Cómo ser libres de nuestros hábitos destructivos

El hábito no hace al monje, dice un refrán popular, queriendo implicar que hay mucho más en nosotros que lo exterior. Y es cierto. A pesar de nuestras risas, y apariencias, sabemos que tenemos patrones de conducta destructivos. Hábitos que se activan de vez en cuando destruyendo nuestras relaciones interpersonales y dañando nuestro bienestar y el de los demás.

Nos conocemos bien, podemos tratar de engañarnos, pero sabemos que es cierto, lo que hacemos con las manos, muchas veces lo destrozamos con los pies. Y esto ha traído consecuencias a nuestras vidas. Hemos herido a otros, dañado a nuestra familia, perdido empleos, logrado el distanciamiento de otros. Pero lo peor es que, como son hábitos, conductas, volverán a despertar, quizás hoy, mañana, o en una semana, pero regresarán. Son como nuestro Hulk latente que mantenemos reprimido sabiendo que eventualmente hay un monstruo en nosotros que se levantará.

¿Qué hacer? Somos miserables atrapados en este cuerpo de muerte, descubrimos que el mal está en nosotros, a pesar del bien que queremos hacer. Somos a la vez víctimas y perpetradores (Vea Romanos 7:15ss)

La Biblia dice con claridad cuáles son las conductas que nos atrapan en nuestro cuerpo (carne):

Gal 5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Gálatas 5:19-25

Los patrones de conducta destructivo producen más daños a la economía mundial que las tendencias del mercado, más daños a las relaciones de familia que todos los problemas económicos del mundo juntos, más daños a la salud física que todas las enfermedades, más daño a la salud espiritual que todos los fracasos y problemas psicológicos que podamos ver en todos los psiquiátricos del mundo.

Los patrones de conducta destructivo producen más daños a las relaciones de familia que todos los problemas económicos del mundo juntos

Cuando la Biblia habla de los deseos de la carne está hablando de una tendencia a hacer lo malo más profunda que nuestros pensamientos más íntimos. Está en nuestro ADN, somos hijos de Adán y Eva, los primeros hombres que se rebelaron contra Dios. Somos herederos de ellos y de todos los que después perseveraron en hacer lo malo a pesar del consejo de Dios.

Hoy, los deseos de la carne no son solo pecados que cometemos de vez en cuando, sino hábitos de los cuáles nos es extremadamente difícil escaparnos. Como una boa constrictora, estos patrones cada vez nos estrechan más, dejándonos con menos soluciones, ahogando nuestros sueños, ilusiones, esperanzas. Nos sentimos como niños pequeños abusados por muchachos mucho mayores, y más fuertes que nosotros. Nos sentimos humanamente aplastados por su inmenso poder en nosotros, y bien pronto liberamos nuestros músculos para dejarnos llevar por ellos.

Pero en los cristianos entra en juego un poder superior. La posibilidad de vivir dependientes del Espíritu de Dios es similar a caminar en el recreo no tomados de la mano de nuestro hermano mayor, sino por el Presidente del Universo. La fuerza y poder que emanan del Espíritu de Dios nos ayudan a ser liberados y a crucificar estos patrones de conducta para que podamos vivir una vida de abundancia cristiana y de bendición para otros.

¿Cómo entonces ser libres?

La Biblia está llena de consejos que con la ayuda del poder de Dios se convierten en pasos sobrenaturales para vencer al pecado.

Antes de que leas quiero darte una sugerencia, no leas estos consejos como si fuera una guía de pasos escritos por un psicólgo. No es así como funciona. La psicología, con todo el bien que hace, es inferior a la obra sobrenatural del que te creó y diseñó para Su propósito. Aunque algunos de estos consejos puedan parecerse a los que leas en un libro o material de autoayuda. Todos preceden, por mucho, a los de cualquier libro o revista que leas. Fueron escritos por Dios en la Biblia, para ser usados por sus hijos, mediante el poder del Espíritu Santo. Úsalos con Él, confiando en Dios, rindiéndote a Dios, hablando con Dios, y te sorprenderás del cambio maravilloso que ocurre en ti. Los cristianos le llamamos el Nuevo Nacimiento, porque es como si nos hubieran hecho desde cero y comenzáramos a vivir verdaderamente en libertad.

