Josué se levantó aquella mañana preocupado, abrió su tienda y observó el horizonte, a sus pies estaba el campamento de Israel, alrededor de 2 millones de personas quienes ahora eran su responsabilidad. Debía atender los suministros, los juicios, los partes de guerra, las cuestiones del hospital, las quejas de los líderes de los diferentes clanes, y sus propios asuntos familiares. Todo dependía de él y Moisés no estaba (Josué 1:1-2).
Hay momentos en que se puede estar solo rodeado de personas. Y ahora Josué lo sabía. En varias ocasiones pensó desmayar, temía el futuro que le esperaba, temía fracasar en la toma de decisiones, temía colapsar ante tanto estrés.
La Biblia no dice cómo fue que Dios le habló. No dice si Josué estaba orando y Dios habló a su espíritu, o si envió un ángel a hablarle o un profeta.
Lo cierto es que Dios le habló. Y las palabras de Dios a Josué en capítulo 1 determinarían lo que se escribiría en el resto de los capítulos del libro de su vida.
Estudiar estas palabras nos ayudarán a entender cómo es que Dios quiere que lidiemos con la soledad en nuestras vidas.
¿Qué es la soledad?
Hay muchas definiciones de la soledad. Pero la soledad en este caso está definida por la herencia, Moisés ha muerto (v.2), y ahora tú heredas su responsabilidad (v.3). La herencia trajo consigo la soledad del peso del trabajo, de la responsabilidad, de la incomprensión de todos los que le rodeaban.
La vida en sociedad y familia permite el desarrollo de la comunidad, el crecimiento, y la división de tareas y responsabilidades. Pero, generalmente, a medida que vamos creciendo, las tareas y responsabilidades se van haciendo gradualmente más complejas, y llega un momento en que dejamos de apoyar, de ayudar, de asistir, para ser absoluta y totalmente responsables de todo. En ese momento heredamos la responsabilidad de otra persona que ya no está y nos sentimos abrumados, aislados, aturdidos, desolados. Este principio se aplica en todas las áreas de nuestra vida comunitaria. Incluso en nuestras responsabilidades laborales.
No es la misma responsabilidad que tiene el obrero, que la que tiene el jefe. El obrero tiene que hacer simplemente lo que le dicen. El jefe debe pensar e idear un plan de avance hacia las metas trazadas, y además debe trabajar, motivar, prever los problemas y contratiempos, diseñar las contramedidas, atender las diferentes áreas de trabajo por diferentes que sea y asumir las consecuencias de lo que pueda salir mal.
La herencia de que hablo no siempre se debe al fallecimiento, a veces simplemente se debe a que como jóvenes dejamos el hogar y ahora vivimos solos, o nos casamos, o fuimos ascendidos en nuestro centro de trabajo y heredamos el trabajo del líder anterior. En todos estos casos, herencia recibida implica responsabilidad.
La Exhortación de Dios a Josué en la soledad
En este pasaje de Josué, Dios es claro, y le dice: “ahora pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo” (v.2). Este es el “ahora pues” de la soledad, estar solos significa estar al frente de lo que se debe hacer, no es achantarse o deprimirse o lamentarse por lo cruel que es la vida. O ahogarse en el sinnúmero de problemas que se presentan ante nosotros. Por eso, Dios le dice a Josué: “Moisés ha muerto, ahora pues, levántate y anda con todas responsabilidades que ahora tienes (pasa este Jordán tú y todo este pueblo)”.
En la soledad descubrimos nuestro potencial, porque si nosotros no lo hacemos, nadie lo hará. La soledad es ese primer paso donde dejamos de estar recostados y, por primera vez, sentimos el pánico del fracaso y del riesgo de una nueva situación hasta ahora desconocida. Es en ese momento que despiertan nuestros verdaderos dones, capacidades, atributos, es entonces en que se tensan lso músculos del entrenamiento recibido, es entonces donde todo lo aprendido hasta ahora comienza a tomar sentido y comienza a ser realmente útil. Nadie hay, solo nosotros, Dios, y lo que hemos aprendido hasta ahora.
¿Cómo puedo ir hacia adelante cuando el futuro es tan incierto?
