¿Cómo Perdonar?

Revisión Teológica

Una de las enseñanzas más comunes de hoy en día es que debemos perdonar incondicionalmente a nuestros adversarios, a quienes nos ofenden, hacen mal, u hostigan. Esta enseñanza se basa en el argumento de que la falta de perdón es el equivalente a la raíz de amargura, lo que da lugar al diablo, y que el perdonar es liberación para el ofendido, y retener el perdón implica sentimientos de odio, venganza, rencor, y esclavitud espiritual.

Sin embargo, la realidad es que esta enseñanza, aunque aparenta ser muy bíblica, solo es humanista y superficial. Contrario a lo que se enseña tradicionalmente en muchas iglesias, no existe el perdón incondicional, ni en el Nuevo Testamento, ni en el Antiguo, aquí te van 7 razones bíblicas para perdonar solo cuando ocurre el arrepentimiento sincero en el ofensor.

Siete Razones por las que los cristianos no deben perdonar incondicionalmente.

I. Porque la naturaleza de Dios es no tener por inocente al culpable.

En Éxodo 34:6-7, Dios pasando por delante de Moisés proclamó su gracia sobre Moisés, y dijo: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación”. [1]

Curiosamente, aunque el perdón se esgrime como una de las características más trascendentales de Dios, también se menciona su justicia o acción de castigar y de no tener por inocente al culpable.

Evidentemente hay una diferencia entre quienes reciben misericordia, clemencia, compasión, perdón, y quienes reciben condenación y castigo incluso por generaciones. El carácter perdonador de Dios no invalida su justicia o su carácter de Juez Soberano.

II. Porque uno de los atributos de Dios es ser Juez Soberano, quien perdona solo a quienes se arrepienten.

Ésta no es una enseñanza aislada o un atributo resaltado en una época o dispensación bíblica. A lo largo de toda la Biblia se afirma que Dios es Juez soberano sobre los hombres, gobernando y legislando con justicia.

  • Abraham, padre de la fe, fue el primero en llamar Juez a Dios, y su énfasis al llamarlo así es que Dios juzga al impío, y perdona por amor al justo (Génesis 18:24).
  • Job imploró la misericordia de su Juez, proclamando que Dios le libraría (Job 23:7).
  • Más adelante Jefté proclamó que el Dios de Israel es Juez de los hombres y las naciones.
  • Isaías proclamó que Jehová es Juez, Legislador, Rey (Isaías 33:22).
  • Jeremías proclamó que el Señor es Juez de toda la tierra y juzgará a los impíos (Jeremías 25:31).
  • En el Salmo 94, el cantor pide que el Juez de toda la Tierra dé el pago a los soberbios, también el Salmo 7:11 que dice que Dios está airado contra el impío todos los días (cf. Salmo 50:6, Salmo 75:7).
  • Pablo habló de la corona de justicia que el “Juez” justo dará a todos los que aman Su venida (2 Timoteo 4:8).
  • Jesús enseña que el Juez (Dios) echará a la cárcel al culpable hasta que pague su recompensa (Mateo 5:25, Lucas 12:58, Lucas 18:2ss).
  • Pedro enseñó Jesús es Juez de los vivos y de los muertos (Hechos 10:42).
  • El escritor de Hebreos enseñó que Dios es Juez de todos (Hebreos 12:23).

En ningún pasaje de las Escrituras se muestra a Dios como Juez que perdona libremente al impío. Al contrario, toda mención de la justicia de Dios es para condenar al impío que peca deliberadamente obrando mal contra Dios o los hombres.

III. Porque la enseñanza bíblica del perdón solo se aplica bajo la condición del arrepentimiento.

El perdón tiene connotaciones similares tanto en el hebreo como en el griego original, la idea que transmite es de perdonar, olvidar, remitir, liberar.

La primera mención explícita al perdón en la Biblia se hace en Éxodo 34, donde Dios proclama su atributo perdonador y Moisés pide perdón en nombre del pueblo.

Más adelante, las leyes levíticas incluyen el perdón con expiación y restitución del daño (cf. Levítico 5:13, 16, 18; 6:7; 19:22; Números 15:24-26) incluso en el pecado que se cometió sin intención.

