En tiempo de crisis muchas personas tienden a aferrarse a sus creencias religiosas a fin de encontrar tranquilidad y esperanza, otras buscan sacar el máximo provecho de la desesperación de sus compatriotas, y no falta quién ande negligente por ahí creyendo que nada ocurrirá, pasando por alto todas las advertencias.
Sin embargo, cuando la crisis se agudiza y el mal nos toca directamente, todos terminamos mirando al Creador y preguntándonos ¿por qué?

Hay muchas hipótesis circulando en la red sobre esta pandemia mundial que nos azota, que si es un complot de los chinos, de los americanos, de los judíos, los rusos, o los iraníes, que si el virus es un soldado de Alá peleando la guerra santa contra los incrédulos, o es la naturaleza rebelándose tratando de poner freno al verdadero virus que azota a la humanidad: nosotros.
Los cristianos sabemos mejor que conjeturar. Tenemos la revelación de Dios: la Biblia. Y en ella descubrimos a un Dios soberano quien controla toda su creación. Nada ocurre fuera de su control, nada ocurre fuera de su mano. La Biblia también nos muestra los propósitos de Dios en las plagas o epidemias.
Como en el artículo anterior «Actividades que la Biblia recomienda en tiempos de cuarentena«, tampoco aquí copiaremos los textos bíblicos, te daremos referencias, animándote a que busques por ti mismo e indagues y saques tus propias conclusiones. También puedes usar este artículo como tema de estudio para tu devocional familiar dividiéndolo en partes y exhortando a tus seres queridos a que busquen y analicen cada texto mencionado aquí. Como siempre, agradezco tus comentarios, críticas y sugerencias.
Sin más, estas son las conclusiones que podemos encontrar en las Escrituras:
- Las plagas son juicio de Dios contra la
humanidad por perseverar en hacer lo malo (Éxodo 32:24), son una suerte de
movimiento sanador y depurador sobre la tierra, trayendo arrepentimiento,
convicción de pecado, renovación de la búsqueda de Dios, enfoque hacia lo
verdaderamente importante en la vida, restauración de la búsqueda de la
justicia en los hombres. - Las plagas son, a veces, un juicio individual de
Dios a personas quienes pecan en modos específicos (Apocalipsis 22:8). - Las plagas no están diseñadas para eliminar a la
humanidad, sino para diezmar parte de ella, y que quede un remanente que
recuerde la situación de la humanidad antes y después de la plaga (Ezequiel
12:16) - Los justos encuentran promesas de protección
contra las plagas en la Biblia (Salmo 91:3, 10). - El incremento de las plagas a nivel mundial es una
señal de que la maldad de los hombres es cada vez mayor, sus corazones se están
endureciendo y resistiendo el llamado de Dios a arrepentimiento, reincidiendo
cada vez más frecuentemente en la maldad, y provocando la manifestación final
de Dios en día del juicio (Mateo 24:3-14; Jeremías 14:17; Apocalipsis 9:20;
Apocalipsis 15:1; Apocalipsis 16:9). - El pueblo de Dios no está exento de plagas, al
contrario, cuando el pueblo de Dios se vuelve desobediente e insensible a la
voz de Dios, las plagas son un método divino para hacerle ver que están lejos
del camino (Deuteronomio 28:58-60; Deuteronomio 29:22-27; Apocalipsis 18:4). - La gracia de Dios se manifiesta sobre el pueblo
de Dios cuando ora en la presencia del Dios altísimo pidiendo misericordia (1ra
de Reyes 8:37-40; 2do de Crónicas 6:28-31, cf. Hebreos 10:1-19). Cuando una
persona enferma de plaga, sea justo o no, puede ser sanada milagrosamente si
busca el trono de Dios mediante Jesucristo (Marcos 3:10; Lucas 7:21). - Hay justos que han enfermado de algunas plagas (Salmo
38:11; Salmo 39:10), la plaga en un justo no implica pecado (Job 2:4-7; cf. Job
42), sino prueba de parte de Dios, quien purifica la fe con fuego permitiendo
que en la crisis se expongan y eliminen las impurezas de nuestro carácter.
Una pregunta lógica, ¿cómo un Dios bueno puede enviar plagas malas?
La respuesta a esta pregunta puede responderse con una ilustración bien sencilla. Sin embargo, antes es importante aclarar que Dios creó todo bueno. Cuando Dios creó la tierra y el universo, contempló en ella salud, vida eterna, felicidad, abundancia.
Con la llegada de la desobediencia y rebeldía y rechazo al consejo de Dios en el primer matrimonio, Dios expulsó al hombre a y a la mujer de su presencia alejándolos del árbol de la vida (Génesis 3).
La consecuencia de alejarnos de Dios era evidente, estaríamos lejos de la vida. Toda plaga, enfermedad, guerra, mortandad, es solo consecuencia de estar lejos de Dios.
En las noches más frías del invierno todos apreciamos una buena fuente de calor que nos abrace. La delicia del fuego acariciándonos tibiamente en el frío penetrante nos ilustra un poco del deleite de estar cerca de la presencia de Dios, pero al alejarnos del fuego rápidamente el frío hace mella en nuestro ser. La gracia de Dios es vida, la ausencia de Dios es muerte. Las plagas, como el frío, son solo la consecuencia de nuestra rebelión y ausencia de la bendición de Dios en nuestras vidas. Pero, como en Job, Dios está en control, incluso a la muerte Dios la usa para nuestro bien.

La muerte que traen las plagas puede ser una oportunidad para recordar cuán transitorios somos en la tierra (Salmo 103:15), cuan vano es todo lo que hacemos en el mundo (Eclesiastés 1:2) y que todo lo que hacemos debería tener un propósito eterno antes que efímero (Lucas 12:16-20).
Pero también los cristianos mueren
Para Dios la muerte del justo no es muerte, sino vida, también para el creyente su muerte no produce temor, sino gozo y paz (Filipenses 1:21-23).
Todo hombre o mujer que haya hecho algo malo alguna vez como:
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Gálatas 5:19-21
Está sentenciado a muerte y sufrimientos eternos en el infierno, esa es la muerte final, la que Dios quiere evitar en todos nosotros (Ezequiel 18:32). Todo el dolor y muerte que vemos a nuestro alrededor es solo una antesala al dolor y muerte que veremos después. Cada plaga, enfermedad, dolor, angustia, tristeza, amargura, es solo una consecuencia limitada de lo que es vivir lejos de Dios. Por ahora, la gracia de Dios retiene todo el peso de su ausencia derramando misericordias cada mañana sobre ti (Lamentaciones 3:21-23; Mateo 5:45).
Para el incrédulo enfrentar a la muerte puede ser un momento importante de introspección, de autoanálisis, de confrontación, de reconciliación. Al final, todos morimos (Hebreos 9:27).
Hay una esperanza, la muerte sustituta de Cristo en la cruz del Calvario, ha pagado por ti y por mí, si nos arrepentimos, de modo que podemos empezar a disfrutar vida en Cristo ahora y siempre. Gozo en medio del dolor, paz en medio de la guerra, seguridad en medio del caos, vida eterna en medio de la muerte.

Descubre más desde Vida Cristiana en Acción
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
