianos. Los ministerios apostólicos, evangelísticos, proféticos, y pastorales de hoy muchas veces giran alrededor de la meta de llenar los templos de asistentes, y esa es la medida de esos ministerios.

Pero Pablo está diciendo aquí que el propósito de todos esos ministerios es completar o capacitar a los santos para que ellos mismos terminen participando en la “obra del ministerio” para la edificación del cuerpo de Cristo.

Hasta que todos lleguemos (v.13)

Pablo continúa su exposición inspirada al añadir cuál es la meta de ese propósito. El “hasta” cuándo debemos estar trabajando así en los creyentes.

… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo

Efesios 4:13

Este “hasta” habla de proceso de avance creciente con una meta en mente. ¿Cuál es el “hasta”? Pablo tiene una meta en mente.

Los ministerios cristianos todos van a trabajar en los creyentes hasta lograr que haya en ellos la “unidad de la fe y el conocimiento del Hijo de Dios”.

Es interesante cuán radical me parece esta afirmación a medida que escribo este artículo. Para Pablo el momento en que la fe y el conocimiento de Cristo en el creyente llegan a la unidad es el momento en que ese creyente ha llegado a ser un “varón perfecto”, o “varón completo” en una traducción más literal de la palabra usada por el apóstol en su carta. Y eso se complementa con la frase que sigue al decir que este “varón perfecto” es según la “estatura de la plenitud de Cristo”.

Por tanto, la meta que deben buscar los ministerios en los creyentes es que lleguen a ser según la “estatura de la plenitud de Cristo”, y eso lo van a lograr cuando lleguen a la unidad “de la fe y el conocimiento de Cristo”

Estos dos elementos son fundamentales y esenciales para el crecimiento cristiano, e implican tanto una relación real con el Cristo vivo, como un conocimiento profundo de sus enseñanzas y principios. Solo en la comunión con Cristo puede desarrollarse la capacidad de conocerle en verdad, y solo mediante el estudio de sus palabras puede desarrollarse una confianza profunda en Él (Romanos 10:17).

Ahora, si te ocurrió como a mí, que al leer este pasaje me asustó la exhortación de Pablo a ser “perfectos” (v.13). Esta es la definición de perfección en este pasaje: es aquel creyente quien, por el ejercicio de los ministerios de la iglesia sobre su vida, ha llegado a logrado la unificación de la fe en la Palabra de Dios y del conocimiento de Cristo como Hijo victorioso de Dios.

Hace un momento compartía contigo cuán radical me parecía esta afirmación, cuando no debiera serlo así. Pero si somos sinceros, en muchas iglesias cristianas no es Cristo el centro de su adoración. Hoy hay lugares donde el pastor es más reverenciado que el Redentor, o donde hay más pasión por el grupo de alabanzas que por el Mesías Salvador, o donde las emociones se desenfrenan más ante “revelaciones” de ángeles o manifestaciones de demonios que ante el simple llamado a morir a nosotros mismos. En mi peregrinaje cristiano he visitado iglesias en las que el nombre de Jesús solo se utiliza para terminar una oración: “en el nombre de Jesús, amén”, pero está ausente de las enseñanzas, de la adoración y la alabanza, y de la vida diaria de los creyentes. Hoy se habla más del Espíritu Santo, de la prosperidad, de la declaración positiva y de tantas otras doctrinas, que de Jesús. El Maestro se hizo tan simple que ahora no es suficientemente complejo para algunos, se nos reveló tanto que ya no es suficientemente misterioso para otros. Olvidando el mensaje más simple del evangelio hemos inventado tantas doctrinas y revelaciones que hoy el Carpintero de Galilea es relegado a un segundo plano en algunas iglesias.

Para que no seamos niños fluctuantes (v.14)

No cabe duda de que cuando esto ocurre, nuestra fe no está fundada en la Roca Inconmovible de los siglos. Y es así que cuando llega la tempestad, los vientos, las pruebas, vemos a tantos buscar desorientados en dónde poner su fe, y yendo detrás de ministerios y hombres.

Hoy más que nunca esta afirmación de Pablo es radical. No hay otro nombre en que podamos ser Salvos, Cristo es la receta hacia la perfección del propósito de Dios en nuestros ministerios y en las vidas de aquellas personas a quienes servimos.

Por eso Pablo continuaba diciendo:

… para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error

Efesios 4:14

La realidad es que la medida de la madurez no está dada por el número de dones espirituales que tengamos, o por los cargos que ostentamos en la iglesia, o por lo bien que oremos, prediquemos, u oremos; sino por que hayamos alcanzado la unidad de la fe y del conocimiento de Cristo.

Es entonces que estamos completos, es entonces que hemos sido restaurados, y empoderados y capacitados, y afirmados. ¿Para qué? Para nosotros y para el mundo a nuestro alrededor.

