Dificultades en la vida cristiana, ¿por qué y para qué?

La situación en nuestra nación es compleja. A la crisis de la pandemia mundial se suma el auto encierro familiar, el aislamiento social, el desempleo en muchos casos, y la insuficiencia monetaria en otros tantos, la escasez de alimentos, más las crisis internas de cada día, que no porque haya pandemia se han tomado vacaciones.

Aunque ahora, con las restricciones a punto de levantarse paulatinamente, se ve una luz al final del tunel, la cuarentena ha pasado factura a nuestros corazones.

Hay matrimonios que están tocando su punto más bajo, padres que ya no saben qué hacer con sus hijos, enfermedades que han agravado la situación, escasez de medicamentos, e inmensas colas en las que puede que no se resuelva lo que se busca.

Si para el no-cristiano la lucha tiene que ver con la simple supervivencia, por los medios que sea necesario. Para el creyente la batalla es más compleja.

No solo debemos sobrevivir, sino que tenemos que hacerlo bien. Para nosotros no funciona la frase de Napoleón Bonaparte: “El fin justifica los medios”. El hijo de Dios que ha tenido un encuentro personal con Jesucristo ha descubierto el propósito de su existencia. No pasa por la vida saltando de la alimentación a la cama y al trabajo y a otros placeres temporales, tratando de ser uno más en medio de las crisis. El cristiano sabe más y por eso vive con propósito.

Tropas de Élite en medio de un mundo en caos

Ponte a pensar: ¿qué diferencia al hombre de los animales si es cierto lo que dicela teoría de la evolución? ¿si es cierto que no existe lo bueno y lo malo como dicen los postmodernistas? ¿si es cierto que somos producto de la casualidad tanto como cualquier otro ser vivo sobre la tierra? ¿si es cierto que Dios no existe y no habrá un juicio final para buenas y malas obras? ¿Si es cierto que la vida es simplemente morir y vivir en un ciclo infinito de buenas y malas acciones?

Las interpretaciones actuales de la existencia y sentido de la vida humana tienden a rebajarnos a simples accidentes de un universo indolente e insensible. Sin embargo, creyentes y no creyentes tenemos anhelo de propósito, de sentido, de significado, un anhelo fuerte, pujante, perenne ¡Y tratamos de satisfacerlo con tantas cosas! Inventamos religiones, actividades de ocio, hacemos buenas obras, buscamos el éxito en nuestras empresas, tomamos vacaciones, jugamos diversos juegos, tratamos de ganar para sentir que no somos simplemente una yerba que perece y al otro día se olvida.

15 El hombre, como la hierba son sus días; como la flor del campo, así florece; 16 cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser, y su lugar ya no la reconoce.
17 Mas la misericordia del SEÑOR es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos,

Salmo 103:15-17

Pero Dios es. Él sigue en control, y ha puesto, en medio de la pandemia, de la crisis mundial, de la escasez económica, y de los problemas personales, a hombres y mujeres redimidos y santificados por la sangre de Jesús y el Espíritu Santo. Se ha levantado un ejército de élite en medio de un mundo en caos.

Como quiera que le des la vuelta la labor es titánica. Accionar positivamente en una realidad donde otros, con más posibilidades en este mundo, apenas pueden siquiera reaccionar, no solo demanda todas las fuerzas que tenemos, sino fuerzas que ni siquiera tenemos, ni nosotros ni algúun otro ser humano.

¿Enviados para qué?

Si no eres cristiano, quizás no lo hayas descubierto, y para ti la ighlesia sea solo otra religión más o una forma de pasara el tiempoen un ambiente agradable con personas agradables. Pero no es así. Los cristanos sabemos cuál es el propósito general de Dios con todos nosotros y en intimidad con Él descubrimos los propósitos específicos que tiene con cada uno.