Sin embargo, sabemos que por mucho que las personas se esfuerzan ante los desafíos, no son pocos quienes fracasan. Ya no está la red de protección que solíamos tener antes, ni nos desenvolvemos en el entorno protegido donde otro cubría nuestros errores. Este es el momento de la verdad, y cualquier error tendrá consuecuencias terribles a corto, medio, y largo plazo ¡No es momento de jugar!
Un genio militar dijo una vez que «ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo». Y eso es totalmente cierto dando a entender que por mucha preparación que tengamos, la realidad puede ser inesperada y cruel y echar por tierra todos nuestros esfuerzos. Hombres mejores que Josué habían fracasado antes, y hombres mejores que nosotros han fracasado antes.
¿Qué hacer?
Las herramientas potencian a un hombre, y Dios lo sabe. Así que decide dar a José las herramientas más poderosas con que puede contar.
«imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”
Hebreos 6:11-12
Y aquí hay una gran revelación. El gran secreto de las obras prodigiosas realizadas por los héroes de la fe no está en que hayan sido personas especiales, sino en que creyeron promesas especiales de un Dios especial.
Hay poder en las promesas de Dios, no en las promesas de cualquier persona, o entidad, u organización, sino en las promesas de Dios. Y Josué estaba a punto de descubrirlo en su propia vida.
Las grandes promesas hechas a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés, podían ser heredadas, por medio de la fe.
Así que Dios le da dos promesas sencillas:
- Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida (v.5a)
- como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé (v.5b)
Leer esto desde la perspectiva de cristianos del Nuevo Testamento puede hacernos pensar que esto es solo una promesa para Josué, olvidando maravillosa la posibilidad de heredar promesas por la fe. Pero en el Nuevo Testamento tenemos la Llave Maestra que nos permite acceder a los tesoros de todas las promesas celestiales: Jesús.
porque todas las promesas de Dios son en él [Cristo] Sí, y en él [Cristo] Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
2da a los Corintios 1:20
Dios no cambia, y su modo de actuar hoy es el mismo de ayer y de siempre.
- Somos siempre victoriosos (Romanos 8:37)
- Dios siempre estará con nosotros (Mateo 28:20)
Ahora, estas dos herramientas son las herramientas que usó Josué para conquistar la Tierra Prometida enfrentando numerosos reyes y ciudades amuralladas, enemigos por doquiera e incluso gigantes.
Con estas promesas recibió fuerzas para detener el río Jordán y atravesarlo en seco con todo el pueblo, para derribar las murallas de Jericó, para tomar la ciudad de Hai, derrotar a los amorreos, el rey de Bet-El, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jamut, el de Laquis, y muchos más hasta llegar a 31 reyes derrotados en total.
Lee cuidadosamente la lista de los reyes derrotados por Josué en el capítulo 12 desde el versículo 7 en adelante, y comprenda esto: cada rey tenía ciudades, ejércitos, estrategias, tecnologías, y consejeros que buscaban impedir el propósito de Dios para Josué, y todos y cada uno de ellos fueron derrotados, porque Dios lo había prometido y porque Dios estaba con Josué siempre.
Ahora piensa en tu propia vida, ¿estás solo ante un millón de contratiempos, circunstancias únicas y dificultades complejísimas? Eso quizás sea cierto. Pero también es cierto que las promesas de Dios son fieles, y Dios no fallará. Saldrás victorioso, Dios estará siempre contigo.
2 Condiciones
Hay dos condiciones, sin embargo, que debes alcanzar para no estorbar el cumplimiento de las promesas de Dios en su vida. O, para decirlo de otro modo, Dios promete hacer esto, si usted hace esto otro:
Esfuérzate y sé valiente
Seguramente, te preguntarás por qué dije al principio que Josué tenía miedo. La Biblia no lo dice explícitamente, es cierto, pero Dios lo da a entender. 3 veces en estos versículos Dios le dice lo mismo a Josué (v.6, 7, 9).
Obviamente, Dios entendía que Josué debía ser confortado en este sentido y repite una y otra vez esa frase para que Josué no desanimara.