IV. Porque la enseñanza de Jesús es el perdón cuando se manifiesta el arrepentimiento.

Durante mucho tiempo se ha enseñado en la iglesia que debemos perdonar incondicionalmente. Quienes así dicen se basan fundamentalmente en las palabras de Jesús en oración modelo, o Padre Nuestro.

Mateo 6:9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Mateo 6:14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Mateo 6:9-15

Cuando se lee el versículo 12, Jesús dice que hay que perdonar a todos o nosotros no seremos perdonados. Pero no explica las condiciones en que debemos perdonar. Dios no se contradice, ni tampoco Jesús. Con el tiempo, los estudiosos de la revelación de Dios han aprendido a estudiar las enseñanzas de Dios en el contexto de las mismas Escrituras. Lo que significa que, a la hora de argumentar, cuál es la postura de Dios sobre una enseñanza específica, debe tenerse en cuenta lo que dice la Biblia en su conjunto y no unos pocos versículos aislados.

Lucas, por ejemplo, es bien claro al registrar la enseñanza del perdón de Jesús encerrada en una condición: el arrepentimiento.

Lucas 17:3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.

Lucas 17:3-4

Pero, ¿la Biblia no dice que debemos perdonar todas las veces que nuestro hermano peque contra nosotros (Mateo 18:21-22)?

En ese mismo pasaje los versículos siguientes nos dicen qué entiende Jesús por perdonar todas las veces, o setenta veces siete. Para explicar su criterio sobre el perdón, Jesús narra una parábola a Pedro:

18:21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. 23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.

24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos 25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.

28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.

33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

Mateo 18:21-35

Entonces, ¿por qué dice la Biblia que si no perdonamos incondicionalmente Dios no nos perdonará a nosotros?

En realidad, la Biblia no dice eso. En ninguna parte de la Biblia encontrarás una enseñanza sobre el perdón sin arrepentimiento.

Pero, ¿y lo que dice Dios de que si no perdonamos no nos perdonará a nosotros?

Nota en la historia anterior el versículo 33: “¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?”. La misericordia y el perdón de Dios son modelados por el mismo Dios delante de nosotros todo el tiempo. No tenemos que ejercer un perdón diferente al de Dios. De la misma manera en que Él perdona nuestros pecados cuando nos arrepentimos, Él espera que hagamos cuando otro se arrepiente de una ofensa que nos hizo.

Esta enseñanza la podemos igualmente ver en la historia del hijo pródigo, el padre no perdonó incondicionalmente al hijo rebelde, sino solo cuando el hijo comenzó su viaje de arrepentimiento fue movido el padre a misericordia:

Lucas 15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.

Lucas 15:20-22

En fin, cuando vemos pasajes como el Padre Nuestro, que nos exhortan a perdonar a todos como condición para recibir el mismo trato de parte de Dios, Jesús da por sentado que todos saben que está hablando de perdonar a todos los que se arrepienten, a todos los que piden misericordia, otra oportunidad, un nuevo comienzo.

La exhortación de Jesús, de hecho, no es a perdonar incondicionalmente, sino a retener el perdón condicionado al arrepentimiento y, entre tanto, mantener el amor anhelando el arrepentimiento en quien nos ofendió, a fin de poder restaurarle y restituirle.

V. Porque toda la Biblia enseña directa e indirectamente que lo malo tiene malas consecuencias.

Si se perdona a una persona que no se ha arrepentido, entonces se le restituye a una posición anterior al daño que ha hecho, sin que sufra las consecuencias de su actitud. El castigo forma parte de la enseñanza de la santidad de Dios (Proverbios 22:15), la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).

Al respecto, la escritora cristiana sudafricana Natasha Vermaak afirma que si se perdona con ligereza, entonces el pecado carecerá de consecuencias y por tanto, será tomado a la ligera.[i]

VI. Porque Dios nunca ha perdonado sin arrepentimiento

La Biblia nos exhorta a arrepentirnos si es que queremos recibir bendición de Dios

Hechos 3:19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

Hechos 3:19

La Biblia nos dice qué nos espera de Dios si no nos arrepentimos

Romanos 2:5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,

Romanos 2:5

Contrario a la tendencia cristiana moderna de perdonar libremente, en la ley de Dios el pecado no se perdona gratuitamente.

Números 5:7 aquella persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño, y añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó.