Estos son los propósitos generales:

  • Mantenernos en santidad, no solo externamente, y obrando bien, sino internamente, sintiendo bien, y pensando bien. Implica una integración del carácter a un nivel que va más allá de nuestras tendencias naturales hacia lo malo (Efesios 4:22-24).
  • Vivir una vida plena e intensa en todo momento, medio de la paz y la prosperidad, y en medio de tribulaciones y situaciones adversas. La satisfacción y seguridad de Dios saturan y vivifican cada aspecto de lo que hacemos y vivimos. Sufrimos, claro, lloramos, nos afligimos, pero en todas esas cosas somos más que vencedores por medio de Jesús (Juan 10:10; Romanos 8:28ss)
  • Dar testimonio del mensaje de Jesús, de como Dios nos salva de una vida vana y sin propósito de y un infierno eterno que es el castigo para todos los que rechazan lo bueno y abrazan lo mal (Hechos 1:8).

La misión imposible, es ser luz en un mundo en tinieblas, marcar la diferencia cuando es normal lo erróneo, es no ser vencidos por lo malo, sino vencer con el bien el mal, es no permitir que la increíble presión de grupo de todo un planeta nos convierta hacia lo vanal, sino lograr que el universo que nos rodea sea transformado por nuestro testimonio.

Preparándose un Ejército de Élite

Al leer los propósitos anteriores no podemos dejar de sentir cierta desazón, , cierto temor, no es una tarea fácil. Es como una declaración de guerra contra todo lo que nos rodea. ¿Cambiar el mundo? Si apenas puedo con mis propios problemas, ¿cómo voy a enfrentarme con los problemas de otros? ¿A quién enviará Dios? Seguramente, Dios tiene personas especiales escogidas para esta labor.

Y tienes razón, las fuerzas especiales de cada nación son seleccionadas entre lo mejor de lo mejor de las tropas regulares, y luego de esta selección son sometidas a un riguroso entrenamiento.

Estas dos etapas, selección y entrenamiento son las mismas etapas que vive el cristiano antes de poder lograr cumplir su propósito a plenitud.

Ciertamente, desde que un no-creyente tiene un encuentro personal con Jesús, ya ha sido seleccionado y está militando en las tropas de Cristo. Pero su rendimiento debe crecer, él tiene que aprender, debe perfeccionar sus habilidades, formar su carácter, dominar sus armas, y eso requiere entrenamiento.

La selección

Ahora, la pregunta obviamente es, si el mundo secular selecciona lo mejor de lo mejor ¿a quién selecciona Dios?

Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.

30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

1ra a los Corintios 1:26-31

Un proverbio anónimo dice: “No se puede llenar un vaso que ya está lleno”. A veces se hace difícil que algunas personas pudientes, poderosas, o nobles, o muy inteligentes, sean llamadas al militar las filas del reino de Dios. Note que dice “no sois muchos sabios… etc.” Sí había sabios, sí había poderosos, sí había nobles, pero no eran muchos. La esencia del llamado de Dios no está entonces en las capacidades que tengan las personas sino en el reconocimiento de cuán incapaces somos, en el descubrimiento de cuán débiles somos ante los vaivenes de la vida. Cuán a merced estamos de la “suerte” sea buena o mala, cuán incapaces somos, en realidad, de controlar nuestro presente, y mucho menos nuestro futuro. Inteligencia no es entenderlo todo, sino reconocer lo mucho que no se entiende.

Solo sé, que nada sé

Platón

Es por eso que muchos no tienen un encuentro personal con Jesús hasta tocar fondo en sus vidas después de alguna crisis aguda. Es en la crisis donde, tristemente, comprendemos que no somos Dios y despertamos a nuestra mortalidad.

Es en la crisis donde ya no queda algo de que jactarnos, y terminamos a los pies de Dios. Entonces, cuando Él nos rescata sabemos, con toda seguridad, que la salvación no vino de nuestra habilidad, o capacidad, o sabiduría, o poderío, o familia, sino de un Dios que es más poderoso que todo junto.

El celo de Dios es el catalizador del cambio

Hay un principio que olvidan los que no creen, y es que Dios es celoso. Si el celo es una obra de la carne (Gálatas 5:20); ¿cómo puede entonces Dios ser celoso (Éxodo 20:5)?

Hay una diferencia fundamental que debemos tener en cuenta con relación al celo de Dios. Él no tiene celo de nosotros como alguien que teme ser eclipsado por nuestro poder, sino tiene celo por nosotros. En otras palabras, Dios tiene pasión por nosotros. Y ese celo se traduce en desear para nosotros todo lo mejor.

De ahí que Dios condene la envidia, los celos, las contiendas, los chismes, las murmuraciones, las mentiras, la idolatría, el odio, las orgías e inmoralidades sexuales. Cuando usted mira cada una de estas tendencias humanas notará que todas giran alrededor de nosotros mismos. Cuando hacemos cualquiera de estas cosas, lo hacemos por nosotros mismos. Pero nosotros mismos somos solo podemos satisfacernos temporalmente, creando un vacío en nuestros corazones, que nos lleva a buscar más de lo mismo con el propósito de que la cantidad y la repetición traigan la ansiada satisfacción permanente. Caemos así en un terrible ciclo de dependencia de cualquiera de estas áreas, este ciclo, como un torbellino va hundiéndonos y consumiendo nuestra ecuanimidad, y tranquilidad psicológica, unas veces muy rápido, otras veces muchísimo más lento. Pero indefectiblemente nos consume.

Entonces se manifiesta el celo de Dios y dice: “escogeré a lo vil y a lo menospreciado… para que nadie se jacte en mi presencia» (1ra a los Corintios 1:29) ¿Suena egoísta? Pues así debe ser, pues si nosotros somos egoístas nos engañamos y engañamos a otros, edificando para una casa que esencialmente está corrompida con la maldad desde sus entrañas. Pero si Dios es egoísta está siendo verdadero, y está edificando sobre la única casa que tiene fundamentos, y nos está animando a edificar sobre su fundamento. El egoísmo de Dios garantiza nuestra felicidad, realización, plenitud, abundancia.

Mientras seamos capaces de jactarnos delante de Dios no le daremos la gloria a Él. Creeremos, sutilmente, que algo de lo que se logró fue por nuestra habilidad, o potencia, o persistencia. Por eso Dios llama a lo vil y menospreciado.

El celo de Dios demanda toda nuestra adoración, alabanza, sometimiento. Pues si solo le damos una parte, entonces nuestro ego saltará y dirá: “esto lo hice yo”; y estaremos tomando gloria que pertenece a Dios; y dejaremos de comprender y atesorar y disfrutar la plenitud de quien realmente es Dios.

Cuando todavía estamos en control no permitimos que la sabiduría y el poder y la gracia y las misericordias y la guía de Dios obren en nuestras vidas. Y entonces su poder no se puede manifestar plenamente en nosotros, y nosotros no podremos alcanzar todo el potencial del propósito divino, y estaremos en el mismo ciclo de insatisfacción del que fuimos rescatados.

Dios es celoso por nosotros.

Es necesario morir a nosotros mismos

Es por eso que solo son realmente cristianos los que han nacido de nuevo (Juan 3:3). Nacer de nuevo implica una vida nueva, lo que da por terminada la anterior. Nacer de nuevo significa habernos dado cuenta de nuestra incapacidad y de Su capacidad.

Cuando un bañista se está ahogando. Trata de aferrarse al agua misma que le hunde, todo con tal de sacar la cabeza por unos segundos y tomar el preciado aire que significa la vida. Cuando llega un rescatista, muchas veces ocurre que el bañista se agarra de él y le hunde, provocando su propio hundimiento y haciendo que el rescatista se aleje. Es por eso que los rescatistas profesionales se acercan al bañista desde atrás, buscando inmovilizarle para poder rescatarle. Para poder ser rescatado, el bañista debe dejarse llevar, debe renunciar a tratar de salvarse. Entonces, cuando rinde sus fuerzas y se deja llevar, es que puede ser llevado hacia una orilla segura.

Cuando alguien verdaderamente ha tenido un encuentro con Cristo, lo hace rindiendose completamente al Señor, y dejándose llevar por sus brazos de amor. Solo entonces vemos la mano de Dios, y solo entonces descubrimos cómo es vivir en la seguridad un piso firme y cuán perdido estábamos en el inmenso mar rodeado de olas asesinas: “como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1ra a los Corintios 1:31).

Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, 9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

2da a Timoteo 1:8-9

¿Cuál es el entrenamiento de Dios?

Habiendo sido llamados, y rescatados, ya pertenecemos al ejército de éltie de Dios. Pero no estamos listos. Somos un grupo de reclutas desaliñados novatos, felices por haber sido escogidos, orgullosos de un uniforme que nos queda grande y portando armas que no sabemos usar.

Como decíamos, la segunda etapa antes de enviar a tropas de élite a servir con plenitud es el entrenamiento.

Ahora, cuando llegamos a Dios cargamos con nuestro ego, nuestras confianzas, nuestras victorias, nuestros desastres, nuestros recelos, nuestros criterios, nuestros principios. Incluso cuando muchos de esos aspectos sean positivos el pronombre posesivo “nuestro” los hace ya inmediatamente contraproducentes para el servicio a Dios.

No me malinterprete. Dios no quiere que seamos autómatas. Ese no es el punto. Dios quiere que abandonemos nuestro ego. Hay que sacar el “mío” de la ecuación. Hay que desarraigar el corazón de “sus” anhelos, pasiones, sueños, traumas, criterios, recelos. Y hay dos razones fundamentales para hacerlo.

  1. Tenemos la tendencia a proteger lo que nos pertenece y lo protegemos incluso de Dios. De modo que cuando Dios dice ve por este sendero, analizamos, y si nos parece bien obedecemos, sino entonces no lo hacemos. En ocasiones, incluso llegamos a resistir a Dios y a su Espíritu Santo a fin de satisfacer nuestros sueños.
  2. Dios no comparte su gloria con nadie. Hay un elemento clave en todo este asunto. No es que Dios sea tan egocéntrico que no reconozca las buenas obras de las personas. Sino que la realidad es que somos inherentemente malos. Ninguna acción hacemos por pura bondad. Cuando descubrimos a Dios por quien Él es, entonces nos percatamos de nuestra maldad, y de su santidad. De ahí que entonces comprendamos que todo logro en nuestras vidas se debe a Él. Y eso es dar toda la gloria a Dios. Nuestra plena capacidad solo será potenciada por el poder de Dios, y ese no es nuestro mérito, sino el Suyo.

Así que una parte fundamental del entrenamiento estará dedicada a la renovación del viejo hombre, hacia un uno santo. Al tener un encuentro real con el Dios creador de los cielos y la Tierra el Espíritu Santo comienza una obra sobrenatural de santificación en el nuevo creyente. De ahí que veamos cómo los nuevos creyentes son radicalmente transformados hacia una nueva vida. Abandonan el alcohol, los adulterios, el robo, la ira, las contiendas y comienzan a dar señales de una nueva vida.

Sin esa obra sobrenatural del Espíritu de Dios nada podríamos hacer. Sin embargo, al mismo tiempo, los creyentes tendemos a poner freno a la obra de Dios en nuestras vidas en forma de autoprotección contra la acción invasiva de Su Espíritu.

Porque así dice el Alto y Sublime que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: Habito en lo alto y santo, y también con el contrito y humilde de espíritu, para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos.

Isaías 57:15

Al escoger Dios a los humildes y dolidos los vivifica al toma sus viejos corazones de piedra endurecida y sustituirlos por corazones nuevos mediante su Espíritu Santo (Ezequiel 11:19).

Un entrenamiento diferente

Entonces, ¿qué forma tiene este proceso de santificación, y cómo es que Dios nos entrena para potenciar sobrenaturalmente nuestras capacidades?

Fíjate en el siguiente pasaje y presta atención, en los vesículos 9 y 10, a objetivos de Dios al llamarnos que hemos visto hasta ahora: vivificar, y santificar. Aquí, sin embargo, el contexto nos dice cómo lo hará.

y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él;

6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.

7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.

11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Hebreos 12:5-11

A diferencia del entrenamiento militar, para tropas de élite, donde en ocasiones priman el maltrato y la humillación con el propósito de convertirnos en soldados despersonalizados que obedecen órdenes sin chistar, el sistema de Dios es paternal.

Nota cuántas veces el autor usa la palabra hijo en este contexto ¡seis! Nota como el autor presenta a Dios, no al mismo nivel de los padres terrenales amorosos que nos preparan “como les parece” (v.10), sino a un nivel “mucho mejor” (v.9). Nota el resultado de la preparación divina: la “santidad” de Dios (v.10) la cual nos es “provechosa”, pues produce un “fruto apacible de justicia” (v.11).

El entrenamiento de Dios se llama disciplina

Muchas veces se ha usado incorrectamente esta palabra, dando a entender que, cuando Dios disciplina, lo hace como resultado de alguna mala actitud o pecado que estemos cometiendo. En este sentido, Dios reacciona a nuestras conductas o situaciones. Sin embargo, este pasaje no presenta a un Dios que reaciona, sino a un Dios que acciona proactiva y preventivamente, preparándonos de antemano hacia loq ue debemos enfrentar en el futuro.

¿Qué es la disciplina de Dios?

El capítulo 12 de Hebreos, donde se encuentra este texto, viene a continuación de la lista más abarcadora y sorprendente de héroes de Dios que aparece en la Biblia. Hebreos 11 enumera a hombres y mujeres que pelearon la batalla de la fe en las condiciones más hostiles posibles.

¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; 33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. 36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.

37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

Hebreos 11:32-38

Entonces llega el «por tanto, nosotros también» del capítulo 12 con una exhortación tremenda:

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Hebreos 12:1-2

La nube de testigos que menciona en 12:1 son los héroes de la fe mencionados en el capítulo anterior. Teniendo en cuenta a todos estos guerreros de Dios, soltemos las cargas y pecados que nos impiden correr esta carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, quien con gozo… sufrió para luego vencer sentándose a la diestra del trono de Dios (v.2).

El versículo siguiente se va complicando, dándonos a entender que, si Jesús sufrió de esa manera en su carrera para cumplir su propósito, ¿cómo desmayaremos nosotros ante el sufrimiento?

3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Hebreos 12:3

Es en este contexto que dice en el versículo 5: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor”.

Si está hablando de pruebas y sufrumientos y tribulaciones (v.4), y nos dice que no menospreciemos la disciplina del Señor. La conclusión lógica es que el la disciplina es la crisis.

De modo que, cuando este pasaje habla de disciplina, describe un proceso que:

  • Es producto del amor de Dios (v.6)
  • Puede ser doloroso (v.4)
  • Incluye la reprensión de Dios (v.5) y la mano dura de Dios exponiéndonos a situaciones difíciles (v.6)
  • Provoca tristeza (v.11)
  • Es un proceso al que son sometidos TODOS los cristianos (v.8)
  • Su resultado es vida (v.9)
  • Es provechoso (v.10)
  • Santifica (v.10)
  • Al finalizar, produce fruto apacible de justicia (v.11)

En el contexto de este pasaje, la disciplina adquiere mucha más luz y significado. En el versículo 1 de este capítulo, la Palabra de Dios nos insta a correr con paciencia la carrera que tenemos por delante puestos los ojos en Jesús como nuestro modelo, y recordando su sufrimiento y el de los héroes que le precedieron. La disciplina es el entrenamiento de Dios por el cual somos “ejercitados” (v.11) para que en medio de las situaciones más adversas podamos dar fruto apacible y, como Jesús, lo hagamos con gozo (v.2) hasta vencer finalmente sentándonos como Él cerca de Dios en la resurrección (v.2).

Para correr la carrera hay que ejercitarse con disciplina (Hebreos 12:1-11)

¿Qué forma toma la disciplina de Dios?

Entonces, como ya hemos dicho, la disciplina de Dios es un proceso de Dios para hacernos crecer a fin de que produzcamos el fruto que diseñó para nosotros, y de que alcancemos la plenitud de Su propósito en nuestras vidas.

De este modo, Dios usará primeramente la Biblia como Su Palabra revelada de para hacernos entender los fundamentos, como manual de entrenamiento y estrategia y capacitación. La Biblia viene a ser las reglas de combate, allí encontrarás consejos de todo tipo sobre cómo crucificar la carne con sus pasiones y deseos (Gálatas 5:24).

