Llenos del Espíritu Santo
Había pasado un tiempo desde aquel momento dramático en que Eliseo rompiera el cascarón de la ignorancia y naciera de nuevo, para tomar un camino angosto, difícil e incierto, pero con Dios. Su nuevo nacimiento había venido con un llamado al ministerio profético, en un abrir y cerrar de ojos, un manto había transformado el futuro de Eliseo y había pasado de arar la tierra a estudiar para profeta, y Elías, el profeta de fuego, sería su maestro.
Elías era un maestro consumado y había fundado varias escuelas de profetas, una en Gigal, otra en Bet-el, y otra en Jericó. Sin embargo, desde el primer día, Eliseo no se separó del veterano profeta. No podemos decir que el campesino de Abel-Mehola perteneciera alguna de esas escuelas, más bien, él, pertenecía a todas: él era el discípulo de Elías. Aquel sencillo granjero no solo escuchaba las conferencias que daba Elías en cada escuela, también veía al profeta hablar en nombre de Dios, escuchaba sus oraciones, y aprendía a tener intimidad con Dios al ver a Elías orar desde el mejor asiento posible.
El discipulado, como en los tiempos de Jesús, es un sistema superior de enseñanza. Por eso Jesús nos dijo:
Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Matt 28:19
Mateo 28:19
Cuando el pichón decide volar con sus propias alas
Tres reyes habían pasado desde que Eliseo tomó el camino angosto. Poco después de la muerte del rey Ocozías, estando en Gigal, en una de las escuelas de Elías, el maestro y el discípulo tienen un serio desacuerdo. Elías dice a Eliseo: “Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el” (2do de Reyes 2:2).
Un maestro es una figura de autoridad, no solo por su posición jerárquica en el liderazgo, sino porque como maestro, se supone que sabe más, en este caso, la orden tiene más autoridad, porque el que habla es profeta y dijo claramente “Jehová me ha enviado”, es decir: ‘Dios me ha enviado a mí, no a ti’. Tres razones para obedecer sin chistar cuando un líder-maestro-profeta dice: ‘¡Quédate aquí!’,
Sorprendentemente, Eliseo dijo: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré”
No sé si fue la primera rebelión de Eliseo contra Elías, pero sí sé que es la primera que se registra en las Escrituras. Elías, quien parece que, para ser predicador, no era un hombre de muchas palabras, hizo silencio y “Descendieron, pues, a Bet-el”. Muchos líderes estallán enojados cuando sus discípulos deciden tomar decisiones diferentes a las nuestras. Elías calló y consideró en su corazón lo que estaba ocurriendo.
Debió haber sido un descenso silencioso, la Biblia no dice que conversaran, durante las dos horas que debió durar el recorrido de 11 kilómetros que separan a Gigal de Bet-el, lo que más se escuchó fue el rozar de sus sandalias contra las rocas del camino.
Si la rebelión del discípulo fue un trago amargo en la relación de los dos peregrinos lo peor era el secreto. Por una parte, aunque era cierto que Jehová había enviado a Elías Bet-el, Elías no había dicho por qué: Dios le llevaría hoy. Eliseo tampoco había dicho el verdadero motivo de su rebelión, Él sabía que Elías sería llevado ese día hacia el cielo (2do de Reyes 2:3; 2:5).
En Bet-el, probablemente, el profeta pasó revista a sus estudiantes, sus progresos, el plan de estudio, los tiempos de oración. Aquella era su despedida, pero también su última oportunidad de apuntalar la obra de su vida: las escuelas de profetas. Su sueño había sido que en todo Israel hubiera hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo quienes fueran sensibles a la voz y guía de Dios. Aunque no siempre los resultados habían sido los mejores, aquello no desanimó a Elías. Como antaño el ministerio profético de hoy necesita de hombres experimentados que enseñen como Elías enseñó a sus profetas. Así, en lugar de redescubrir la rueda cada vez, los profetas crecerían en la sana doctrina y la revelación de Dios.
El adiós de un gran líder
Dicen que ante la perspectiva de la partida eterna, nuestra vida pasa delante de nuestros ojos. Quizás Elías en ese momento recordó cuando Jezabel persiguió a sus profetas para destruirles, y cómo tuvieron que sobrevivir a pan y agua escondidos en grupos de cincuenta dentro de algunas cuevas (1ro de Reyes 18:4). A pesar de que, durante esa persecusión murieron todos y solo quedó Elías (1ro de Reyes 19:10, 14) aquel maestro, apasionado con un sueño, había recomenzado desde cero la obra de su vida.
Dios bendijo el esfuerzo de Elías y en breve un nuevo grupo de profetas temerarios se levantaron denunciando el pecado y anunciando la Palabra de Dios en Israel (1ro de Reyes 20:35-42). La historia de Elías y sus escuelas fue la expresión del sueño que tendrían siempre los hombres de Dios en Israel antes y después de Elías: el derramamiento del Espíritu Santo sobre todo el pueblo.
Moisés había dicho a su discípulo Josué, quien se sentía preocupado porque el Espíritu de Dios se estaba derramando sobre algunos líderes de Israel:
¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.
Números 11:29
También David, Ezequiel, e Isaías soñaron con el día en que el Espíritu de Dios se derramara sobre toda carne. Joel se deleitó con gozo al contemplar el pronto cumplimiento del anhelo de los profetas de Israel.
Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
Joel 2:28
Finalmente, en el cumplimiento de este anhelo, el apóstol Pedro y los demás discípulos lo experimentaron en su propia carne aquel día de Pentecostés en que nació la iglesia, el nuevo pueblo que llevaría la buena noticia del regalo de Dios a toda la humanidad (Hechos 2).

Escogiendo qué recibir
Aquel último día, Elías quizás hablaba con los encargados de la escuela sobre asuntos económicos, o logísticos, tratando que todo funcionara lo mejor posible y así garantizar la subsistencia de los institutos proféticos. Pero Eliseo veía más. Eliseo no perdía pie ni pisada de lo que hacía su maestro, se había convertido en su sombra y bebía cada palabra y acción de su maestro. Eliseo sabía más, en los varios años de estudio junto a Elías había descubierto que el profeta muchas veces no sabía lo que hacía, simplemente creía, y su confianza y guía y sabiduría provenían del Espíritu Santo. Y Eliseo anhelaba esa bendición. Otros estudiantes para profecía quizás anhelaban su forma de andar, sus vestiduras (la vestidura de Elías vino a ser vestidura típica de los profetas en Israel), o su tono de voz, hay quien deseaba lograr su dramatismo y gestos. Pero Eliseo solo quería al Espíritu Santo.
Dos veces Eliseo desafió la orden de Elías (vv. 2,4), la tercera ya no fue una orden, fue un ruego (v.6). Pero Eliseo no se movió del lado de Elías. Aquel güajiro era terco como una mula. El Espíritu de Dios estaba en Elías y sobre Elías, y esa era la diferencia, y Eliseo anhelaba esa diferencia.
Cuando Elías cruzó el caudaloso río Jordán deteniendo el flujo de sus aguas con un golpe de su manto doblado (v8) miró atrás y vio a Eliseo, suspiró cansado y le dijo:
A ver compadre, dime qué es lo que quieres que te dé antes de que me vaya (v.9)
2do de Reyes 2:9. Versión libre del autor
Elías nunca le había dicho algo así. Eliseo pidió lo que quería, pero doble.
Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí (v.9)
2do de Reyes 2:9
Imagino que este movimiento tomó de sorpresa al austero profeta. ¿Doble? Nunca había escuchado eso. ¿De dónde habrá sacado esa idea este hombre? Al mirar a Eliseo, vio que el güajiro no pestañeaba, estaba atento a cada gesto, como el niño sediento pidiendo un helado que no pierde de vista los gestos de su padre, Eliseo pedía doble porción del Espíritu Santo… y la tendría.
Cómo recibir el Espíritu Santo
Sé que muchos cristianos quisieran recibir la llenura del Espíritu Santo al estilo de Eliseo, o al estilo Pentecostés en Hechos 2. Y algunos han orado mucho tiempo al respecto sin recibir nada.
Creo que hay varias enseñanzas que nos da Eliseo en su historia de cómo recibió al Espíritu Santo en su vida.
Acércate a personas que te ayuden a crecer en tu fe a Dios.
Aunque parezca increíble, hay muchos en la iglesia que, en lugar de promover la fe a Dios, promueven la fe en los métodos y estrategias humanas. Cuando uno está enfermo y dice: voy a orar, esos dicen, “mejor tómate una pastilla”, si sientes deseo de ser lleno del Espíritu Santo te dicen que todos “recibimos el Espíritu Santo cuando nos convertimos”, pasando por alto que la Biblia dice “llenos del Espíritu” (Hechos 2:4; 4:31; 6:3; 13:52; Efesios 5:18). Hay una diferencia entre recibir el Espíritu Santo (Juan 20:22) y ser llenos del Espíritu Santo (Hechos 2).
Busca cristianos que te enseñen a caminar el camino de Dios, que te inspiren a ir hacia lo sobrenatural de Dios, a aprender a escuchar la voz del Espíritu santo y a aprender a apreciar su presencia en nuestras vidas.
Aviva una pasión por el Espíritu Santo.
Hay muchos que quisieran el Espíritu Santo pero no están apasionados por Él. Eliseo no podía contenerse, incluso desafió a Elías y le desobedeció, nada lo detendría: quería el Espíritu Santo y quería el doble. Sabía lo que eso significaba: morir para sí mismo, ser guiado por Él. Sabía las consecuencias para su nación, lo había visto en Moisés, Josué, Jefté, Sansón, Samuel, David, y tantos otros que como Elías habían sido llenos del Espíritu Santo. Y no se conformaba con un poco de Dios, quería el doble.
Es triste que tantos cristianos dicen que quieren ser llenos del Espíritu de Dios, pero se conforman con un erizamiento, no duran 2 minutos en la presencia de Dios, y cuando tienen que batallar en oración rápidamente se rinden y ponen su mente en otras cosas. El anhelo apasionado forma parte del amor del creyente hacia Dios (Salmo 42; Lucas 10:27)
Sé persistente
Eliseo no se rindió. La persistencia es una característica de los hombres de fe llenos del Espíritu Santo, Jacob peleó con el ángel en peniel, y no le soltó hasta ser bendecido, Moisés estuvo más de un mes en el monte en la presencia de Dios, David pasaba horas cantando alabanzas a Dios, Eliseo estuvo persiguiendo a Elías unos 50 kilómetros en su recorrido hasta cruzar el Jordán. Hay promesas de Dios para ti (Lucas 11:13; Hechos 1:8)
La llenura del Espíritu Santo es para servir a Dios, ten un propósito de servicio
Cuando Elías fue llevado, un carro de fuego con caballos de fuego les apartó y llevó a Elías

Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!
2do de Reyes 2:12
La frase de Eliseo es interesante. Todo fue tan imprevisto que solo dijo lo que salió de su corazón. Exclamó y expresó lo que el profeta de fuego representaba. Elías fue un padre para Eliseo, más que un maestro, se había ganado su corazón y Eliseo le amaba como un hijo.
Pero cuando dijo: “Carro de Israel y su gente de a caballo” La expresión ya no era personal, si la primera hablaba de la relación de Elías con Eliseo “padre MÍO”, la segunda habla de su relación con el pueblo de Dios “carro DE Israel y SU gente de a caballo”.
En aquella época, la tecnología de guerra más avanzada eran los carros de combate y la caballería. Eran el arma decisiva, el arma disuasiva. Eran los tanques de guerra y la aviación de aquella época. Eliseo vio a Elías irse y se lamentó: “allí se va la ventaja estratégica de Israel”. Su pasión por el ministerio de Elías no estaba tanto en su popularidad, o la admiración de las personas, sino en la salvación y protección de Israel. Eliseo sentía dolor por la partida de Elías porque extrañaría a su padre espiritual y porque sentía dolor por la nación de Israel, al irse Elías era necesario un sustituto para Israel.
El propósito de servicio en Eliseo era la pasión por su llamado y su llamado era la salvación y liberación de Israel, Eliseo no anhelaba al Espíritu para estar en la onda, lo buscaba para servir.
Espera el derramamiento
Elías se sorprendió de la petición de Eliseo y le dijo:
Él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
2do de Reyes 2:10
Eliseo tuvo un momento definido en que fue lleno de esa doble porción. No fue lleno de poco en poco, sino en un instante. Muchos cristianos dicen ser llenos del Espíritu Santo, pero no saben cuándo fueron llenos.
¿En serio? Entonces nunca lo fueron. Ser llenos del Espíritu Santo es como cuando nos enamoramos, simplemente se percibe. Los creyentes que tienen una breve experiencia con Dios como una caída, o un momento de éxtasis espiritual, se conforman solo con los efectos de la influencia del Espíritu Santo. La llenura, como lo describió Jesús es como ríos que saltan desde nuestro interior (Juan 7:38-39). La llenura es un impacto distinguible en nuestras vida.
Conclusión
¿La lógica no te indica que ser llenos del Espíritu del Dios creador del cielo y de la tierra es un evento digno de ser anhelado con todas nuestras fuerzas? ¿Esperado con todo nuestro corazón? ¿Buscado con todo nuestro empeño? ¿Y que cuando irrumpa el Espíritu Santo en nuestro ser hasta llenarlo que Será la experiencia más memorable, importante, y perceptible de nuestras vidas?
Si no distingues ese momento, entonces busca a Dios, búscale con todas tus fuerzas, con toda tu mente, con toda tu alma. No te rindas, persiste pese a lo que te digan otros, ten tu encuentro con tu Dios.
En los tiempos de Elías había que esperar el carro de fuego, hoy, solo tienes que pedir, y el Padre lo dará (Lucas 11:11-13).
Descubre más desde Vida Cristiana en Acción
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
