El amor es multiforme, se expresa en la ternura de los animales por sus crías, en el abrazo de un amigo, y hasta en un mendrugo de pan. El amor se expresa constantemente como un presente continuo. Se expresa constantemente, y cuando no se expresa es que no está presente, entonces duele la indiferencia, el odio, la insensibilidad, porque el amor es absoluto, o amas, o no. Aunque no se exprese siempre igual, porque el amor, además de ser multiforme, también es multicolor, se puede expresar en un espectro más amplio que los millones de colores que detectan los televisores de última generación.
Hay amor de amigo, amor de socio, de compañero, amor de enfermera y médico (que es por un desconocido), hay amor por los niños o los ancianos, amor por los padres, o la familia, amor por la persona con quien hemos decidido hacer una familia.
El amor es un sentimiento radical, absoluto, pero sobre todo puro, y en esa pureza, el amor es equilibrado. La avaricia no es amor hacia algo material, es amor a lo externo y superficial, es la contaminación a algo tan profundo, es ausencia de pureza, es impuro y egoísta, no se expresa hacia afuera, se consume hacia adentro, por tanto, no es amor, es falta de amor.
El amor, además, es exclusivo, celoso, espera reciprocidad, desea afecto, anhela experiencias. El amor como el árbol debe ser atendido o se seca, debe ser recíproco o fallece, debe ser exclusivo para ser único, especial, diferente. Cuando amamos a muchos, solo queremos, el amor, es individual, no es masivo, no se ama a un pueblo, se ama a cada persona. No se ama a todos, te amo a ti.

Estamos en un mundo que existe por amor. La naturaleza, las aves, las olas del mar y las profundidades del cielo todos dicen que hay un Creador que ama. Desde lo más diminuto hasta lo más gigantesco, en todo hay una complejidad que solo es comprendida sobre la base del impulso del amor.
Dios es amor. Pero, sobre todo, su expresión es amor. Para Dios, para Jesús, para el Espíritu Santo, la esencia es amar, ese es el resumen de la ley y los mandamientos: vivir amando, expresando amor.
Pablo, escribiendo inspirado por el Espíritu Santo decía que el amor es el camino más excelente, y de nada servían los ministerios, los dones, o las obras de caridad, solo el amor califica nuestras obras, pero no el amor insípido o teórico, sino el amor práctico, el que se expresa haciendo, como un verbo continuo, y no como un adjetivo descriptivo.
Conviene entonces, que examinemos nuestros corazones y nuestras actitudes, ¿cuánto amor tenemos?, ¿cómo vivimos? Cada una de las parábolas de Jesús es un reto para nosotros que somos egoístas y estamos manchados por la contaminación de la maldad. Analicémoslas, el buen samaritano, el hijo pródigo, la perla preciosa ¿Amamos suficientemente a Dios como para renunciar a todas las cosas? ¿Amamos suficientemente a los hombres como para actuar radicalmente a favor de ellos, por encima de todo? ¿Hay suficiente amor de Dios en nosotros como para, incluso, amar a nuestros enemigos?
¿Cómo amar a alguien cuando sabemos todo lo malo que tiene, es, y ha hecho? Una de las grandes mentiras de la contemporaneidad busca deslegitimizar al amor: el amor es ciego, dicen. Aludiendo a que la única manera de amar intensamente es pasando por alto los defectos y conductas erróneas esa persona. Sin embargo, al ignorar las fallas de nuestro “amor”, encubrimos realmente su naturaleza, y terminamos amando, no a quien él o ella es, sino a la imagen falsa que de esa persona nos creamos.
El amor no es ciego, no necesita mentirse para amar. El amor más puro es el que conoce a profundidad, y sigue amando. Una madre que ama verdaderamente no niega que su hijo sea especial, lo ama más profundamente cuanto más conoce sus limitaciones, y aprecia más intensamente sus logros, por pequeños que parezcan a otros, ella sabe lo que realmente costaron y lo que realmente significan.

El mundo está en crisis, falta el amor. Justificamos nuestro desamor con nuestro egoísmo “tengo que vivir la vida”, dicen, justificamos nuestro desamor con nuestras emociones “ya no lo quiero como antes”, justificamos nuestro desamor con nuestros fracasos “traté y no pude, ¿qué más quieres que haga?”
Contrario a lo que piensan muchos, el amor no es volátil y efímero como una emoción, por eso en la Biblia el matrimonio no se fundamenta en emociones. El amor no es un juego de dados que tiras para ver cómo te irá la vida. Tampoco es la desenfrenada pasión sexual de nuestra juventud que sobrevive solo cuando un torrente de hormonas se encuentra en erupción.
El amor es un pacto, es la aceptación de una responsabilidad, es la admisión de un tremendo privilegio con inmensas responsabilidades, de por vida. ¿Quieres verlo en la práctica? Un padre a un hijo no lo ama por su carácter, o porque sea lindo o feo, hábil o torpe, fuerte o débil, lo ama porque es su hijo.

Comienza con la pura y simple aceptación de una responsabilidad, “este es mi hijo, es el que me tocó, y es mi responsabilidad, nadie más lo va a cuidar, nadie más lo va a proteger, nadie más es tan responsable de él, como yo”.
Continúa con la aplicación de esa responsabilidad en cada aspecto de nuestras vidas, en el proceso increíble en el que nosotros lo moldeamos a él para que siga nuestro ejemplo, y sí, en el sorprendente hecho de que él también nos está moldeando a nosotros, puliéndonos, creciéndonos, enseñándonos.
Crece en nuestra aceptación de sus incapacidades y en el descubrimiento de sus habilidades, aumenta en el abrazo, la sonrisa, el llanto desesperado, el momento feliz y el terrible ciclo de estrés que parece hundir el suelo bajo nuestros pies.
El amor, en realidad, como es una decisión, un pacto, una aceptación de la responsabilidad, será tan fuerte como la voluntad de quien lo posee. No se derribará con los vientos o las tempestades, sino que se hará más fuerte, más imponente, más sobrio, profundo.
El amor, la verdad, como todo, necesita un modelo. Tenemos tantos traumas, estamos tan contaminados de conceptos, preconceptos, ideas, ilusiones inalcanzables y mentirosas, experiencias terribles y asombrosas anécdotas de espanto, que tratamos de moldear al verdadero amor hasta convertirlo en un sentimiento amorfo, sucio, superficial, espúreo, incomprensible, incorpóreo.

Hubo un hombre que transformó todo, vino a la tierra para enseñarnos el amor, para derribar tabúes, religiones, mentiras, falsos compromisos, malas experiencias. Nos habló de Dios, y nos dijo que Dios es amor. Nos habló de amarnos unos otros, y de amar, incluso a nuestros enemigos.
Su expresión suprema fue de amor, tanto nos amó, que murió por nosotros para darnos un nuevo corazón con el cuál restaurar en nosotros la verdadera calidad del amor.
Al resucitar nos dio una nueva oportunidad, Jesús hoy nos invita.
Enamorémonos de Dios, enamorémonos de nuestros vecinos.
Descubre más desde Vida Cristiana en Acción
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