Los consejos

Siempre es tu culpa

Generalmente siempre echamos la culpa a los demás por nuestras explosiones destructivas. En parte es cierto, hay situaciones donde las personas han tenido actitudes que nos han hecho explotar como un volcán, destruyéndolo todo a nuestro alrededor. Sin embargo, aunque alguien más pueda tener parte de la responsabilidad en nuestro descontrol emocional. Nada es justificación para que yo pierda control de mí mismo. Cuando perdemos dominio sobre nosotros mismos, es nuestra conducta destructiva quien domina la situación. Y sabemos cuáles son los resultados. Somos supremamente responsables de retener el control de nuestro ser, en cualquier situación que se presente.

La ira es una de las conductas que más nos daña esclaviza y afecta

La falta de dominio propio es signo de inmadurez humana, y sobre todo cristiana. Tenemos que crecer en esa área, y reconocerlo es el primer paso.

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

2da Carta de Pablo a Timoteo 2:17

Arrepiéntete cada vez, en cada evento, ante Dios.

El arrepentimiento no es remordimiento. El arrepentimiento es un cambio de mentalidad, de actitud, de accionar, el remordimiento es solo el sentimiento de culpa por lo mal hecho. Toda metedura de pata demanda arrepentimiento, no solo dolor, o culpa. Cuando nos arrepentimos estamos diciendo que no aprobamos nuestras acciones, y que estamos decidiendo luchar con todas nuestras fuerzas para no volver a hacerlo.

Nuestro primer problema es con Dios, al proyectarnos negativamente estamos errando en el propósito por el cual Él nos diseñó, mancillamos su diseño, manchamos su gloria. Y eso demanda arrepentimiento.

Confiesa tu pecado ante Dios, no calles, abre tu boca y declara lo que has hecho, y las consecuencias que ha traído a tu vida, a la de los demás, y a la gloria de Dios.

Pide perdón a Dios quien es solicito en perdonar a todos los que nos acercamos a Él con corazón sincero

Pide a Dios que te limpie de toda la maldad que hay en ti.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

1ra Carta de Juan 1:9

Expresa a Dios tu intención de luchar con todas tus fuerzas contra los impulsos a hacer lo malo, pídele que te dé fuerzas en esta batalla.

A veces, a pesar de nuestros esfuerzos, nos decubrimos cayendo nuevamente ante el mismo error. No te rindas, arrepiéntete cada vez, en cada evento, ante cada la persona afectada y ante Dios. Con el tiempo verás como empieza a ocurrir la victoria.

Convierte a las personas afectadas de víctimas a amigos,

La reconciliación no es solo el pedir disculpas y seguir cada uno con su vida dañados por los problemas del pasado, sino la unificación de dos enemigos en un amigo (Efesios 2:16)

Habla con las personas a quienes has dañado, reconoce ante ellas que tienes un problema terrible con el que estás luchando, pero te es difícil superarlo, pídele(s) comprensión y ayuda específica.

Bussca la reconciliación con aquellos a quienes has dañado

Expresa tu disposición sincera a tratar con todas tus fuerzas de evitar que vuelva a ocurrir una situación similar en el futuro.

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Mateo 5:23-24

Analiza en oración todo el evento, desde antes que ocurriera hasta que todo pasara

Encuentra los detonadores externos (son más fáciles de encontrar). Los detonadores externos son las situaciones, frases, lugares, situaciones, que provocaron que todo desembocara en esa conducta destructiva. Toma un papel, enuméralos, anótalos.

Encuentra los detonadores internos (requieren sinceridad con nosotros mismos). Los detonadores internos son las emociones, sensaciones, sentimientos, pensamientos, ideas, rencores, traumas, deseos de venganza, resentimientos, odios, celos, contiendas, etc., que predisponen nuestro ser a que situaciones externas nos lleven a conductas destructivas. Anótalo también.

Encuentra los acelerantes internos y externos. A veces, también, contextos que aunque podamos resistir los impulsos a hacer lo incorrecto durante un tiempo, hay amistades, o situaciones específicas que pueden motivarnos más a dejarnos llevar por nuestras tendencias a lo malo. Añádelo a tu libreta de apuntes.

