La Maldición de la Higuera Estéril

Semana Santa, Lunes

Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. 19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. 20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? 21 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

Mateo 21:18-22

Es la mañana del lunes, el segundo día de la última semana de su vida aquí en la tierra antes de ser crucificado hasta morir. El día anterior estuvo lleno de emociones encontradas, algunos le reverenciaron como Mesías, otros dudaron de su autoridad, luego de sanar a los enfermos que se le acercaron, Jesús regresa a Betania, a unos pocos kilómetros de Jerusalén.

La caminata desde Betania a Jerusalén era de 2,5 km cuesta arriba. Es natural que luego del recorrido, Jesús sintiera hambre. A la distancia ve un árbol de higos, una higuera, sabe lo que eso significa, la higuera es un árbol frutal. La higuera no estaba junto al camino, aunque sí cerca. Era un pequeño desvío, pero valía la pena. Unos jugosos higos le esperaban como premio.

Los cubanos conocemos esa sensación. Casi ningún cubano puede negar haberse desviado poco o mucho alguna vez ansiando deleitarse a la placentera sombra de una mata de mango, o de guayaba. Como Jesús, los cubanos reconocemos la forma de la hoja del mango desde muchos cientos de metros.

El año pasado, por ejemplo, visité con un amigo un inmenso mangal a fin de llevarnos algunos frutos para jugo. Ese bosque de mangos es vestigio de lo que una vez fue el proyecto del cinturón de la Habana y se extiende por kilómetros alrededor de la ciudad. Son mangos de gran calidad, mangos high, les dicen, por el tamaño tan grande que tienen. Aquel día había tantos mangos en el suelo que las botas se nos llenaban de mermelada de mango al pisotearlos sin poder recuperarlos. Pero una plaga había golpeado a los frutos ese año y todos estaban en mal estado, incluso los que estaban en las ramas estaban llenos de gusanos. Usted puede imaginar nuestra frustración después de todos los planes que habíamos hecho, íbamos de árbol en árbol mirando sus hojas y sus frutos corrompidos.

Jesús tuvo una experiencia similar. La Biblia dice que “no halló nada en ella, sino hojas solamente”. La Biblia dice que Jesús le dijo entonces: “nunca jamás nazca de ti fruto”. Al día siguiente los discípulos notaron que la higuera se había secado “desde las raíces” (Marcos 11:20).

Nada halló, sino hojas

Ahora, hay una serie de banderas rojas que se levantan en mi mente postmoderna cuando leo este pasaje. Suponiendo que alguien tenga poder para maldecir a un árbol y que se seque, no es abusivo con la pobre mata secarla simplemente porque no dio frutos, quizás el año siguiente daría, o quizás como a mis mangos una plaga le había golpeado y con un poco de cuidado se salvaría ¿Por qué Jesús secó a la higuera? Esa es mi primera pregunta políticamente correcta.

¿Por qué secó Jesús la higuera?

Y para poder responderla creo que debemos entender la mente de Jesús, y para entender la mente de Jesús debemos leer un poco más sobre Él.

FCLV feb.2017

La idea que propongo de darle una segunda oportunidad a la higuera, no parece totalmente absurda, de hecho, Jesús tiene una idea semejante en una parábola que cuenta en Lucas 13:6-9

Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. 7 Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? 8 El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. 9 Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.

Lucas 13:6-9

Jesús ama las segundas oportunidades, y digo segundas intencionalmente en plural, porque conmigo ha tenido muchas segundas oportunidades, note como dice “hace tres años que vengo a buscar fruto”. Este pasaje, en específico, hace énfasis en dar espacio al arrepentimiento, al cambio de dirección, a la restauración, a retomar el propósito, el sentido de la vida, a dar frutos de acuerdo con el diseño que nos rige. Pero sus segundas oportunidades no son ilimitadas, de ahí que el pasaje termine diciendo: “Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después”. Hay un límite para la paciencia de Dios.

El último gran profeta de Israel, Juan Bautista, lo sabía, por eso dijo guiado por el Espíritu Santo describiendo la época que Jesús estaría inaugurando:

Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

Mateo 3:10

Y Jesús lo confirmó al decir:

Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

Mateo 7:19

Es tiempo de dar frutos

Personalmente tiendo a pensar que la higuera corrió con mala suerte. Si es que existe algo como la suerte. Pero mi pensamiento teológico cristiano me corrige argumentando que no es mala suerte toparse con Jesús, todo lo contrario.

¿Cuál fue el problema de la higuera? Creo que el problema de la higuera fue no estar lista para el momento ideal: Jesús tuvo hambre. Jesús quería usarla. El Creador del Universo, había diseñado cada yerba del campo, cada árbol, cada flor. Desde los átomos hasta las células, le había dado vida, había diseñado el mecanismo de las raíces para extraer agua de las tierras más secas. Dios había pensado en la forma del fruto, su textura, su sabor, había pensado en el recorrido de los minerales desde la tierra hasta el fruto, había incluido el complejo proceso de la fotosíntesis para producir la energía necesaria para que un día, cerca del camino, cuando Él pasara, ella lo alimentara y saciara su sed. Pero ella no tenía frutos.