Números 5:7

El principio es el siguiente, cuando usted peca contra otra persona, cualquiera que sea el pecado (desde la mentira, pasando por los celos, la ira, el odio, el adulterio, el robo, o el asesinato entre otros), usted ofende a Dios, daña a una o más personas, quizás dañe sus propiedades, y se daña a sí mismo.

Bajo este prisma, Dios espera que usted:

  1. confiese su pecado,
  2. compense, restituyendo enteramente el daño (sea espiritual, material, social, familiar, económico)
  3. añada un 20% de compensación al daño que provocó y lo dé a aquella o aquellas personas contra quienes pecó.

Un perdón fácil minimiza las consecuencias del pecado y facilita la comisión de nuevas ofensas. Un perdón superficial otorga misericordia al victimario, pero desatiende las necesidades de la víctima.

Un perdón incondicional es engañoso, pues la víctima cree que la persona ha cambiado, cuando realmente puede estar perseverando en su conducta errada.

VII. Porque la esencia del perdón es la restitución legal y total del acusado, no el perdón “con distancia” que algunos cristianos otorgan como argumento de haber “perdonado”.

Aunque algunos piensen que ser perdonado es un derecho, no es así. El perdón es una gracia, un favor inmerecido que reciben las personas que han cometido un delito.

En ese sentido, cuando una persona no es perdonada, entonces recibe la condenación o el castigo apropiado a su mala conducta.

Un ejemplo

Si un vecino llega a casa a cada rato a tomar café, y descubro que está robándome cuando no me doy cuenta. Mi postura cristiana no es perdonarle, sino condenarle para que comprenda su pecado.

Una condena inteligente sería: confrontarlo y exigirle la restitución de lo robado. Si no se arrepiente, entonces añadiría prohibirle la entrada a mi casa a fin de prevenir nuevos incidentes y de que él comprenda mi incomodidad con su conducta.

Lo que no es el perdón

Cuando una persona es perdonada, es totalmente liberada de las consecuencias de su pecado, al menos en lo que respecta a nosotros. Por tanto, ya no le exijo restitución total, y ahora puede entrar libremente a casa porque fue perdonado y no hay castigo pendiente sobre esa persona.

No perdono a una persona cuando digo con mis labios que le perdono, pero con mi conducta no le hablo, ni le miro, ni le permito acercarse a mi casa.

El perdón es un decreto de liberación de la condenación

Los cinco pasos imprescindibles para alcanzar u otorgar el perdón (Lucas 15).

  1. El remordimiento (Me siento mal por lo que hice/hago) Lucas 15:16.
  2. La confesión a Dios (proclamo que lo que hice/hago está mal y que merezco pagar las consecuencias de mi conducta) Lucas 15:17-19.
  3. El arrepentimiento (dejo de hacer lo que hice/hago) Lucas 15:20.
  4. Confesión y petición de perdón a la persona que se ha ofendido (Lucas 15:21)
  5. La restitución (restituyo, cuando es posible, por el mal que hice, note el cambio de tiempo verbal, ya no se usa el presente para el verbo “hacer”, “hago”, porque después del arrepentimiento ya no “hago” pecado) Números 5:7; Lucas 15 21 (note que el hijo no tenía con que pagar, pero estaba dispuesto a pagar con su humillación al trabajar como jornalero).

Concluyendo

Bueno, ¿y qué hay con la raíz de amargura, no dicen que la raíz de amargura es pecado?, si no perdonamos nos amargamos y pecamos.

Esa esa es una buena pregunta. Durante mucho tiempo se ha enseñado que la trilogía “falta de perdón”-“raíz de amargura”- “condenación” son la razón fundamental para perdonar. Y que el cristiano no debe vivir amargado por lo que otras personas le han hecho.

Bien, ese argumento se levanta, principalmente a partir del siguiente texto bíblico.

Hebreos 12:14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

Ahora, el pasaje no está hablando del perdón, sino de la amargura entre hermanos. Y ciertamente, la amargura puede estar vinculada a la falta de perdón. Pero no necesariamente.

La premisa de los que argumentan que la falta de perdón implica raíz de amargura fracasa colosalmente al mirar a Dios.

La gran mayoría de la humanidad no es perdonada por Dios, por el contrario, pocos son los que son perdonados y encuentran vida eterna (Mateo 7:13-14). Y bajo esta premisa, entonces Dios estuviera siempre sumamente amargado, y en pecado.

¿Cómo niega Dios el perdón sin amargarse?

Sencillo, amando. Ya lo dijimos en el argumento 4, cuando hablábamos de la historia del hijo pródigo.

Como seres humanos, entendemos que quien peca es débil y recibe en sí mismo justa retribución de su pecado, quien peca ya es condenado, no necesita nuestro odio, sino nuestra misericordia y nuestra justicia. El creyente ama al pecador, así como Dios nos amó a nosotros siendo pecadores (Colosenses 1:21). El creyente anhela el arrepentimiento del pecador, pero también actúa con justicia y sabiduría, por eso no otorga el perdón a alguien que no se ha arrepentido, porque así solo lo animaría a seguir en el pecado del que queremos que salga.

Recuerde, el padre del hijo pródigo no perdonó a su hijo mientras continuó en su pecado, pero esperaba cada día, no con odio, o amargura, el retorno de su hijo (Lucas 15:20).

La enseñanza del perdón encaja, entonces, perfectamente con todo lo que vemos en la Biblia sobre el trato a nuestros enemigos. ¿Quiénes son nuestros enemigos si no quienes nos han ofendido?

  • Mateo 5:44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
  • Lucas 6:35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
  • Romanos 12:20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
  • 2da a los Tesalonicenses 3:14 Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. 15 Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.

En fin, se impone la necesidad de enseñar correctamente la doctrina bíblica del perdón a quienes nos ofenden. Queda un solo texto por analizar concerniente al perdón, una de las últimas frases de Jesús en Calvario antes de morir por nuestros pecados.

Lucas 23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

Lucas 23:34

Muchos de los defensores del perdón incondicional citan este texto en defensa de su argumento explicando que Jesús perdonó a los que le crucificaron.

Pero cuando así hablan pasan por alto otros textos que arrojan luz sobre la frase de Jesús.

Juan 17:12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Juan 17:12

Lucas 22:22 A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!

Lucas 22:22

Mateo 21:37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.

40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.

Mateo 21:37-40

Hay una lógica que se impone al leer estos pasajes. Este fue el momento más oscuro de la humanidad, la humanidad y el infierno unieron fuerzas para ensañarse contra el Hijo de Dios. Ciertamente, la ira de Dios descendió sobre el pueblo de Israel. Conocemos las profecías, conocemos la historia.

Ya Jesús lo había dicho:

Lucas 19:41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, 42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

43 Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 44 y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

Lucas 19:41-44

Jesús sabía que el desecharle provocaría un castigo de parte de Dios. Y esto ocurrió, en el año 70d.C., el general romano Tito, sitió a Jerusalén y la destruyó, y los judíos fueron esparcidos sobre toda la tierra hasta 1947 en que comenzó nuevamente el regreso oficial de los judíos señalando así que se acerca el tiempo del fin y el cumplimiento de las profecías que vemos en el libro de Daniel.

Entonces, ¿Jesús no perdonó a quienes le crucificaron? No. Pero los amó. En su oración Jesús clamó a Dios para que les llevara a arrepentimiento, a reconciliación, a restauración.

Y Dios escuchó su oración.

Hechos 3:14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, 15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.  […]17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. […]19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio […] 4:4 Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

Hechos 3:14-4:4

Pedro habla a quienes habían matado a Jesús a los testigos del crimen más horrendo de la humanidad, a quienes votaron por un ladrón antes que por el Autor de la vida, a quienes Jesús amó hasta el fin diciendo : «Padre perdónales, no saben lo que hacen». Pero no les dice: «Tranquilos, Jesús ya les perdonó en la cruz». Su exhortación es firme: «arrepiéntanse y Dios les bendecirá». Aquel día de Pentecostés, unas 5000 personas, se arrepintieron. El anhelo de Jesús se hizo realidad. Dios les trajo a arrepentimiento y fueron perdonados.


[1]Lockman Foundation (La Habra, C. (1998, c1986). Santa Biblia : La Biblia de las Americas : Con referencias y notas. (electronic ed.) (Ex 34.6-7). La Habra, CA: Editorial Fundación, Casa Editorial para La Fundación Bíblica Lockman.


[i] Vermaak, Natasha, Repentance, Editorial Ariel Gate, África, 2009, p.6.


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