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes
Josué 1:9a
Esforzarse es algo que a veces está perdido en el reino de Dios, la sagacidad de este mundo se pierde muchas veces al entrar en el paraíso terrenal de las bendiciones de Dios (Lucas 16:8). Y es que muchos creyentes se conforman con un poco solamente de todo lo que Dios quiere dar.
Como hambrientos invitados a una mesa buffete, nos maravillamos con los panecitos que hay a la entrada y no nos esforzamos por dar un paso más hacia muchas las delicias que hay en el reino de Dios sobre la tierra. Muchos creyentes están sumamente satisfechos con asistir a la iglesia una que otra vez, adorar a Dios y erizarse de vez en cuando, y no dejar de orar por los alimentos. Pero cuando llega el momento de reclamar las promesas son los primeros que levantan las manos en alto y dicen “lo recibo”. Sin darse cuenta que Jesús dijo:
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Mateo 5:6
La sed de justicia de Dios es el combustible que nos hace esforzarnos. Hay un propósito de Dios para cada uno de nosotros, y no es simplemente asistir rutinariamente a una iglesia.
Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él
La segunda condición tiene que ver con meditar y vivir las profundidades de la Palabra de Dios, como bien dice el Salmo 1, hay bendiciones abundantes para quienes se deleitan en meditar y hurgar en la Palabra de Dios.
Esto no significa que debamos hablar con todas las personas citando los versículos de la Biblia versión Reina Valera del 1960 y con eso garantizamos que se cumplan las promesas de Dios en nuestras vidas. Sí, claro que debemos memorizar tanto de Texto divino como podamos con nuestras mentes, pero más importante es que la interioricemos con nuestro corazón y ella se convierta en parte de nuestra vida “para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito” (Josué 1:8).
Ojo, no es por obras
Ahora, aunque estas actitudes son condiciones para que se cumplas las promesas de Dios, no son tampoco obras que hacemos para luego recibir las promesas. Nota el “porque” de esta frase:
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas
Josué 1:9
La razón para esforzarnos y no temer y no desmayar, es tener ya la certeza de que Dios “estará” con nosotros siempre donde quiera que vayamos. No nos esforzamos para que Dios esté, nos esforzamos ya porque Dios estará.
Una Misión
Hemos hablado de la soledad, de la responsabilidad que adquirimos en la soledad, hablamos también de las herramientas sobrenaturales que Dios da a la iglesia para vencer siempre y contar con su presencia en nuestras vidas, y dijimos que en todo esto Dios tiene un propósito.
Y ese propósito es el mismo hoy que el que fue en los tiempos de Josué.
Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.
Josué 1:6
En los tiempos de Josué, la Tierra Prometida era el descanso esperado por el pueblo al que Dios había sacado de Egipto y llevaba años cuarenta vagando por el desierto.
El capítulo 4 del libro de Hebreos nos enseña que aquel reposo era solo un símbolo del reposo que significa Jesucristo y la vida eterna. De modo que, al igual que Josué hoy tenemos un pueblo a nuestro alrededor agotado, extenuado, confundido, y que anhela más que nada el reposo de Dios. Y hoy tenemos, igualmente, un enemigo voraz que no escatima esfuerzos para confundir y desviar y entorpecer el avance del reino de Dios.
Nuestra misión es la misma, repartir el reino de Dios entre las personas. Dar a conocer la grandeza de Cristo entre los pueblos, y compartir las gracias y abundancias de la misericordia de Dios.
Cada batalla de Josué fue un tipo de los enfrentamientos espirituales que hoy tenemos, cada desafío un símbolo de los obstáculos que enfrentamos, cada rey, un duelo diferente contra los hombres que obstaculizan el establecimiento del reino espiritual de Dios en nuestras vidas y en las de los demás.
En conclusión
Así que despierta, levántate, esfuérzate, sé valiente, sumérgete en la sabiduría de la Palabra de Dios aplicándola toda a tu vida, y confía en Dios siguiendo la misión y camino que ha preparado delante de ti, y entonces verás que la soledad tiene el propósito de hacerte más fuerte, de sacarte del nido y darte alas para volar para descubrir que “nadie te podrá hacer frente”, y “como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5).
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