Encuentra qué pudo haber evitado el evento destructivo. Una vez que has tomado nota de todo lo que te incita a hacer lo malo. Ahora piensa en qué te ayudaría a contenerte, tanto desde afuera, como en tu interior. Escríbelo también para que no lo olvides.

Planifica un modo de lucha interna contra tu conducta destructiva. Establece un mecanismo de autocontrol o dominio propio en tiempos de crisis.

El famoso rey David, tenía problemas serios con la lujuria, y el deseo de estar con mujeres hermosas. Este deseo le llevó a convertirse en un adúltero, asesino, manipulador, mentiroso, abusador, con terribles consecuencias destructivas para su familia, e hijos. Cuando despertó de su error, se postró en oración a Dios y escribió este salmo:

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;

 Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

2 Lávame más y más de mi maldad,

 Y límpiame de mi pecado.

3 Porque yo reconozco mis rebeliones,

 Y mi pecado está siempre delante de mí.

4 Contra ti, contra ti solo he pecado,

 Y he hecho lo malo delante de tus ojos;

 Para que seas reconocido justo en tu palabra,

 Y tenido por puro en tu juicio.

6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,

 Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Salmo 51:1-6

Nota, al final, la última frase que citamos: «en lo secreto me has hecho comprender sabiduría». David estudió, meditó, y analizó su error. Y de él, con la ayuda de Dios, sacó conclusiones y estrategias. Por eso añadió «me has hecho comprender sabiduría».

Convierte a tus nuevos amigos en aliados, pídeles ayuda para vencer tu conducta destructiva.

Comparte con ellos cuáles son los detonadores que vas descubriendo (usualmente son pocos 2 o 3, aunque hay excepciones), pídeles que te ayuden a evitar situaciones donde los detonadores puedan incitarte a una explosión negativa.

Comparte qué estás haciendo para luchar contra tu conducta, y cómo vas a batallar internamente cuando comiencen a surgir sentimientos negativos.

Acuerda con ellos una palabra o frase clave (“camello”, “H2O”, «estoy entrando en crisis», «está pasando, ayúdame», por ejemplo), que puedas usar cuando comiences a sentir que una situación está incitándote a una explosión de tu conducta destructiva. Al usar esa palabra, tu aliado entenderá tu debilidad, y hará lo acordado para ayudarte a calmar esas emociones.

Hazles saber qué no funciona, y qué funciona cuando tus acciones destructivas están operando. Hay actitudes que muchos creen que funcionan, pero en realidad lo empeoran todo. Hazles saber qué ocurre en tu interior y cómo pueden ayudarte.

Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.

Santiago 5:16
  • Usa tu conocimiento de los detonadores
    • Estate atento si se activan los detonadores que identificaste u otros, y comienzas a sentir que estás siendo arrastrado hacia una situación inconveniente.
    • Cuando ocurra, y antes de que se empiecen a acumular las emociones, comparte con quienes están alrededor cómo te estás sintiendo, pide ayuda amablemente para activar tus mecanismos de autocontrol o dominio propio.
    • Si reaccionaste muy tarde y tus emociones se han acumulado demasiado, usa la palabra clave, pidiendo ayuda y aléjate. Activa tus mecanismos de control o dominio propio.
    • Una vez que hayas tranquilizado las aguas en tu interior. Agradece a Dios por lo que hayas logrado (sea mucho o poco). Establécete nuevas metas para la próxima vez.
    • Si es posible, no huyas permanentemente de la situación que te afecta. Trata de buscar el momento apropiado en que, con dominio propio, puedas abordar los temas y problemas en cuestión, trázate una estrategia y avanza lentamente sin perder el dominio propio.

Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, 21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. 22 En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Job 1:20-22

Recuerda

  1. Siempre es tu culpa, arrepiéntete
  2. Estudia cada evento destructivo
  3. Pide perdón a Dios
  4. Pide perdón a cada persona afectada
  5. Hazte aliados que te ayuden
  6. Atento a tus detonadores


Descubre más desde Vida Cristiana en Acción

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio