Las enseñanzas del Güajiro de Abel Mehola, Parte III, Final

La Unción hasta los Huesos

Aquella mañana estaba marcada por la rutina de cada día. Aquello de ser profeta de Dios no estaba tan lleno de gloria como Eliseo pensó en un comienzo. Aunque al irse Elías el Espíritu de Dios vino poderosamente sobre Eliseo, y el manto de Elías, que representaba su ministerio, quedó en sus manos. Bien pronto descubrió Eliseo que el llamado y respaldo de Dios no implicaba el respaldo de los hombres.

Aún estaban rasgadas sus vestiduras por el dolor de la partida de Elías. Todavía no se había cerrado el Jordán después de que golpeara Eliseo las aguas para regresar a los profetas que esperaban lejos y ya los mismos estudiantes de Elías dudaban de su ministerio (2 de Reyes 2.16-17). En poco tiempo un grupo de muchachos caminó junto a él burlándose de su calvicie, y el profeta enojado les maldijo. Un enemigo invisible quería destruir la confianza del nuevo profeta en Dios.

El colmo fue aquella mañana en que se presentaron delante de él los reyes de Israel, de Edom, y de Judá con sus respectivos ejércitos. Una serie de contratiempos habían hecho temer un mal augurio para el fin de una empresa de guerra que habían planificado. Sobrecogidos por el temor, el rey de Judá, temeroso de Dios pidió por algún profeta cercano.

Joram, desconfiado recordó que Elías había desaparecido y solo quedaba su sirviente, que bueno, haría las veces de profeta (2do de Reyes 3:11).

Así que, al despertar esa mañana Eliseo descubre delante de su tienda a un pelotón de soldados que le llevan delante de los reyes de Israel y Judá. A medida que se va acercando nota como todos le miran con desconfianza. Sentía sobre su peso la presión de la crítica y la suspicacia. Ellos esperaban a un profeta y recibían a su sirviente.

Ahora, esto dice la Biblia acerca del rey de Israel Joram:

E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho. 3 Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.

2do de Reyes 3:2-3
Joram Rey de Israel, tomado de la Wikipedia

Y esto dice de Josafat, rey de Judá:

Y Jehová estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales; 4 Sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel. 5 Jehová por tanto confirmó el reino en su mano […]

2do de Crónicas 17:3-5

Eliseo conocía a dos de los reyes, su predecesor Elías le había enseñado a ver más allá de las pompas y ceremonias hacia lo profundo del corazón de cada uno. Su corazón, turbado, sabía que Joram era hijo de Acab, quien había permitido la muerte de tantos profetas en Israel a manos de su esposa Jezabel.

Tosco y falto de toda diplomacia ante figuras tan encumbradas el güajiro encaró a Joram y le dijo:

“¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre”.

2do de Reyes 3:13

La negativa de Eliseo cedió de mala gana ante el ruego de Joram y la presencia de Josafat rey de Judá, quien era conocido por su amor y respeto a Dios.

Una vez llenos no siempre estamos llenos

Con su corazón indispuesto, Eliseo se encontró en la necesidad de aplicar algo que seguramente había aprendido observando a su antiguo maestro: la llenura del Espíritu Santo no es una condición permanente del creyente. Una vez llenos del Espíritu Santo muchos creyentes consideran que ya alcanzaron la plenitud de la vida cristiana y se ensorbecen en sus corazones creyendo haber alcanzado un nivel espiritual superior.

Incluso el Nuevo Testamento relata una historia similar. Poco tiempo después del surgimiento de la Iglesia Pedro y Juan fueron encarcelados, allí llenos del Espíritu hablaron con denuedo la Palabra de Dios de modo que sus opresores tuvieron que liberarles presionados por el pueblo, no sin antes amenazarles fuertemente. El temor sobrecogió a los discípulos y levantaron una oración a Dios pidiéndoles pasión mientras comunicaban Su mensaje al pueblo, entonces “el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo” (Hechos 4:31). El énfasis de decir que “fueron llenos” implica que antes de la oración no estaban llenos. Sin embargo, Pedro y Juan habían estado llenos al hablar ante los sacerdotes (v.8).

Eliseo sabía que ejercer su ministerio implicaba estar en comunión con Dios y estar lleno del Espíritu de Dios. Pero algo había ocurrido.         

Cuando la señal del cielo está rodeada por la estática de la tierra

Hay situaciones donde nuestros corazones tienen problemas para sintonizar el canal del cielo. Estos problemas, generalmente son de tres tipos:

  1. Pecado. Cuando nuestro pecado entorpece nuestra comunión con Dios la solución es la confesión a Dios en oración, aceptación de la disciplina y del perdón de Dios, y el compromiso con el proceso de santificación (1ra de Juan 1:9)
  2. Poca fe. Tenemos la tendencia a categorizar las operaciones de Dios en más fáciles y más difíciles. Es fácil para Dios sanar un catarro, pero un cáncer terminal es más difícil. Es fácil para Dios proveer para mi casa mediante mi trabajo, pero multiplicar mis alimentos en la necesidad es más difícil. Es fácil para Dios regalarnos un día lindo, pero si está nublado es más difícil impedir que llueva. La Biblia dice que nada es difícil para Dios (Jeremías 32:27), el problema de la dificultad no está en si es posible para Dios, sino en si nos es posible creerle a Dios (Marcos 9:22-23, nota el uso del verbo ‘poder’ en cada versículo).
  3. Incredulidad externa. A veces el problema no está en nosotros, sino en los que nos rodean. La Biblia narra, al menos, dos ocasiones en que la incredulidad del pueblo limitaba la manifestación del poder de Dios (Mateo 13:58; Marcos 5:39-41). Dios decide no satisfacer las demandas que proceden de la incredulidad. En definitiva, cuando alguien no quiere creer no lo hará, aunque los muertos resuciten delante de ellos la historia de Jesús es prueba de ello, y buscarán la manera de destruir y mofarse de la obra de Dios.
    Las soluciones de Eliseo y Jesús son un ejemplo de cómo lidiar con estas situaciones. Jesús sacó a todos los incrédulos y se quedó con quienes tenían corazones sinceros de adoración. Eliseo pidió un músico para adorar a Dios y que su presencia descendiera.

Eliseo enfrentaba las tres situaciones en un solo lugar, su corazón estaba dañado por el resentimiento hacia el padre y la madre de Joram, tenía poca fe en que Dios diera palabra profética a un hombre impío como el rey de Israel, y a su alrededor todos le observaban incrédulos de que un sirviente pudiera funcionar como profeta de Jehová.

Nada percibía Eliseo de parte de Dios. El cielo se sentía de bronce, frío, silencioso. Eliseo tenía un reto delante de sí. Cómo vencer la frialdad de su corazón, cómo vencer la frialdad del pueblo que le observaba, cómo vencer la frialdad del cielo. Su corazón necesitaba enfocarse en lo eterno antes que en lo temporal, pero por más que se decía “enfócate” nada lograba. Entonces, como un destello tuvo una idea: “Tráiganme a un músico” (v.15, DHH).

No sé qué melodía habrá tocado el músico en su instrumento, pero a mi mente viene una bien conocida por todos:

Señor mi Dios, al contemplar los cielos,

El firmamento y las estrellas mil

Al oír tu voz en los potentes truenos

Y el murmurar, del claro manantial

//Mi corazón entona la canción

Cuán grande es Él, cuán grande es Él//

Al sonar la cadencia del coro las lágrimas surcaban el rostro del campesino. La Biblia dice que entonces “la mano de Jehová vino sobre Eliseo”, que es un eufemismo para referirse a la visitación del Espíritu Santo. Y Eliseo dijo: “Así ha dicho Jehová […]”.

Venga tu Reino

¡Tantas veces tenemos por poco la oración! ¡Cuántas veces tenemos en poco la comunión con Dios! Tener un momento de comunión con Dios antes de realizar cualquier labor es la garantía del éxito y la eficiencia. ¡Cuántas veces he visto las puertas cerradas abrirse en respuesta a la oración! ¡Cuántas veces he visto complejos problemas resolverse con una palabra sencilla llegada justo después de haber tenido comunión con Dios! ¡Cuántas veces he visto las fuerzas renovar al cuerpo extenuado por el esfuerzo extremo en tareas titánicas cuando un creyente ora a Dios de corazón! Dios es Todopoderoso, no existe límite para lo que Él puede hacer. El límite, en verdad, somos nosotros. ¿Cuánto podemos creerle? ¿Cuánto podemos confiar en Él?

Muchos creyentes, son incapaces de comprender la relación indestructible que existe entre la fe y la oración y la comunión profunda con Dios. Al pasar por alto ese detalle se acomodan a vidas simplemente religiosas, sin experimentar vívidamente la magia de la presencia de Dios en sus vidas.

Permíteme explicarme.

  • Creer en Dios no es creer que Dios existe (Santiago 2:19), es creer que existe un Dios digno de toda la gloria, toda la honra, todo el honor, digno de ser adorado, y buscado, un Dios justo, sabio, santo, omnisciente, misericordioso, amoroso, quien se deleita en tener una relación interpersonal con nosotros.
  • Si crees estas cosas en verdad, entonces querrás conocer a ese Dios, tener comunión con Él, y lo hará orando. Pero no lo harás mediante oraciones vanas, repetitivas, vacías, egocéntricas (Mateo 6:5-7), sino postrando tu alma delante de un Dios sorprendente y buscándole con todas las fuerzas de tu corazón, dejando de un lado todos tus anhelos terrenales al encontrar un tesoro que no solo supera a cada uno de los premios que podamos recibir, sino que excede por mucho a la suma de todos los premios del universo (Mateo 13:44).

¿Cuánto apreciamos su presencia? ¿Cuánto anhelamos su comunión? ¿Cuánto amamos a Dios? La medida de eso no está en cuántas veces asistes a la iglesia, o cuántas veces lees la Biblia cada semana, o si diezmas o no, o si ayudas a los pobres, o si cantas alabanzas. Todo eso es bueno, pero si haces todo eso, pero no anhelas y te deleitas en su presencia entonces amas esas cosas, pero no a Dios.

Eliseo amaba a Dios, y sabía que su servicio dependía de eso. Pudo haber tomado el camino fácil, el camino que muchos toman hoy. Digo una palabra cualquiera, “Dios te ama pueblo mío” o algo así, que sé que es verdad porque está en la Biblia, y salgo del paso bastante bien parado.

Pero la Palabra de Dios era demasiado preciosa para él. En la presencia de Dios desaparecieron los incrédulos a su alrededor, desapareció la maldad de Joram, Acab, y Jezabel, desapareció su propio rencor y todo cayó postrado delante del Rey de reyes. Allí en adoración, Eliseo pudo ver lo que Dios tenía planificado, y habló inspirado por el Espíritu Santo. Su ministerio fue afirmado, reconocido, la voz de Dios fue proclamada, Dios fue honrado.

3 Recomendaciones

  1. Toma tiempos frecuentes para buscar la presencia de Dios del modo en que mejor te halles encontrándola. Puedes usar adoración, lectura bíblica, alabanzas, tiempos de oración apartado, danzas, escribir, dibujar, componer, hay tantas maneras de entrar en comunión con Dios, lo importante no es el modo que uses sino el fin que logres: la presencia de Dios.
  2. Deléitate en la presencia de Dios (Salmo 37:5). Muchos creyentes se apresuran a irse de la presencia de Dios sin darse cuenta que cada momento en su presencia es un tiempo de calidad que pasamos con nuestro Padre celestial. Es en esos momentos en que Dios nos revela nuestras limitaciones, en que Dios potencia nuestras capacidades, en que Dios nos revela su propósito para nosotros y en que nosotros descubrimos más de Dios. ¿Quieres conocer a Dios? Deléitate en su presencia, disfruta cada momento con Él, aprende a escuchar su voz a reconocer su toque, a escuchar su consejo.
  3. Da lugar al Espíritu de Dios (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7). Las experiencias con Dios pueden variar de simplemente naturales a profundamente espirituales. Algunos creyentes se asustan cuando notan las manifestaciones del Espíritu Santo y se alejan asustados. Acércate al Espíritu y bebe de sus aguas. Cree a Dios, y verás su bendición. Hay consuelo, guía, sabiduría, sanidad, poder, revelación, restauración, perdón, capacidad sobrenatural, misericordia y amor en el Espíritu Santo de Dios, no temas, Dios si estás en oración con Dios, de Dios recibirás el Espíritu Santo y no algo más (Lucas 11:11-13)

Eliseo sería recordado siempre por ser el profeta que muerto, resucitó a un hombre. La presencia de Dios en su vida era tan fuerte, que aun muerto Eliseo sus huesos tenían la unción de Dios. ¿Quieres saber su secreto? Eliseo estaba enamorado de Dios, enamorado de la presencia de Dios (2do de Reyes 13:20-21)


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