¿Quién Habitará delante de Dios?

SALMO 15

Salmo de David.

     1     Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?

¿Quién morará en tu monte santo?

     2     El que anda en integridad y hace justicia,

Y habla verdad en su corazón.

     3     El que no calumnia con su lengua,

Ni hace mal a su prójimo,

Ni admite reproche alguno contra su vecino.

     4     Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado,

Pero honra a los que temen a Jehová.

El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia;

     5     Quien su dinero no dio a usura,

Ni contra el inocente admitió cohecho.

El que hace estas cosas, no resbalará jamás.[1]

Carlos, escuchaba con el rostro angustiado a aquella mujer, había venido por quincuagésima vez a hablar mal acerca de Rosita. Como cristiano, se sentía agobiado por aquella plática. Con el rabillo del ojo miraba el reloj para darse cuenta de que ya había transcurrido un cuarto de hora en aquella situación.

– ¡Ay Miguel! Esa Rosita es la candela – Carlos miraba los gestos cambiantes del rostro de su interlocutora, los ojos casi se salían de sus órbitas cuando quería enfatizar alguna frase. De cuando en cuando, Rafaela, que así se llamaba la mujer, miraba hacia atrás con un gesto despreciable, como si alguien le estuviera mirando, para luego inclinarse y murmurar a escasos 20 centímetros de su oyente– el otro día, mi hermano, ella salió de aquí y cuando llegó a la casa se empezó a fajar con la hija. ¡Que clase de cristiana! ¿No? Óigame, si yo le digo a usted, ¡de que las hay, las hay!

Rafaela llegaba casi todos los días por la tarde, él no había sabido como detenerla, pero era alguien influyente en el cuerpo de diáconos… y no podía contrariarla… uno tras otro todos los miembros de la iglesia pasaban lastimosamente por sus labios.

¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario?

Como líderes del rebaño de Dios en muchas ocasiones el pecado nos toca a la puerta, a veces nos toca tan seguido que nos acostumbramos a él. Creemos que no es tal. Le llamamos ‘la lucha’ al robo, ‘comentario’ a la murmuración, ‘vivir sin buscarse problemas’ a tolerar la injusticia. Entonces, repentinamente y con el tiempo, nos hayamos convirtiéndonos a ellos, siendo semejantes a ellos y totalmente diferentes a Él.

El que anda en integridad y hace justicia,

Y habla verdad en su corazón.

     3     El que no calumnia con su lengua,

Ni hace mal a su prójimo,

Ni admite reproche alguno contra su vecino.[2]

La integridad es una cualidad casi perdida hoy. Íntegro es algo donde no falta ninguna de sus partes[3]. Muchos de nosotros, sabemos que faltamos en algunas cualidades que bien pueden obviarse por ser casi imperceptibles, otras son básicas, pero nos hemos habituado a vivir sin ellas. “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?”: “El que anda en integridad y hace justicia”, aquel a quien no faltan ninguna de sus partes. Curiosamente la Biblia, por mediación de David nos pone un ejemplo de integridad que tiene mucho que ver con la historia que narrábamos. Aquel que anda en integridad, no solo no hace mal, sino que no permite que otro lo haga. Para llegar a los extremos de santidad y justicia a que Dios nos lleva la Biblia nos dice que el íntegro ‘no admite reproche alguno contra su vecino’.

 Termino con una frase de Sir Noël Pierce Coward (1899-1973) un dramaturgo inglés

“Es desconsolador pensar cuánta gente se asombra de la honradez y cuán pocos se escandalizan por el engaño”.[4]


[1]Reina Valera Revisada (1960). 1998 (electronic ed.) (Sal 14.7). Miami: Sociedades Biblicas Unidas.

[2] Reina Valera Revisada (1960). 1998 (electronic ed.) (Sal 15.2-3). Miami: Sociedades Biblicas Unidas.

[3] © Biblograf, S.A. Reservados todos los derechos.

[4] © Espasa Calpe, S.A., 1997. Reservados todos los derechos.


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