En ella encontrarás la descripción de las técnicas que te harán salir victorioso en medio del conflicto (meditación en las Escrituras, oración, obediencia a la guía del Espíritu Santo, alabanzas y adoración, fe), descubriras también algunos modos en los que Dios puede usarte sobrenaturalmente, y también que ella misma es el arma más poderosa del creyente (Hebreos 4:12) cuando se usa con fe (Romanos 1:17).

En segundo lugar, cuando no prestemos atención a lo que dice la Biblia, Dios usará su reprensión y su vara.

Ahora, este segundo elemento demanda una aclaración importante. La disciplina descrita aquí no es la del cristiano que peca y Dios le amonesta, sino la del cristiano que está creciendo y Dios prepara situaciones difíciles en entornos extremos, pero controlados, para que crezca y madure y se supere.

La disciplina del soldado incluye momentos de estrés controlados pero extremadamente difíciles

Entiéndelo de este modo. La disciplina del Señor no es un castigo, sino la admisión de un estilo de vida superior. Observa esta enseñanza de Jesús:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. (LBLA)

Juan 15:1

La disciplina de Dios no es para los inservibles y los rebeldes, esos son cortados (‘quitados’ en la versión Reina Valera). La disciplina de Dios es para los hijos, para los que dan fruto ¿Cómo crees que se siente un árbol cuando es podado? Así nos sentimos cuando Dios nos hace crecer para dar más fruto.

El proceso de la poda es imprescindible para lograr frutos de calidad

La prueba del creyente, entonces, es como un examen universitario. Sin los exámenes no habría necesidad de estudio. Pero como hay exámenes y contenidos a evaluar, el estudiante se prepara, lee, escudriña, fuerza su mente más allá de lo habitual, pernocta, investiga y aprende con profundidad.

La prueba de Dios está diseñada para obligarnos a buscar en lo más recóndito de nuestro ser las fortalezas dormidas y levantarlas, los pecados ocultos y extirparlos, las vanidades disfrazadas y revelarlas como tales.

¿Cómo aprobar el examen del cielo?

La disciplina de Dios, en ocasiones, tomará la forma de pruebas y conflictos. Es importante que el cristiano aprenda a confiar en Dios en medio de la prueba, a no desmayar. Si quizás en ese momento no es perceptible cuál sea el propósito de Dios. Más adelante lo será. Lo cierto es que la confianza del creyente en medio de la prueba está en que Dios está en control.

Vea este pasaje donde Pablo narra una de sus tribulaciones:

Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida.

9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte…

2da a los Corintios 1:8-10, énfasis del autor

Note que la prueba fue tan fuerte que creyó que perdería la vida. Sin embargo, en medio de la amargura confió en Dios (v.9). Y Dios le libró (v.10). Habiendo pasado la prueba fue que escribió esta carta, y expuso su conclusión: fue para que dejaran de confiar en sí mismos, y aprendieran a confiar en Dios.

Muchas veces, solo comprendemos el propósito de Dios en retrospectiva. Y es que en medio del dolor nuestra tendencia es a enfocarnos en la desgracia y entristecernos por las cosas que salen mal. Luego de pasada la prueba es que vemos con claridad cuán fuerte emergimos. Cuántas las enseñanzas aprendimos. Cuán gloriosa fue la mano de Dios. Cuán cerca estuvo Dios en todo momento. Cuánto hemos crecido desde entonces.

Cinco recomendaciones en medio de la prueba

Estos son algunas recomendaciones para aprobar el examen de Dios y pasar al siguiente nivel:

  1. Acepta la situación que enfrentas. Una de las falsas corrientes doctrinales que abundan hoy en nuestras iglesias es la confesión positiva o declaración de fe. Es una doctrina formada con pinzas tomando un texto de aquí y otro de allá sin tener en cuenta la enseñanza general de las Escrituras. Nunca se ve a un solo creyente en la Biblia confesando positivamente una situación que en realidad era negativa. La declaración por fe promueve la negación de la prueba del Señor, además es un modo de evadir enfrentar la situación que tenemos delante y rechazar la disciplina. Muchos cristianos viven estancados en su crecimiento espiritual debido a que evitan por todos los medios enfrentar la situación que tienen delante, bien la niegan, bien la rodean, bien la ignoran. Pero la prueba sigue ahí, a veces por años, Dios es soberano, él está en control. Si Él quiere que pases la prueba, tendrás que pasarla, no importa cuánto la ignores o esquives. La postura correcta es reconocer la situación crítica y disponer nuestros corazones para salir de ella airosos.
  2. Abandona las perretas infantiles. Muchos cristianos se enojan con Dios. Quejándose y lamentándose por su situación, están más enfocados en las olas que en el que puede calmar la tempestad. Olvidan la enseñanza de Jesús en Mateo 8:24-26: ¡mientras el Maestro esté en la barca puede que haya tempestad, pero la barca no se hundirá! La Biblia habla de alabar a Dios en todo tiempo, no solo en momentos felices (Salmo 44:8). Las quejas de las perretas infantiles, sin embargo, pueden llegar a ser una ofensa a Dios (Números 14:2ss). Estas actitudes, muchas veces nos ciegan a las verdades y misericordias de Dios con nosotros enfocándonos egoístamente solo en el presente y olvidando sus bondades, esta condición, además de engañosa, ofende a Dios. La postura correcta es enfocarse en Dios, es reconocer su grandeza y fidelidad, y alabar su gran nombre en medio de las dificultades.
  3. Apóyate en las promesas de Dios y no en sus propias opiniones. Es importante que un creyente medite constantemente en Las Escrituras, para que en el momento de la prueba pueda recordar las palabras de Dios y apoyarse en ellas. Hay un elemento importante en este asunto de las promesas de Dios: aunque a todos los creyentes les gustan las promesas de Dios, muchos olvidan que todas tienen condiciones a su cumplimiento que dependen de nosotros. Muchas veces, en situaciones de crisis, a veces fundamentamos nuestras vidas con métodos seculares o con promesas bíblicas truncadas (lee el contexto de la promesa en la Biblia). Entonces queremos forzar a Dios a que ceda a nuestros términos y condiciones. Las Escrituras te ayudarán a escudriñar tu alma y a crecerte, a actuar correctamente, y a perseverar en lo bueno, serán una espada que traspasará tu alma hasta discernir las verdaderas intenciones de tu propio corazón (Hebreos 4:12). La postura correcta será atesorar y confiar y perseverar en las promesas de Dios específicas para la situación que estamos viviendo.
  4. No cedas al desánimo, muchos cristianos ya ni siquiera se quejan. Han cedido al desánimo y hacen silencio, su confianza en Dios es como una vela a punto de apagarse. Comienzan a perder la fe y a desmayar en su búsqueda del trono de Dios. Creen que todo saldrá mal, que no hay salvación, que Dios les abandonó. De nuevo las promesas de Dios juegan un papel fundamental en esta situación: La Biblia no es un libro lleno de historias paradisíacas en mundos mitológicos perfectos, está llena de historias de hombres y mujeres que pasaron por situaciones semejantes, y en algunos casos peores, a las nuestras. Una actividad importante en esta situación es recordarnos las misericordias y bondades de Dios (Salmo 103:1-6) La clave está en hacer memoria de quién es Dios y animarnos a creerle.
  5. Habiendo pasado la prueba, ha sido purificada nuestra fe por el fuego de la aflicción (1ra de Pedro 1:7) dejando atrás las impurezas, nuestros corazones aprenden más del Hacedor. Ya no andamos a ciegas escuchando testimonios de otros, ya hemos probado en nosotros mismos cómo es que Dios sostiene en medio de la prueba. Nuestra fe se afirma, surge la esperanza (Romanos 5:3-4), envuelta en amor y derramada por el Espíritu Santo, una esperanza audaz, temeraria, segura, firme. Cada prueba da forma a nuestra alma de maneras únicas.

Las pruebas, en plurarl, son parte del crecimiento del cristiano. Es parte de nuestro peregrinaje hacia la madurez para un mejor servicio a Dios, para liberar nuestro potencial, para consolar a otros. Para dar testimonio de lo que Dios puede hacer con lo vil y menospreciado de este mundo.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios (2da a los Corintios 5:20)

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