La Biblia dice de los cristianos:

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Efesios 2:10

Propósito es la palabra, fuimos creados “para buenas obras” las que Él preparó “de antemano”. Sin embargo, muchos cristianos viven de las apariencias de buenas obras, abundan sus hojas, abundan en tamaño, abundan en segundas oportunidades, pero fracasan en vivir el propósito de Dios para sus vidas.

Dar frutos requiere esfuerzo, requiere sacrificar energías en aras de lo que se quiere lograr

La vanalidad, la superficialidad, el ego, dar frutos requiere que una parte de nosotros muera. Conozco una madre que dice que se ha matado criando a sus hijos, dando a entender el sacrificio que requiere atenderles. Mi mata de mango, cuando da buenos frutos, siempre pierde uno o dos gajos por el peso tremendo de la nueva carga. Dar frutos no solo es un sacrificio, dar frutos es el sacrificio. Existimos para dar frutos, y el Creador nos diseñó con tal variedad que todos damos frutos diferentes, para diferentes momentos, con diferentes niveles de sacrificio. Y, como el alpinista que llega a la cima con las rodillas raspadas y las manos engarrotadas del esfuerzo, sediento, y sin aliento pero contempla satisfecho el fruto de su sacrificio, así nosotros somos más felices entre más nos sacrificamos por nuestro fruto. Mientras más costoso es el recorrido, más apreciamos su resultado, más valoramos la meta alcanzada.

Como Ester (Ester 4:14), aquella higuera había diseñado “para esta hora” y había fracasado. Por tanto, se cumplió la profecía, de raíz, el hacha la cortó. ¿Cuál es tu hora? ¿Hacia dónde te está llevando el Creador? ¿Cuántas veces ha venido a tomar de ti fruto y le has defraudado? ¿Cuántas segundas oportunidades te quedan? ¿Cuánto te estás perdiendo del deleite supremo de ser usado por Dios, de la satisfacción inefable de vivir con propósito y sentido?

El mundo a nuestro alrededor se empeña en decirnos que somos resultado del azar, que descendemos de la aleatoridad, que vivimos para trabajar en cualquier cosa, comer, dormir, y volver a levantarnos en un ciclo carente de significado hasta que una muerte vacía nos atrapa. Jesús espera diferente. Fuiste creado con propósito, un enviado de Dios a este mundo para buenas obras que Él preparó de antemano ¿Cumplirás tu propósito?

Una última enseñanza

Hay una última enseñanza que quiero compartir con ustedes en este pasaje. En Marcos 11:20-26. Jesús aprovecha el asombro de los discípulos al encontrar la higuera seca para enseñarles el principio de la comunión en oración con Dios.

¿Cómo es posible que se halla secado la higuera? Le pregunta Pedro: la respuesta de Jesús, “Tened fe en Dios” (v.22). La fe en Dios no es algo mágico como asumen algunos, es simplemente la confianza resultante de la comunión. Una comunión no estorbada por el odio, la duda, el rencor, el resentimiento (v.25), la fe es el resultado de una relación profunda con Dios que moverá incluso los montes.

¿Qué tiene que ver esto con la higuera? Todo. Carentes de un modelo digno de imitación, Dios mismo decide descender a la tierra para mostrarnos cómo es la vida que Él espera que vivamos. Jesús nos modela qué es vivir en relación con Dios. Él seca la higuera, sana a los enfermos, calma la tempestad, resucita muertos, enseña la Palabra de Dios con autoridad como quien la conoce. Y sigue camino a Jerusalén. Él también tiene su hora, y se acerca. Como nosotros, también tiene un propósito y para dar a luz, para llevar fruto, debe desviar todas sus energías hacia allá, debe luchar contra la incredulidad, contra huestes espirituales de maldad, contra la traición, contra el hambre en su propio cuerpo, y finalmente, deberá ser desgajado a causa de la carga terrible que llevará sobre la cruz.

Pero Jesús continúa adelante listo para cumplir su propósito. Hebreos dice así:

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Hebreos 12:1-3

¿Qué tiene que ver la higuera? Tiene que verlo todo, la higuera nos recuerda que solo podemos caminar en este mundo llenos del poder de Dios, y que Dios espera que así caminemos, sostenidos de una fe inconmovible en el Dios del universo. Solo así cumpliremos nuestro propósito sobre la tierra.

Somos superhéroes enviados con propósito y con súper poderes aún por descubrir.

Dime, ¿estás dando frutos? ¿Reconoces tu hora? ¿Estás confiando en Dios? ¿Estás caminando guiado por el Espíritu de Dios descansando en el poder de Dios y no en tus fuerzas?


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