Nuestros puntos débiles están en nuestro interior, y para eso Cristo nos perfecciona, y en el exterior, y para eso Cristo nos afirma. Muchas personas, al convertirse, pasan a protegerse del mundo entrando en una especie de vida monástica donde una invisible cápsula de cristal les protege de los males del mundo. Asistiendo a la iglesia, relacionándose solo con cristianos, haciendo negocios con cristianos, y visitando cristianos, saliendo con cristianos y alejándose todo lo posible de los no-cristianos solo permite que pospongamos las dificultades, pero no las evitamos. Eventualmente la maldad que reina a nuestro alrededor nos golpeará, y probablemente más fuertemente entre más nos hayamos ablandado en este mundo idílico que nos hemos inventado.

Nunca fue el propósito de Dios que saliéramos del mundo (Juan 17:15). Sino que fuéramos luz en el mundo. El creyente maduro no ignora los engaños del enemigo, los conoce y se prepara contra ellos. Pero cuando los creyentes alejados de la realidad y alimentados por doctrinas de moda, alejados de la fe y el conocimiento de Cristo, su inocencia les hace presa fácil del engaño, y el error.

Un creyente maduro escudriña la Palabra de Dios porque Cristo es la Palabra, un creyente maduro se deleita en la Palabra de Dios porque Cristo en ella encuentra a Cristo, un creyente maduro medita en la Palabra de Dios, porque al hacerlo tiene comunión con Jesús y puede alinear su corazón con los planes del Maestro. Cristo es la meta de la revelación de la Ley, y el eje alrededor del cual gira toda la revelación. El Antiguo Testamento nos anuncia a Cristo, el Nuevo Testamento nos muestra a Cristo, y anuncia su Juicio sobre las Naciones.

Todas las cosas, todas las cosas, todas las cosas fueron creadas por Él y para Él, y por Él subsisten.

Conclusión

Así que hasta ahora hemos visto cuál es el propósito general de Dios en los ministerios para la iglesia: que es perfeccionar a los santos. Hemos visto cuál es su meta: que lleguemos a varones perfectos, a la estatura de la plenitud de Cristo. Hemos visto para qué: para que no seamos niños inmaduros.

Ahora veremos el ¿cómo lograrlo?

… de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Efesios 4:16

Y este cómo es interesante. Muy interesante. De nuevo parece como si Pablo atacara las estructuras eclesiásticas conocidas. Al leer este pasaje que estudiamos hoy no puedo imaginarme una iglesia al estilo tradicional. No es que esté mal. Pero es que no es la imagen que me viene a la cabeza.

Es decir, la imagen que veo al leer este último versículo que estamos estudiando hoy, no es la de un templo con un altar, un púlpito, y muchos bancos para que las personas se sienten.

La imagen que veo es la de una fábrica inmensa, una fábrica productiva. Una nave inmensa llena de obreros trabajando todos, con funciones diferentes, responsabilidades diferentes, pero sabiendo cada uno lo que debe hacer y reconociendo que si uno no cumple su trabajo toda la fábrica se ve afectada.

Y esta es la frase que me hace pensar así: “todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro”. Ese “todo el cuerpo” es fuerte. Creo que la carta a los Efesios es una epístola inspirada de Dios, y creo que Dios nos habla en cada palabra y frase que hay en esta misiva. Y la frase “todo el cuerpo” es un reto para mí como pastor y para cada miembro de la iglesia de Cristo. Dios no ve creyentes líderes con responsabilidades en el reino de Dios y creyentes miembros sin responsabilidades en el reino de Dios. “Todo el cuerpo” significa “todo”, desde el más pequeño hasta el más anciano, desde el más voluntarioso hasta el más medido. Dios tiene una “actividad propia” para cada uno y ese es el modo de obrar suyo para lograr que cada uno de nosotros lleguemos al “varón perfecto” a la estatura de la plenitud de Cristo.

¡Qué bello sería que las personas en la comunidad hablaran de cada uno de los miembros de la iglesia diciendo! ¡Ese hermano es un santo! ¡Esa hermana es temerosa de Dios! ¡Mi vecina es verdaderamente hija de Dios! ¡Tengo un pariente que va a esa iglesia y realmente es sorprendente como su vida ha cambiado para bien! La estatura de la plenitud de Cristo puede y debe manifestarse en todos los creyentes mediante sus ministerios y servicios específicos.

Pablo termina este fragmento definiendo la motivación latente que mueve a cada obrero de esa gran fábrica: “en amor”

El amor, unos por los otros es el combustible que nos motiva y anima, y moldea y transforma, y nos permite tolerarnos unos a otros, arrepentirnos de los pecados que cometemos entre nosotros, y perdonarnos unos a otros.

En resumen, el “cómo” vamos a lograr perfeccionarnos unos a otros, es “edificándonos en amor”. Construyendo ladrillo a ladrillo y piedra a piedra para que el amor crezca cada vez más entre nosotros.


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